ÉRASE UNA VEZ MELILLA

ÉRASE UNA VEZ MELILLA
GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

lunes, 21 de diciembre de 2009

En el Centenario de la Guerra..., por José Antonio Cano


"En el Centenario de la Guerra de África,

del Rif o de Melilla, más conocida como la

Campaña del 9 ( 1909 )"


Este ha sido el título generico de la serie de artículos a través de los cuales el conocido investigador melillense José Antonio Cano Martín ha divulgado en las páginas del suplemento dominical, La Voz" del diario "Melilla Hoy", los avatares que conformaron la Campaña de 1909. Y que iniciados el 26 de abril de 2009 han concluído con la 27ª entrega efectuada el 8 de noviembre de este mismo año de 2009.


Recordemos que el profesor José Antonio Cano es miembro de la Asociación de Estudios Melillenses y autor de numerosos artículos históricos publicados en la prensa local, así como del libro "Bu Hamara y Melilla", editado en septiembre de 1989 coincidiendo con el ochenta aniversario de la Campaña del 9.

Siendo igualmente artífice principal de la magna obra del Callejero Histórico de Melilla que vió la luz en 1997.


A continuación y a modo de reconocimiento de la ingente labor de nuestro compañero José Antonio Cano, ofrecemos la última parte de su trabajo dedicado a la Campaña de 1909




“En el Centenario de la Guerra de África, del Rif o de Melilla,

más conocida como la Campaña del 9 (1909)”

Y Capítulo XXVII

Rememorando los combates de Sidi Ahmed el Hach, Sidi Musa, proximidades del Barranco del Lobo, Taxdirt y Beni Bu Ifrur

Continuamos con sumisiones. Las sumisiones en el Zoco el Had de Beni-Sicar y la sumisión de Abd-el-Kader.
Con motivo de la finalización de la Campaña el rey Alfonso XIII y el presidente del Gobierno Sr. Canalejas visitan Melilla y campo circundante.
Colocación de un sencillo monolito, recordando a los que murieron por la Patria, cerca de donde estaba el del General Pintos.

Las sumisiones en el zoco de Beni-Sicar
El jueves día 2 de diciembre de 1909, un día espléndido, llevó bastantes jefes y oficiales, al zoco de Beni-Sicar, donde a las tres debía tener efecto la sumisión de las fracciones de Beni-Sicar hasta ahora insometidas.
Allí se encontraban los generales Sotomayor, Huertas, Muñoz Cobos, Brunilla, Real y Ayala.
El Comandante en Jefe con sus ayudantes y el Coronel Jordana, fue en el automóvil del Sr. Duarte.
El General Marina recorrió la posición, de la que mañana nos ocuparemos, quedando muy satisfecho de la labor que realizaba la división Sotomayor.
A las tres y media avanzaron por el sitio de costumbre, quince moros, la mayoría ancianos, jefes de las fracciones del Gurugú occidental, llevando un ternerillo.
Los concurrentes formaron un gran corro, en el centro del cual se colocó la comisión.
El más viejo, dijo al Comandante en Jefe que venían a ratificar la petición que le hicieron el día anterior, y entonces el General Marina pronunció elocuentes frases, repitiéndoles lo que ya dijo a las demás comisiones, que concedía el perdón, porque España es noble y magnánima, deseando que reine en el porvenir completa armonía y no volviera a turbarse jamás la paz beneficiosa para los indígenas.
Les hizo presente asimismo, que no desconfiaran ni mostrasen temor cuando tropas españolas se aproximaran a sus casas, pues no irían en son de guerra, sino para vigilar el territorio y consolidar el orden.
Los moros agradecieron las palabras de S.E. dándoles expresivas gracias; prometieron cumplir el compromiso que contraían, añadiendo que prevendrían a sus familias para que no se alarmen cuando vieran avanzar tropas españolas.
Después inmolaron la res, cuya cabeza la colocaron frente al punto que ocupaba el General.
Para festejar el acto se dispararon varios cohetes y la música del Regimiento del Príncipe interpretó escogidas obras.

Sumisión de Abd-el-Kader
Abd-el-Kader, jefe de la harka de Beni-Sicar, que después de las gestiones preliminares de paz se había retirado a Beni-Said, solicitó someterse. Lo hizo el jueves día 9 de diciembre de 1909 efectuando su sumisión en el Zoco el Had, consumándola ante el general Sotomayor.
Después vino a Melilla para visitar al General Marina, con quien conferenció. Este acto voluntario de Abd-el-Kader tuvo indiscutible importancia.
A raíz de esta sumisión, se comentaba de otras sumisiones importantes.
Otras sumisiones en el Zoco de Beni-Sicar.
Moros de Beni-Bu-Gafar, temiendo que en nuevos paseos militares pudieran ser castigados, optaron por imitar la conducta de las demás kábilas, y así hubieron de participarlo al Comandante en Jefe, quien señaló el miércoles 15 de diciembre para el acto de la sumisión.
Asuntos urgentes impidieron al General Marina trasladarse al Zoco el Had, y con antelación envió a su ayudante el capitán D. Jacinto Bascarán, a dicho punto para hacer saber al general Sotomayor que delegaba en él el recibir la sumisión.
A las dos de la tarde, un numeroso grupo se presentó en dicha posición.
Se formó un gran círculo y en su centro se colocaron los indígenas con el toro de ritual, sacrificándolo ante el General Sotomayor.
Este, pronunció elocuente arenga, diciéndoles que esperaba no fuese pura fórmula el acto que acababan de realizar que él en nombre del General en Jefe les concedía el perdón; que España en esta nueva era en que iban a entrar las kábilas de Guelaya, se convertiría en la guardia de sus familias y de sus intereses. Les anunció que desde el próximo domingo se reanudaría el antiguo zoco, suspendido desde la ocupación de aquel punto, y terminó previniéndoles que podían efectuar sus transacciones en libertad y sin temer a ser molestados por nadie pues como había dicho antes, ahora gozarían de garantías y seguridades de que nunca gozaron.
La noticia de la apertura del zoco produjo gran contento entre los indígenas dando grandes ostensibles pruebas del buen efecto que la hábil medida les causaba.
Los músicos entonaron alegres aires, mientras se disparaban por el teniente de Ingenieros Sr. Echagüe Aguirre numerosos cohetes por él confeccionados.
Los jefes de Beni-Bu-Gafar dijeron al General Sotomayor que puesto que el General Marina no podía concurrir al zoco, querían ellos darle una muestra de gratitud, cumplimentándole para lo que solicitaban el oportuno permiso.
Consultado el Comandante en Jefe, accedió, viniendo los comisionados al palacio del Gobierno en unión del capitán Bascarán, siendo recibidos acto seguido por S.E.
La entrevista fue muy afectuosa, manifestando los moros que toda la kábila quedaba ya completamente sometida a nuestra nación.

Eran días de recompensas militares y llegada de donativos de toda España
Fueron muchísimas las poblaciones españolas que dedicaron calles y plazas a los héroes de la Guerra de 1909, pero voy a destacar la del alcalde de Madrid…
…El 7 de diciembre de 1909, el alcalde de Madrid, D. Alberto Aguilera, al despedirse del Círculo de Bellas Artes como presidente de la Sociedad y pronunciar el discurso de rúbrica habló de los planes que pensaba desarrollar en el Ayuntamiento, uno de los cuales se refería al embellecimiento del Parque del Oeste.
Proponía el Sr. Aguilera embellecer el paseo central de dicho Parque colocando estatuas de los héroes que murieron gloriosamente en la guerra de Melilla, e invitó al Círculo para que le ayudara a llevar a cabo su propósito.
La idea fue acogida por los socios con gran entusiasmo, y en el acto quedó acordado que el Círculo de Bellas Artes costeara los bustos y pedestales de los generales Pintos y Díez Vicario.
El Ayuntamiento costearía, por su parte, los del cabo Noval y el artillero Privato Macias.
El Casino Militar se encargaría del busto y pedestal del coronel Ibáñez Marín, y la Gran peña contribuiría a este recuerdo de nuestras glorias militares costeando la estatua del capitán Guiloche.
Con estos bustos y algunos más quedará honrado y hermoso uno de los sitios más deliciosos de Madrid.


Viaje del Rey a Melilla
En el viaje del Rey a Melilla, junto a una principal razón de convenien­cia nacional, destaca un bello motivo sentimental: el deseo siempre vivo de Alfonso XIII de visitar y saludar al Ejército en los mismos lugares en los que con tanta bravura y abnegación luchó, rindiéndole así, cuando la indiferencia general reinaba y aún en algunos sectores apuntaba agresivo el insulto, el debido homenaje de cariño y admiración, tan claro y expresivo como le permitía su carácter de monarca constitucional.

Por su parte, el Presidente del Consejo de Ministros, con el propósito de intentar vencer la injustificada frialdad de buena parte del País ante el problema, marroquí, como indirecto sondeo del enrarecido ambiente inter­nacional, por reforzar nuestra personalidad en Marruecos y para probar al indígena sometido el afecto y el noble interés con que España comenzaba a ejercer su acción tutelar, certeramente consideró que, tras de firmarse el Acuerdo hispanomarroquí, había llegado el momento oportuno de que se realizase el viaje regio.

El sábado día 7 de enero de 1911, con su séquito y acompañado del Presidente del Consejo, Ministros de la Guerra (Aznar) y de Marina (Concas) y Te­niente General Jefe del Estado Mayor Central (González Parrado), desembarcaba el Rey con toda solemnidad en Melilla, alojándose en la explanada del Fuerte Alfonso XIII, donde se había levantado el campamento real. En aquella fidelísima Plaza, que por segunda vez recibía a un soberano y continuamente manifestaba por ello su respetuosa alegría, Don Alfonso acudió al Camposanto para rezar ante las tumbas de los que murieron en la Campaña; derribó la primera piedra de las viejas murallas de la Puerta del Campo, que ahogaban la ya floreciente ciudad, y colocó también la pri­mera del Museo Comercial; inauguró la Escuela Indígena, levantada a ex­pensas de la Comisión de Centros Hispanomarroquíes.

En la llanada de Rostrogordo presidió la entrega de estandartes a los Regimientos Taxdirt y Mixto de Artillería y presenció un brillante desfile de más de 10.000 hom­bres. Celebró conferencias con el Bachir, representante del Sultán; con el General francés Toutée, que para saludarle en nombre de su Gobierno llegó de Orán a bordo del crucero “Du Chayla”; con nuestro Ministro en Tán­ger, que se trasladó desde la capital diplomática del Imperio en el caño­nero “Don Álvaro de Bazán”.

Recibió comisiones de notables indígenas, de destacados hebreos y de comerciantes, industriales y obreros, y a todos los Generales y buen número de Jefes y Oficiales, con los que departió ami­gablemente, sentando a varios a su mesa. Se presentó complacido y sin previo aviso en los cuarteles. Reunió a sus Ministros, Jefe del Estado Ma­yor Central, Capitán General del Territorio, quien lógicamente le acompañaba siempre y residía en el regio campamento, y Jefe de Estado Mayor de la Capitanía General con el fin de estudiar la forma de intensificar la cons­trucción de barracones para alojamiento de las tropas en el campo, consig­nándose para ello cinco millones de pesetas; de instalar dos sanatorios de convalecientes y de organizar cooperativas que permitieran mejorar la alimentación del soldado.

Si el estado del mar, que causó grandes destrozos en el puerto, hundió en él pequeñas embarcaciones y forzó a las de porte, de guerra y mercantes, a refugiarse al abrigo de las Chafarinas, imposibilitó realizara, el proyectado viaje a esas islas, Cabo de Agua, Alhucemas y el Peñón de Vélez, en tierra, una incesante lluvia, un fuerte viento y el lógico mal estado de los caminos no bastaron a impedir que entre la alegría de las guarniciones y la curiosidad y entusiasmo de los moros, que de toda la zona acudían para verle y cumplimentarle, visitase Sidi Musa, la Se­gunda Caseta y Sidi Ahmed el Hach, Atlaten, Segangan y las minas del Uixan, Taxdirt, Izmoart, Yazanen y el Zoco el Had de Beni Sicar; Nador, donde se le presentaron con regalos los jefes más prestigiosos de Guelaya y Quebdana, a los que habló en términos cordiales, su reducto, Tauima, Buguenzein y Zeluán, y el sombrío Barranco del Lobo, en cuyo lugar los Generales Del Real y Gómez Jordana le explicaron las inciden­cias de los sangrientos combates del 23 y 27 de julio de 1909.

El día 14, cumplido el programa oficial, al que la persistencia del violento temporal impuso limitaciones, el Rey abandonó Melilla despedido con los mismos honores e igual entusiasmo que se le tributaron a su llegada; distándose esa misma fecha una Real Orden del Ministerio de la Guerra, que luego, el 18, fué publicada en el “Diario Oficial”, de expresiva felicitación al Capitán General, Generales, Jefes y Oficiales y clases e individuos de Tropa del Territorio.
No creemos preciso añadir pormenores a la ligera reseña que acabamos de hacer; sí, en cambio, estimamos obligada la referencia, siquiera sea breve y superficial, a la impresión que en España y en el extranjero causó este viaje, de indudable trascendencia internacional, mas realizado sin las estridencias que acompañaron al del Káiser a Tánger en 1905, origen de la reunión de la Conferencia de Algeciras. En el del Soberano alemán, no resignado a admitir el papel preponderante que se asignaba Francia en Marruecos, soplaron vientos belicosos y se pronunciaron frases de evidente amenaza.

En el del Monarca español todo fué sencillo y natural; no se aludió a la política seguida por los otros países ni sonaron palabras que no fueran cordiales; en suma, el acto de Alfonso XIII unía lógicamente el final de una Campaña victoriosa con el “prólogo de cierto estado de de­recho de España en tierras marroquíes”, como se escribió para presentar una copiosa información gráfica de esas jornadas en una popular revista de aquel tiempo (“Nuevo Mundo”. Año XVIII. Nº 888, del jueves 12 de enero de 1911).
Así, pues, el citado viaje, tras el que no se ocultaban segundas inten­ciones, no podía inspirar, ni en realidad inspiró, recelos en las Cancillerías extranjeras, que, en general, mostraron su interés por él, reconocien­do, aun las naciones que se consideraban más vinculadas a la tan de ac­tualidad cuestión marroquí, las justas razones de la acción española en el Rif y aceptando, tácitamente, pero sin reservas, nuestra presencia en el territorio que habíamos ocupado con las armas; actitudes que ejercieron no pequeña influencia en el ánimo del Gobierno xerifiano.
La Prensa extranjera, con las naturales excepciones, entre ellas la am­plia de la del partido colonial francés, siempre adversario por sistema de la intervención de España en África, se hizo eco de ese interés oficial y recogió con más o menos amplitud y simpatía, la actualidad española en su relación con Marruecos. La propia, en excelente labor patriótica, señaló la importancia y oportunidad del viaje, al que dedicaba información ex­tensa y apropiada documentación gráfica, haciendo resaltar, además, la labor del Ejército en la Campaña y después de ella y las razones de carác­ter geográfico, histórico, racial, estratégico y aún de política internacional que abonaban la acción española; publicando asimismo artículos que na­rraban los usos y costumbres de los indígenas, en general mal conocidos, en quienes -solamente es sensato el referirse a los de la zona ocupada- ­causó también gran y favorable afecto la presencia, con lucido cortejo, del Soberano de la Nación que noblemente se afanaba en tutelarles y desde siglos sostenía sin flaquezas su bandera en la fortaleza que levantó sobre la masa rocosa de la vieja Rusadir.
Si esa honrada actuación de los periódicos españoles orientó en cierta forma a la opinión hacia el conocimiento, aunque fuese superficial, de la zona vecina de Melilla y de los motivos de nuestra actuación en ella, en particular, y, en términos más amplios. En Marruecos, otro pequeño sec­tor de Prensa y ciertos políticos y sus partidarios marcaban un doloroso contraste al sostener que el viaje de Alfonso XIII tenía un exclusivo ca­rácter de conquista y representaba un verdadero y no disimulado acto de toma de posesión del territorio. Con ello se daban armas para combatirnos a los tenaces enemigos de nuestra intervención, y no había de extrañar, por ejemplo, que en el Senado francés un senador, M. Baudin de Vilaine, dijese: “Mientras que Francia hace en Marruecos el papel de policía de Europa, el Rey de España se establece en el Rif como príncipe soberano, y hasta Francia le envía un General para saludarlo como tal”.
Pero es que, además, aquellas afirmaciones resultaban absolutamente gratuitas, pues no cabía hallar ni el más leve indicio que las fundamentase, antes al contrario, todo era razón para desmentirlas, en el proceder siem­pre correcto y bien medido del Soberano; en los propósitos del Gobierno y en el claro decir de su Presidente; en escritos oficiales, como la Real Orden ya citada del 14 de enero, y hasta en los discursos que días des­pués, con motivo del santo del Rey y refiriéndose a su reciente viaje, al frente de las Comisiones de los Cuerpos legisladores, que como era de rigor acudieron al real Palacio a felicitarle, pronunciaron los Presidentes del Senado (Montero Ríos) y del Congreso (Conde de Romanones). Y al mismo respecto adquiere gran valor porque fué expuesta con ante­rioridad al tan repetido viaje, cuando entre los señores Canalejas y García Aldave se cruzaba abundante y amistosa correspondencia para tratar de su preparación, la opinión del Capitán General de Melilla, al que había que suponer identificado por completo con el Gobierno que le nombró y a plena satisfacción le mantenía en su elevado cargo, expresada en el telegrama cifrado al Ministro de la Guerra de fecha 24 de diciembre de 1910, en estos términos: “Moros de Frajana tienen propósito de ofrecer a S.M. un caballo, y los de otras cabilas se proponen también venir a degollar carnero en señal de sumisión y respeto. Todo cuanto se haga en este sentido me parece altamente provechoso, pero sin menoscabar soberanía del Sultán; sin faltar a los tratados cabe extremar respeto y galantería con un Soberano extranjero y realzar su poderío ante esas gentes…”.
Fue don Alfonso XIII el primer y único Rey en visitar Sidi Musa, la Se­gunda Caseta, Sidi Ahmed el Hach, Atlaten, Segangan, las minas del Uixan, Taxdirt, Izmoart, Yazanen, el Zoco el Had de Beni Sicar, Annual….. y el primer Rey que visitó Nador.
S.M. don Alfonso XIII fue el único Rey español que visitó por tres veces consecutivas Melilla y por ende la zona Norte de Marruecos donde se le rindió sumisión y respeto como si del mismo Sultán se tratase. Las fechas fueron las siguientes:
La primera vez el lunes 2 de mayo de 1904; la segunda el sábado 7 de enero de 1911 y la tercera el viernes 7 de octubre de 1927.

Contrariamente a lo que se piensa no han sido dos los Presidentes de Gobierno español que han visitado Melilla sino que han sido por orden de llegada los siguientes:
1º.- Don José Canalejas y Méndez, Presidente del Consejo de Ministros, visitó Melilla en 1911, siendo en esos momentos Jefe del Estado el Rey don Alfonso XIII.
2º.- Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, nombrado Jefe de Gobierno, formó un Directorio Militar, visitó Melilla dos veces, una en julio de 1924, y otra el viernes 7 de octubre de 1927 siendo en esos momentos Jefe del Estado el Rey don Alfonso XIII.
3º.- Don Adolfo Suárez González, Presidente del Gobierno, visitó Melilla en septiembre de 1980, siendo en esos momentos Jefe del Estado el Rey don Juan Carlos I.
4º.- Don José María Aznar López, Presidente del Gobierno en Funciones, visitó Melilla en enero de 2000 y febrero de 2004, siendo en esos momentos Jefe del Estado el Rey don Juan Carlos I.
5º.- Don José Luís Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, visitó Melilla en enero de 2006, siendo en esos momentos Jefe del Estado el Rey don Juan Carlos I.

Monolito recordatorio
Sin lugar a dudas el mes de Julio en la historia de España, ha sido siempre nefasto, precisamente la Campaña conocida como del 9 (1909), dio comienzo a primeros de ese mes de Julio, con la agresión a los trabajadores de la Compañía Española de Minas del Rif.
Este año que se cumple el CENTENARIO de esta efemérides y que ha sido prolífico tanto en conferencias como en artículos en prensa, debería servir también para tener un cariñoso recuerdo para las MIL CUARENTA Y SEIS (1046) personas que dieron hasta la última gota de sangre en el cumplimiento del deber.
Que mejor oportunidad para homenajear a estos mártires que este año de su aniversario; y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que el solicitar a nuestra primera Autoridad Civil, al Presidente de la Ciudad Autónoma, que encargue un sencillo monolito en recuerdo de estos héroes y que este fuera colocado en la carretera de circunvalación Ml-300, entre la frontera de Beni Enzar y el Barrio Chino (Mezquita), a la altura del antiguo monolito al General Pintos (aproximadamente en el Kilómetro 1,400 de dicha carretera) por ser el más cercano a donde ocurrieron todos estos hechos bélicos.
Se que algunos dirán que ya existe el Monumento a los Héroes y Mártires de las Campañas, pero este engloba también a los caídos en 1921 (otro mes de Julio), 1922, 1923, 1924, 1925, 1926 y 1927 y como quiera que en plena Plaza de España existe un monolito rememorando estos hechos con un precioso poema de GOY DE SILVA (la Cruz del Gólgota), deberían nuestros ediles pensar en colocar una especie de monolito recordando los luctuosos hechos de 1909.
Caso de que ello no pudiera ser, dada la época de crisis económica en la que estamos inmersos, se podría llevar a cabo este homenaje bien de forma altruista por algún escultor local, o bien por suscripción popular, para lo cual este humilde escribidor, aportaría los primeros CINCUENTA EUROS (50€).
Espero que este sentimiento que nos embarga a una inmensa mayoría no caiga en "saco roto".

José Antonio Cano Martín
Con la inestimable colaboración de Manuel Tomás Galán


(de la Asociación de Estudios Melillenses)


Bibliografía consultada

Historia de las Campañas de Marruecos. Estado Mayor Central del Ejército. Servicio Histórico Militar. Tomo II.
Revista Nuevo Mundo. 1909.
El Telegrama del Rif. Director Cándido Lobera Girela.
España en sus Héroes. Ediciones Ornegraf, S.L. Director editorial: E. Estades de la Fuente. Director de la obra: José María Gárate Córdoba. 1969.
Acción de España en Marruecos. Carlos Hernández de Herrera y Tomás garcía Figueras. Imprenta Municipal. Madrid, 1929.
Crónica de la Guerra de África en 1909. Manuel del Corral Caballé. Tomo I y II. Imprenta “Atlas Geográfico”. Editor, A. Martín. Barcelona.
España en Marruecos. Campaña del Rif. 1911-1912. Gonzalo Calvo. Casa Editorial Maucci. Barcelona.
Intervención en el Rif y evolución de Melilla. Francisco Saro Gandarillas.


Fotografía: José Antonio Cano en la cumbre del Gorro Frigio, altura próxima al Barranco del Lobo, en el macizo montañoso del Gurugú.

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