ÉRASE UNA VEZ MELILLA

ÉRASE UNA VEZ MELILLA
GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

jueves, 12 de marzo de 2009

LA SANGRE ESPAÑOLA









LA SANGRE ESPAÑOLA


Zarzuela patriótica en cinco cuadros escrita

en homenaje al ejército que ha luchado en Africa


Fue estrenada con enorme éxito en el Teatro del Duque de Sevilla, el 17 de febrero de 1910,

y dedicada al teniente general José Marina.


Comenzaba con un prólogo:

"Telón corto, con un trofeo o alegoría del Ejército.

El soldado Español aparece en el centro del trofeo tal y como ha estado en Melilla, con todo el equipo de campaña. Una luz fantástica alumbra la escena.

Soy quien cumplió su deber

cruzando el revuelto mar

para ir a pelear..."


Seguido de varios cuadros


Cuadro primero

La acción transcurre en un pueblo de Andalucía. Santiago Matamoro se va a la guerra.


Cuadro segundo: Sangre Española.

Se desarrolla en el campo de Melilla. Como personajes intervienen militares y una cantinera.


Cuadro tercero: Del harén soy la sultana.

La escena tiene lugar en un aduar rifeño. Y los personajes son el muezin, Fatma, el abanderado, el jefe moro y varios rifeños.


Cuadro cuarto: Raza de héroes

Transcurre en un campamento, interviene un general, el cartero y diversos soldados.


Cuadro quinto y último: La Cruz de San Fernando.

La representación ocurre en Zeluán y el personaje es un general.

lunes, 9 de marzo de 2009

9.07.1909 : El general Marina en Sidi Ahmed el Hach








El general Marina en Sidi Ahmed el Hach


El 9 de julio de 1909, al conocer el general Marina, jefe de la Plaza de Melilla, de la agresión a los obreros españoles que trabajaban en la construcción de un puente para el paso de la vía del ferrocarril de la Compañía del Norte Africano, empresa conocida popularmente en la ciudad como la francesa. Dispuso la salida de un fuerte contingente de soldados que además de perseguir a los indígenas agresores, ocupó diversas posiciones: Segunda Caseta, Sidi Musa, Atalayón y Sidi Ahmed el Hach.

Esta última posición, Sidi Ahmed el Hach se terminó de tomar el mismo día 9 de julio, a las 13 horas. Y nueve días más tarde fue la primera en sufrir un grave ataque. Un combate en el que perecieron tres figuras de las armas españolas: Royo, Guiloche y Ceballos.


18.07.1909: Muerte del tte. coronel D. Federico J. Ceballos








Sidi-Ahmet-el-Hach, muerte en combate del teniente coronel de Infantería, D. Federico Julio Ceballos.

El teniente coronel de infantería D. Federico Julio Ceballos.

De fisonomía apacible y sonriente, nació el 27 de septiembre de 1851 e ingresó
con 19-20 años en el Ejército en 1871. Ocupaba el número 362 de su clase en el
momento de su muerte. Desde la propuesta del mes de abril de 1909, mandaba el
Regimiento de Infantería de Melilla y anteriormente, había sido Juez Instructor
de Melilla. En el momento de su finamiento, su hijo mayor servía como cabo de
Infantería en el Regimiento de dicha Arma de Melilla.

Tras recibir la herida que le causó la muerte, aún tardó algunas horas en
traspasar. Su muerte fue descrita en el periódico madrileño “El Imparcial” de
fecha 20 de julio de 1909, de la forma que se cita a continuación:

“…Aunque tardó algunas horas en morir desde que fue herido, el dolor no había
dejado huella en el rostro. Naturaleza de mártir y de héroe la del teniente
coronel Ceballos había cumplido bien siempre sus deberes. Uno de ellos era morir
por la Patria, y moría sonriendo…”

Como nota curiosa, el Sr. Canalejas, recibió un saludo del teniente coronel
Ceballos, una vez este último hubo entregado su vida por España, dicho deseo de
saludo, quedó recogido así en prensa por el corresponsal que se entrevistaba con
Ceballos una hora antes de su muerte:

“…Una hora antes de morir, el teniente coronel Sr. Ceballos vióme en el
campamento y suponiéndome un periodista madrileño me preguntó: -¿Conoce usted a
D. José Canalejas?- Le contesté afirmativamente y entonces me encargó que le
escribiera expresándole su cariñoso recuerdo…”

Su cadáver, fue llevado al Hipódromo junto al del capitán Guiloche y allí se
les rindieron los Honores de Ordenanza en ceremonia breve pero inolvidable.

Los combates.

Los asaltos a las posiciones españolas en Melilla, fueron conocidas por los
periódicos catalanes a través de telegramas enviados como el siguiente, publicado
en el rotativo barcelonés “La Vanguardia” de fecha 20 de julio de 1909, en él,
ya se daba la noticia de la muerte en combate del teniente coronel de Infantería,
D. Federico Julio Ceballos y lo hacía así:

“…Telegramas oficiales. Madrid 19, 23:40. En el Ministerio de la Guerra se han
facilitado los siguientes telegramas:
.-Gobernador de Melilla a Ministro de la Guerra. 18, 10:20 de la noche. Esta
tarde rompió el fuego el enemigo sobre nuestras posiciones ocupadas
valerosamente. La guarnición de la plaza salió a reforzar a las tropas del
general Marina y posiciones inmediatas.

El comandante militar de Alhucemas me comunica que varios moros agitadores de
aquellas cábilas han conseguido que vengan unos 5.000 hombres a engrosar el
harka, ofreciendo más si preciso fuera. En las plazas menores y campamento de La
Restinga sin novedad.

Telegrama del segundo jefe (general Del Real). El 19 a las cinco de la mañana.
Sigue el fuego iniciado ayer. En este momento las bajas que conozco son el
teniente coronel señor Ceballos de infantería, comandante de artillería señor
Royo, capitán de igual arma señor Guiloche y varios oficiales y tropa heridos.

Se han reforzado las posiciones durante el combate con batería y media, seis
piezas de montaña y dos de campaña y además el Regimiento de Sevilla.
Al amanecer marcharon nuevos refuerzos convoyando víveres y municiones.

Telegrama del general segundo jefe de Melilla, puesto el 19 a la una de la
tarde. Esta madrugada marchó el general Imaz, jefe de la brigada expedicionaria a
las posiciones ocupadas por el general Marina para conferenciar. El batallón de
Alba de Tormes irá con el convoy de raciones y municiones apoyado por fuerza de
la Plaza que pasa todas las noches en sus posiciones en previsión de lo que pueda
ocurrir.

Ampliando noticias acerca del número de bajas he de comunicar a V.E. que éstas
son además de los expresados, ocho de tropa muertos, y un capitán y dos tenientes
de infantería, más veinticinco soldados heridos…”

Otra noticia sobre la rudeza del asalto a las posiciones españolas el día que
murió el teniente coronel de infantería D. Federico Julio Ceballos, queda
recogido en un artículo publicado en “La Vanguardia” del martes 20 de julio de
1909, en el que queda recogida la noticia de la muerte de dicho teniente coronel
junto al comandante de Artillería señor Royo y del capitán de la misma, señor
Guiloche, conociendo además, el nombre de un oficial que resultó herido y
adjuntaré al listado posterior y que cita textualmente lo siguiente:

“…De Africa: Doce horas de combate. Melilla 19. 12:30 tarde. Ayer a las ocho y
minutos de la noche, poco después de haber cesado el cañoneo habido durante la
tarde, los marroquíes, que se mantenían alejados de nuestras posiciones por los
disparos de artillería, intentaron en un ataque decisivo envolver nuestro
campamento, combatiéndolo por tres sitios al mismo tiempo y dejando únicamente
libre el lado correspondiente a la plaza.
Hacía el Atalayón se había reunido una gran masa de moros, en número de unos
cuatro mil, con fuertes núcleos de caballería.

El ataque fue rudísimo acercándose los moros con gran denuedo a pesar de las
bajas que les causaba el certero fuego de nuestros soldados. Estos resistieron
heroicamente, demostrando admirable serenidad y sangre fría, al obedecer con gran
disciplina las voces de mando.

Los moros a pesar del fuego horroroso que sobre ellos hacían los defensores del
campamento, aprovecharon la indecisa claridad del crepúsculo para correr sin
descanso hacia nuestros soldados, pasando por encima de los muertos que les
causaban las descargas.
Unos grupos numerosísimos avanzaron tanto, que fue preciso disparar botes de
metralla a cincuenta metros de distancia.
Sobre un campo muy próximo a la alambrada quedaron doce moros muertos.

En ese momento murieron, cayendo sobre los cañones, el comandante de
artillería, don Luís (José) Royo y el capitán del mismo cuerpo señor Guiloche.
Ambos jefes hallaron heroicamente la muerte, mientras dirigían el fuego con gran
acierto, animando a los soldados con voces de cariño y energía.

En las guerrillas de la posición avanzada murió el teniente coronel de
Infantería del Regimiento de Melilla, Don Federico Julio Cevallos.

Además tenemos 10 muertos más, entre tropa y moros amigos. Está herido el
capitán de cazadores de Barcelona, don Manuel Mena que tiene un balazo en el
brazo, no grave.

Las tropas se han batido con imponderable heroísmo luchando durante doce horas
contra fuerzas infinitamente superiores.

La Infantería disparó en silencio sin dar ninguna clase de voces durante todo
el combate, obedeciendo las voces de mando y demostrando gran disciplina en el
fuego.

Esta madrugada se ha verificado la descubierta sin novedad. Los moros
permanecen en las posiciones lejanas. Se espera la llegada con el convoy de los
muertos y heridos. Han sido enviados al campamento furgones de sanidad, camillas
y artolas. Los heridos son veintidós.- Lovera.

El rotativo madrileño, “La Correspondencia” de fecha 20 de julio de 1.909,
describía los combates del día 18, de la forma siguiente, dando también la
noticia del fallecimiento del teniente coronel de Infantería D. Federico Julio
Ceballos y del comandante D. José Royo de Diego y del capitán Guiloche, ambos
pertenecientes al Arma de Artillería. Dicha noticia rezaba así (textualmente):

“…Una sangrienta jornada. Quince muertos y veintidós heridos. Los primeros
tiros.-Táctica rifeña.-Salvajes ataques.-Los moros llegan casi a tocar nuestros
cañones.-Carga suprema.-Los moros retroceden.-Asalto del Atalayón.-Los cazadores
de a caballo se baten a pie.-Una bala certera.-El fuego dura toda la noche.-Las
bajas españolas.

Melilla. (Lunes tarde). Todos los detalles y referencias acusan que el ataque de
los moros fue verdaderamente formidable. A la carrera llegaron hasta el sitio que
ocupaban nuestras tropas. Les hacía fuego constantemente; pero era tal la
avalancha de moros, que éstos en compactos grupos seguían avanzando. Los moros
disparaban y continuaban avanzando, empleando su táctica especial. Algunos
llegaron hasta la boca de los cañones, tratando de apoderarse de ellos. Los
artilleros los defendían valerosamente, haciendo fuego continuo. Los momentos
eran de verdadera angustia y de peligro para nuestras tropas.

El general Marina, acompañado de sus ayudantes el comandante Morales y el
capitán Morris, dictaba órdenes, sereno y tranquilo.

En torno a la posición llovían los proyectiles, y la tenacidad de los moros no
cesaba. Una compañía del Regimiento de África, a las órdenes del capitán Sr.
López Ochoa y de los tenientes Reyes, Moullar e Imperial, salieron decididos a
contener el ataque del enemigo e impedir que este se apoderara de los cañones.
Con la bayoneta calada se lanzaron al campo al grito de ¡Viva España! Logrando
rechazar el ataque y poniendo en fuga a los moros.
Las tropas que efectuaron esa salida volvieron de nuevo al recinto alambrado,
ocupando cada cual su puesto.
Es difícil precisar el comportamiento individual, porque todos han dado pruebas
admirables de heroísmo, según los testigos presenciales.
Mientras tanto, el combate se generalizó, pues los moros aumentaban en número
pudiendo decirse que salían de todas partes.

El general Marina estuvo constantemente en todos los puntos, mandando a las
tropas y dictando las disposiciones propias del caso. El general Marina logró
salvar el material y rechazar briosamente el ataque de los moros, que retrocedían
sin dejar de disparar. Simultáneamente, centenares de moros que coronaban las
estribaciones del Gurugú, sobre las cañadas de Sidi Musa, se reunieron en una
imponente masa y avanzaron fieramente lanzándose sobre el Atalayón.
Estaba este defendido por un destacamento que mandaba el teniente Gil. En este
punto el combate fue vivísimo. La columna mora componíase de hombre de
infantería, armados de fusiles con bayoneta. En el Atalayón, como en los demás
puntos, el fuego duró toda la noche. Al amanecer, los últimos tiradores moros se
replegaron, quedando todo en silencio.

Han menudeado los actos heroicos, pues en algunos momentos los combatientes se
aproximaban de tal modo, que las descargas de nuestros soldados causaban bajas
horribles en el enemigo.

El teniente Sr. Ibarreta se encontraba con un escuadrón de cazadores de a
caballo en una posición muy avanzada, que atacaron haciendo fuego nutridísimo,
numerosos grupos rifeños. Mandó el teniente Ibarreta echar pie a tierra a su
gente, y durante todo el día batierónse denodadamente sus soldados, haciendo
certero fuego con sus carabinas.
La conducta de este puñado de valientes ha sido admirable, y en todas partes se
habla de ellos con entusiastas elogios.

En otra posición más avanzada el capitán Maquieira y el comandante D. Carlos
Cos-Gayón luchaban, al frente de sus soldados del Regimiento de España, apoyados
por una compañía de la brigada disciplinaria, que manda el teniente coronel
Aizpuru, y a las órdenes directas del capitán Nieto.

La Caballería mora se ha batido, desarrollando una táctica muy hábil. Avanzaba
en grupos de a tres, haciendo fuego y cubriendo un extenso campo. De este modo
procuraba esquivar los proyectiles de nuestra Artillería. Lograban con esta
táctica acercarse sin dejar de disparar y luego concentrabánse de pronto en
columnas numerosas para lanzarse imprevistamente sobre nuestras tropas a galope
tendido. En algunas ocasiones se acercaban tanto que se les oía cantar y lanzar
gritos salvajes.

Uno de los momentos más empeñados de la lucha fue aquel en que los rifeños
concetraban todos su esfuerzos en intentar, vanamente, apoderarse de algunos de
nuestros cañones.
Con un fanatismo ciego, despreciando la lluvia de balas que sobre ellos caía,
se lanzaban los moros siempre sin cesaren sus disparos, y a pocos metros de
distancia eran barridos por el fuego de nuestras piezas.
A unos diez metros de distancia de una de nuestras baterías han sido recogidos
diez y ocho moros muertos.

El general Marina ha estado admirable de serenidad. En lo más reñido del
combate sintió sed el general, y pidió que le dieran un vaso de agua. El capitán
Zegri, ayudante del general Marina se acercó a éste y le ofreció un vaso de
latón, donde había agua mezclada con ron. En el mismo momento en que el general
Marina iba a coger el vaso, una bala arrebató éste de manos del capitán Zegri,
que dio muestra también de gran serenidad.
Sin duda un grupo de moros se había fijado en el blanco que ofrecía el general
Marina y su Estado Mayor. Viendo esto el general, dijo a los oficiales que le
rodeaban: “Váyanse ustedes a sus respectivos puestos, que aquí hay mucho peligro,
y no es cosa de exponerse inútilmente”. Los oficiales, sin embargo pidieron
permiso para permanecer a su lado.

Se calcula que el número de combatientes ascendía a unos 2.800 infantes y 1.000
jinetes según afirmación de los más expertos en esta clase de cálculos.

De conformidad con los informes facilitados oficialmente, nuestras bajas en el
combate de ayer, se elevaron a 15 muertos y 22 heridos.
Algunos de los heridos están de gravedad. Entre los muertos se encuentran el
teniente coronel del regimiento de Melilla, sr. Ceballos, el comandante de
Artillería Sr. Arroyo (Royo), y el capitán de la misma Arma Sr. Guiloche.

Aunque los moros no llegaban a 4.000, según las evaluaciones a que me refiero
más arriba, como peleaban en orden abierto y generalmente en pequeños grupos,
parecía que el número era muchísimo mayor.

Se han batido con gran habilidad, y la presencia de algunos santones, que les
alentaban con sus gritos, parecía redoblar su fanatismo..
Ha causado sorpresa la forma de iniciar el combate, pues se creyó en los
primeros momentos que se trataba de una simple escaramuza. No llegaban a 80 los
moros que se presentaron frente a Nador para hostilizar a las tropas. Comenzaron
estos moros a pasar frente a nuestros soldados a galope tendido, disparando sus
fusiles. Mientras la atención de nuestros soldados se fijaba en este sitio,
numerosos grupos de moros se corrían para atacarnos en grandes masas por nuestros
flancos, empeñándose entonces el verdadero combate.

Nuestra artillería hizo disparos muy certeros en los momentos en que los
pequeños grupos de caballería mora concentrábanse para realizar ataques a fondo.
Algunas granadas caían en medio de dichos grupos, estallando en ellos y haciendo
infinidad de víctimas. Cuando esto sucedía, los moros dispersabánse, lanzando
gritos salvajes. El campo estaba sembrado de cadáveres moros. Algunos caballos
sin jinete seguían a los grupos de rifeños cuando estos cargaban y ensordecían el
aire con sus relinchos.

Durante la noche el combate ha sido a larga distancia. Los tiradores moros,
aprovechando los accidentes del terreno, disparaban sobre nuestras filas,
procurando no ser vistos.
En el Gurugú fueron encendidas hogueras, convocando a las tribus, sin duda para
proseguir la lucha.

Respecto de nuestros soldados, todos los elogios la valor que han demostrado en
este combate serían pequeños ante la realidad.

La táctica de los moros fue traidora, según su costumbre, y ha sido gran mérito
descubrirla desde el primer momento y apercibirse a la defensa contra posibles
sorpresas. El valor sereno de nuestros soldados se impuso al fanatismo salvaje de
los enemigos, cada vez que estos se lanzaban a aproximarse.

Nuestra artillería, como queda dicho, hizo disparos muy certeros, y demostró
gran habilidad. Una vez más se ha demostrado el heroísmo y bizarría de los
soldados españoles, que han defendido gloriosamente los intereses de la
Patria..”.

Otros hechos durante el combate, fueron la entrada de las fuerzas moras en el
campamento, habiendo salido fuerzas a reprimirlos, no obstante, se perdió
material y mulos. Tal hecho, queda recogido en la siguiente noticia, publicada en
el periódico madrileño “La Correspondencia” (textual):

“…Los moros invaden el campamento..-Fuerzas que salen a contenerlos.-Material
de campaña y ganado apresados-.

Melilla. (Lunes tarde). He aquí los detalles de la operación librada por las
columnas del general Marina con el –harka- enemiga. Los moros se habían
aproximado durante la noche. A eso de las once de la mañana, mientras un pequeño
grupo escaramuceaba por Nador, una considerable masa de moros atacó el flanco
derecho de la columna del general Marina.
Avanzó el comandante Cos Gayón con una compañía del Regimiento de África, al
mando del capitán Vázquez Maquieira.

El general Marina dispuso que avanzara a su vez la Artillería, protegida por la
brigada disciplinaria, mandada por el teniente coronel Aizpuru y por el capitán
Nieto. También avanzó una compañía del Regimiento de Melilla con otras fuerzas,
al mando del teniente coronel del Regimiento de Melilla ,D. Julio Ceballos.

Simualtáneamente los moros aparecieron en las alturas del Gurugú, al mismo
tiempo que mil jinetes cargaban con furia contra nuestras posiciones en el
Atalayón. Según fuentes fidedignas, el jefe del harka enemiga era El Chaldy.

De la plaza salieron para reforzar el Cuartel general un batallón de Mérida y
dos compañías del Regimiento de Melilla, al mando de D. Teodoro Cuevas y D.
Ildefonso Infante con los tenientes Caro, Abao y Rubio, de la primera compañía, y
Deleito, Aizpuru y Reyes, de la segunda.
Unierónse dichas fuerzas en la caseta con la segunda compañía de Melilla,
mandada por el capitán Otegui y los tenientes Quintana y Suárez Labrao.
Todas estas fuerzas defendieron el barranco de Lidi (Sidi Musa ), por donde se
corrían los moros. El combate duró todo el día.

A las ocho y media de la noche, cuando se organizaba el servicio para la
defensa del campamento, varios grupos de moros llegaron sigilosamente al
campamento, le acometieron, cortaron con herramientas las alambradas, entraron, y
en medio de una gran confusión se llevaron 2 tiendas, 17 mulas y el caballo del
teniente de Administración Sr. Bremón.

Rechazado este nuevo ataque, continuó el fuego, no cesando hasta el amanecer…”





“Me han matado” .Muerte del teniente coronel de Infantería, D. Federico Julio
Ceballos

Según queda recogido en prensa, el teniente coronel Ceballos, que mandaba uno
de los batallones del regimiento de Infantería de Melilla, murió heroicamente
dando un alto ejemplo de valor militar y patriótica abnegación. Cayó mortalmente
herido, diciendo –“Me han matado”. En seguida, abrió los brazos y se desplomó
muerto. Varios soldados cogieron el cadáver del teniente coronel y se lo llevaron
inmediatamente, porque en aquel instante los moros estaban tan cerca que existía
peligro que se apoderasen de él.

En prensa, la llegada a Melilla del cuerpo del teniente coronel Ceballos, quedó
recogida (textualmete):

“…La llegada de los cadáveres..-El entierro.-Tristes escenas-. “…A las cinco de
la tarde se reunieron en la puerta de Santa Bárbara una compañía del Regimiento
de África y otra del de Melilla a pie con la música, a tributar los honores de
ordenanza a los cadáveres de los jefes y oficiales que sucumbieron en el
campamento.

Llegó al Hipódromo preguntando por el teniente coronel Ceballos su hijo mayor
que es cabo del regimiento que mandaba el heroico militar. Se le había dicho que
estaba herido, procurando ocultarle la verdad del suceso. Iba a llegar el convoy
que traía el cadáver del teniente coronel Ceballos y con mil piadosos engaños se
logró apartar al joven que, trémulo y convulso, adivinando su desgracia, lloraba
en silencio.

En un principio se dijo que el cabo Ceballos estaba junto a su padre cuando
este fue herido de muerte. Luego se ha rectificado la versión.

A las doce de la mañana apareció el convoy fúnebre. Venía por la línea férrea
minera y una locomotora conducía varias vagonetas y los carruajes de la
ambulancia sanitaria. En las vagonetas venían las camillas cubiertas con mantas y
dentro de ellas los cadáveres de jefes, oficiales y soldados. Los espectadores
llenos de emoción, se aproximaron a las vagonetas y levantando las cubiertas de
las camillas vieron los cadáveres.

Allí estaba el del teniente coronel Ceballos, con su fisonomía apacible y
sonriente. Aunque tardó algunas horas en morir desde que fue herido, el dolor no
había dejado huella en el rostro. Naturaleza de mártir y de héroe la del teniente
coronel Ceballos, había cumplido siempre con sus deberes. Uno de ellos era morir
por la patria, y moría sonriendo.

El capitán de Artillería Guiloche yacía también en la segunda de las camillas,
murió luchando con el enemigo a pocos pasos cerca de la batería. Su rostro
contraído por la trágica emoción de la lucha, parecía recordar el espantoso
trance.

El cadáver del comandante Royo no venía en esta conducción.

Fueron llevados al Hipódromo los cadáveres de Ceballos y de Guiloche y allí se
les rindieron los honores de ordenanza. La ceremonia fue breve pero inolvidable…”

Según publicaba el diario “La Época” de Madrid, en fecha lunes 9 de agosto de
1909, se solicitaba según noticia aparecida en “El Telegrama del Rif” en el cual
se publicaba la orden de apertura de juicio contradictorio para la concesión de
la Cruz Laureada de San Fernando a varios jefes y oficiales, entre los cuales,
figuraba el teniente coronel de infantería D. Federico Julio Ceballos, por el
mérito contraído el día 18 de julio pasado, en el combate sostenido con los
moros, en la posición española de Sidi-Ahmed-El-Hach, infundiendo en la tropa
que mandaba la serenidad necesaria para rechazar al enemigo, que llegó cerca de
las bayonetas, muriendo el teniente coronel Ceballos en el campo de batalla.


Las unidades militares que combatieron ese 18 de julio de 1.909, fueron:

Cuarta compañía del tercer batallón del Regimiento de África núm, 68
Primera compañía del segundo batallón del Regimiento de Melilla núm.59.
Primera compañía del tercer batallón del Regimiento de Melilla núm. 59.
(Ocupaba posiciones avanzadas).
Tercera compañía del tercer batallón del Regimiento de Melilla núm. 59.
(Ocupaba posiciones avanzadas).
Segunda compañía del batallón disciplinario. (Ocupaba posiciones avanzadas).
Grupo Mixto de Artillería. (De Montaña y Montada).

Otros españoles muertos en el combate, los cuales casi todos presentaban herida
de bala en la cabeza, fueron :

- Del Regimiento de África:
Sargento D. Prudencio Alonso.
Soldado, D. José Brocal, de la 4ª compañía del 3º de África..
Soldado, D. Silvestre Martínez, de la 4ª compañía del 3º de África..

- Del Regimiento de Melilla:
Soldado, D. Leandro Bueno Clemente Identificado por llevar en el bolsillo un
pase del coronel de su regimiento para las avanzadas.

- Del Regimiento Disciplinario:
Soldado, D. Eduardo Díez.
Soldado, D. Antonio Villalonga.

- Del Grupo Mixto de Artillería. (Montaña y Montada).
Comandante D. José Royo de Diego.
Capitán D. Enrique Guiloche Bonet.

- El ordenanza del teniente Suárez.

Listado de los heridos en el combate:

- Del Regimiento de África:
Soldado, D. Lorenzo Roselló.
Soldado, D. Rafael Martínez.
Soldado, D. Rafael Zorroche.
Soldado, D. Juan Aparicio.
Soldado, D. Mariano Colera.
Soldado, D. Juan González Sánchez.
Soldado, D. Francisco Doleda.
Soldado, D. Juan Diego Barcelona.
Soldado, D. Diego Sánchez.

- Del Batallón de Cazadores número 3 de Barcelona.
Capitán, D. Manuel Mena, herida en un brazo. Pronóstico reservado.
Un teniente del mismo, herida en un brazo. Pronóstico reservado..
Soldado, D. Roque Sánchez.
Soldado, D. Miguel Hernández.
Soldado D. Nicolás Jordán.
Soldado, D. Alonso Gay.

- Del Regimiento de Melilla.
Teniente 2º, Sr. Navarro, herida en un brazo. Pronóstico reservado.
Soldado, D. Andrés Blasco.

- Del Disciplinario.
Sargento, D. Luís Pablo, herido grave.
Soldado, D. Eusebio López, herido grave..


- Grupo Mixto de Artillería ( Montaña y Montada).
Artillero, D. Celedonio Aguilera, herido grave.
Artillero, D. Francisco García, herido grave.
Artillero, D. Faustino Ruíz, herido grave.
Artillero, D. Esteban Pedrosa, herido grave.
Artillero, D. Salvador Manuel Moreno, herido grave.
Artillero, D. Francisco Pacheco, herido grave.

- Otro oficial
Teniente Conde.

Ascenso a coronel.

Ascensos, por haber dado la vida por España en acción de guerra, se concedió
entre otros, el ascenso al empleo superior al teniente coronel de infantería, D.
Federico Julio Ceballos. Según notificaba La Vanguardia del lunes 2 de agosto de
1909, y que decía así:

“…Ascensos. El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra publica la siguiente
Real Orden: El Rey (q.D.g) por resolución de esta fecha, ha tenido a bien
conceder el empleo inmediato, con la antigüedad que se expresa, a los tenientes
coroneles de infantería que figuran en la siguiente relación como recompensa a
los extraordinarios méritos contraídos y bizarro comportamiento observado en los
combates que tuvieron lugar en Melilla los días 18, 23 y 27 del mes actual, en
los que murieron gloriosamente, al frente de sus tropas.-De Real Orden
etc.-Madrid 29 de julio de 1909.-Linares.

Los tenientes coroneles a que se refiere la anterior Real Orden son: don
Federico Julio Ceballos, don José Ibáñez Marín, don Tomás Palacios Rodríguez y
don José Ortega Lores…”.

A título póstumo y por Real Orden, el teniente coronel de infantería D.
Federico Julio Ceballos, ascendió a coronel de dicha Arma. En el cuarto de
Banderas del Regimiento de Melilla, fue colocado en…… junto a otros héroes el
cuadro de honor, obra del escultor Alcalde (teniente) con el retrato del coronel
Ceballos.

Vacantes.

La vacante dejada por el teniente coronel D. Federico Julio Ceballos, fue
anunciada su cobertura por La Vanguardia de fecha 2 de septiembre de 1.909, según
anuncio publicado en el Diario Oficial, y en el cual, también se anunciaban la
cobertura de plaza vacantes dejadas por el comandante de Artillería D. José Royo
de Diego y por el capitán de dicha Arma, D. Enrique Guiloche Bonet, fallecidos
todos en glorioso acto de servicio. Fue cubierta por el teniente coronel de
Infantería D. Adolfo Pahissa, el cual marchó desde San Sebastián a Melilla en
fecha 30 de julio de 1.909. (Por lo que vengo observando, primero eran cubiertas
las vacantes y luego se publicaba la misma en el Diario Oficial).


Por Hans Nicolás Hungerbuhler



- Fuente: “La Vanguardia”, pág. 3, Barcelona, de fecha lunes 2 de agosto de
1909.
- Fuente: “La Vanguardia”, pág.3, Barcelona, de fecha jueves 2 de septiembre de
1909.
- Fuente: “La Vanguardia”, pág.5-6, Barcelona, de fecha martes 20 de julio de
1909.
- Fuente: “La Correspondencia de España”, Madrid, núm.18.787, págs. 1-2, de
fecha martes 20 de julio de 1909.
- Fuente: “La Correspondencia de España”, Madrid, núm. 18.797, pág 3, de fecha
viernes 30 de julio de 1909.
- Fuente: “El Imparcial”, Madrid, núm.15.215, págs. 1y 2, de fecha martes 20 de
julio de 1909.
- Fuente fotografía del teniente coronel D. Federico Julio Ceballos, “La
Ilustración Española”.
- Fuente: “La Correspondencia de España”, Madrid, núm. 19.925, pág.4, de fecha
sábado 10 de diciembre de 1910.
- Fuente: “La Época”, Madrid, núm. 21.117, pág. 1, de fecha lunes 9 de agosto
de 1909.

domingo, 8 de marzo de 2009

Cromo de la gesta de Royo y Guiloche









Cromos

Desde finales del siglo XIX se popularizaron en España, al igual que en el resto de Europa, las colecciones de cromos que reproduccían aspectos relevantes del conocimiento y la sociedad, resultando los de temas bélicos de los más difundidos. Distribuidos principalmentes por empresas chocolateras como reclamos publicitarios, hasta bien entrado el siglo XX las colecciones de cromos no dispusieron de albunmes donde mostrarse.

La última Guerra de Cuba sería recogida en colecciones de cromos, así como las de Marruecos a partir de 1893, e incluso la guerra civil española. Siendo los cromos de la

Campaña de 1909 los más divulgados, siendo no obstante dificiles de conseguir formando una colección completa.

El cromo que acompaña a este texto es el mas fidedigno que hemos encontrado sobre la

hazaña de Royo y Guiloche. Es el número 9, "Ataque del día 18 de julio", de la colección "La Guerra en el Rif", y fue distribuido`por Chocolate Juncosa, una empresa fundada en 1835 y que tenía su despacho central en Barcelona.

Royo y Guiloche: Héroes de Sidi Ahmed el Hach









Recuerdos

La heroíca gesta de los artilleros comandante Don José Royo de Diego y capitán Don Enrique Guiloche en la cumbre de la loma de Sidi ahmed el Hach, en la noche del 18 de julio de 1909. Fue glorificada mediante numerosas actuaciones tendentes a recordarla las generaciones venideras. Así se levantó un sencillo monumento allí donde cayeron, en la Academía de Artillería de Segovia estuvieron presentes en el cuadro de honor de los claustros, y en 1943 fueron inmortalizados Royo y Guiloche en un óleo por el pintor Balenyá. Un cuadro que pasó a propiedad del Regimiento de Artillería A.A. número 73, en Barcelona.

A esta patriótica pintura le correspondió el honor de ilustrar el primer número de la colección de fascículos denominada "España en sus Héroes", editada por ORNIGRAF, Madrid, en el año 1969.

La página que reproducimos junto a estas líneas corresponde al mencionado fascículo número 1.

En Melilla, sendas calles del Barrio del Príncipe llevan los nombres de Guiloche y Royo, así como del capitán Roger, muerto el 20 de julio de 1909; José Ibáñez Marín, caído el 27 de julio de 1909 y el teniente Samaniego, primer oficial fallecido en acción de guerra de Regulares número 2.

Royo y Guiloche: Héroes de Sidi Ahmed el Hach
















Sidi-Ahmed-el-Hach, un Jefe y un Oficial de Artillería Laureados, el comandante D. Diego Royo de Diego y el capitán D. Enrique Guiloche Bonet.


El comandante de artillería D. José Royo de Diego.

El comandante de artillería D. José Royo de Diego, había nacido el 28 de marzo de 1860 en Madrid e ingresó en el Ejército, como cadete de la Academia de Artillería el 23 de junio de 1879, lugar de donde saldría como primer teniente encuadrado en la 164 promoción y siendo destinado al 2º Regimiento de Artillería de Montaña.

En febrero de 1889, se incorporó al 8º batallón de la Plaza de Mahón, estando destacado entre Mallorca e Ibiza, hasta que solicita el destino a las Filipinas. Embarcó en el barco “Isla de Panay” y llega a Manila en 1890 lugar donde es destinado al primer batallón del Regimiento de Artillería. Desde el mes de mayo, ocupa la Comandancia de Mindanao hasta que se integró en la Columna Marina en la que interviene en los combates sostenidos entre “Parang-Parang” a “Pallot”.

En junio de 1891, asciende a capitán de Ultramar. Contrajo fiebres tropicales y se le ordena ir a reponerse a “Cotabatto”. No acabó su convalecencia y a los 20 días, se presentó reclamando un puesto en la columna.

El carácter y determinación de D. José Royo de Diego, no pasaron inadvertidas a su coronel, nombrándolo este por esos motivos, su ayudante, combatiendo así en la acción del “Mercado de Moros” de Tiranofui. Posteriormente, es designado para el mando de la 5ª compañía, destacando en los combates de “Linamón” y de “Marchurí”.

En marzo de 1894 regresa a Mindanao donde a pesar que las fiebres habían quebrantado su salud, toma parte en varias operaciones.
En abril de 1896, regresa a España donde es destinado a Madrid, pasando de la capital más tarde a Cartagena y posteriormente a Lugo.

Desde 1897, las fiebres que había contraído, se recrudecen, motivo por el cual ha de alternar constantemente las licencias por enfermo y los más variados destinos, intentando encontrar un clima que le aliviase.

En 1905, asciende a comandante y toma el mando del Grupo de Artillería de “Trincabotijas” en Cartagena hasta el 15 de marzo de 1909, fecha en que es designado para el Grupo Mixto de la Comandancia de Artillería de Melilla.

Destinado en la comandancia de Melilla, procedente de la de Cartagena, mandaba un grupo mixto el cual, estaba formado por una batería de montaña y otra montada.

La noche del 18 de julio de 1909 las baterías de Sidi Ahmed El Hach son atacadas por los rifeños, los cuales logran desbordar la línea de defensa, hecho que pondrá en crítica situación a los defensores españoles. Ante esta situación, el comandante Royo, ordenó municionar para “disparar a cero” y junto con su compañero el capitán Guiloche, se dirigen a toda prisa, revólver en mano con la intención de salvar las piezas. Una descarga de fusil, alcanzaría de lleno al comandante Royo, el cual moriría al pie de las piezas de artillería minutos después.

Por su heroico comportamiento, a título póstumo le fue concedida el 22 de abril de 1910, la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase.

El capitán de artillería D. Enrique Guiloche Bonet.

De carácter agradable, resuelto, el capitán de artillería D. Enrique Guiloche Bonet, natural del pueblo de Mentrida (Toledo) lugar donde consta como hijo ilustre, es hijo del médico titular de dicha villa, había nacido el 8 de mayo de 1874 e ingresó en la Academia General Militar con 18 años y el 30 de agosto de 1892 pasó a la Academia de Artillería lugar donde finalizó sus estudios en 1898, perteneciendo a la 183 promoción. Habiendo obtenido la graduación de teniente en la Academia de Artillería, pasó por diferentes destinos como primer teniente para perfeccionar sus conocimientos sobre el arma de Artillería, sus procedimientos y sus materiales como fueron el Regimiento de Artillería de Mahón, el Regimiento de Sitio de Segovia y el Regimiento Montado de Vicálvaro lugar donde asciende a capitán en 1906.
En febrero de ese año, se le concedió por los servicios prestados, la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco.
Al ascender a capitán, el 16 de agosto de 1906, marchó con destino en la Comandancia de Melilla, lugar donde demostró su excelente formación profesional cualidad que hizo de él, un eficaz colaborador en el mando artillero de la plaza, siendo además un perfecto conocedor del sistema de municionamiento.

En Sidi Ahmed el Hach, mandaba la batería de Montaña de la cual junto a la Montada, era jefe el comandante D. José Royo de Diego.

Comenzada la Campaña del Rif, ya entrada la noche, del 18 de julio de 1909, los rifeños, atacan el campamento militar de Sidi Ahmed El Hach, lugar donde el capitán Guiloche prestaba servicio como ya se ha citado anteriormente, los cuales abrieron una brecha intentando apoderarse de los cañones. El capitán Guiloche, revólver en mano junto al comandante Royo, corrieron hacia la batería, llegando el capitán a la 4ª pieza, un cañón de bronce comprimido de 9 centímetros y numerado con la cifra 268. Los atacantes, repuestos de la sorpresa inicial, dispararon a quemarropa alcanzando al capitán Guiloche en el pecho, murió heroicamente defendiendo sus piezas de artillería, abrazado a la rueda del citado cañón en Sidi Ahmed el Hach, motivo por el cual, le fue concedida en fecha 22 de abril de 1910 a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase. El cañón fue enviado al Museo de artillería conservando, las huellas de los impactos de las balas de los enemigos. Posteriormente, fue trasladado al Museo del Ejército.

Ambos oficiales, fueron sustituidos en cuanto el Ministerio de La Guerra tuvo conocimiento de su muerte por el comandante de Artillería D. Joaquín Perteguer y el recién ascendido a capitán D. Ángel Álvarez.

Sobre esta sustitución, se publicaba en prensa, concretamente en “La Correspondencia de España”, lo siguiente:

“…SEVILLA.- (Miércoles, mañana). En el tren correo ha marchado para Málaga, con objeto de revistar y despedir a las tropas expedicionarias, el capitán general de la región, señor Delgado Zuleta.

También ha salido para incorporarse a filas el comandante de Artillería Sr. Perteguer que debe sustituir a su malogrado compañero el Sr. Royo muerto en defensa de La Patria.

En la estación han sido despedidos por todos los generales que aquí residen, por el Coronel de la Guardia Civil y por Comisiones de todos los Cuerpos de la guarnición…”

Sobre la muerte del comandante Royo y el capitán Guiloche.

El combate de Sidi-Ahmed-el Hach, fue dado a conocer a la opinión pública y en el diario “La Época” fecha 19 de julio de 1909, de la forma siguiente y cito textualmente:

“…Últimas noticias. Se reanudó anoche el combate que dura hasta el amanecer de hoy.-Esfuerzo heroico de nuestros soldados.-Seis mil moros toman parte en la lucha.-El general Marina.-Bajas de nuestras tropas y las de los moros-.

Melilla 19 (12:45 tarde).-(Urgente).- El combate que empezó ayer tarde ha sido rudísimo. Durante más de cuatro horas no se interrumpió el fuego de artillería y el de fusil. Cuando todo parecía concluido, los moros, aprovechando la oscuridad de la noche, después de las ocho y media, intentaron un esfuerzo supremo, atacando por tres lados el campamento.

En este combate tomaron parte 5.000 rifeños de infantería y 300 caballos, apareciendo por la llanura de Zelouan y siguiendo su avance bordeando la laguna de la Mar Chica. Su ataque de ímpetu increíble, quedó contenido ante el heroico esfuerzo de nuestra Infantería y Artillería que se batieron con verdadero denuedo.

Hubo momentos emocionantes, en que los moros favorecidos por la oscuridad de la noche avanzaron sobre nuestras posiciones a la carrera, sin que les intimidara la metralla que les hacía caer diezmados, avanzando los que les seguían pasando por encima de los muertos.

En este momento culminante del combate cayeron muertos cuando dirigían el fuego en las guerrillas y animaban a los sirvientes de las piezas, el comandante de Artillería Sr. Arroyo (por Royo) y el teniente (por capitán) del mismo cuerpo Sr. Guiloche.

Antes de esto había muerto también el teniente coronel del Regimiento de Infantería de Melilla, señor Ceballos, y había sido herido el capitán Mena, del batallón de Cazadores de Barcelona, recientemente desembarcado.

El general Marina, que dirigió personalmente el combate, permaneció durante todo el tiempo imperturbable, enardeciendo a los soldados en el momento de mayor peligro, gritando ¡Hijos míos!, ¡Viva España!. Nuestras bajas conocidas hasta ahora han sido 12 muertos y 22 heridos. Los moros se retiraron a sus posiciones, barridos por la metralla, dejando en el campo gran número de muertos. Se hace ascender sus bajas hasta 300 hombres. La lucha ha durado hasta el amanecer del día de hoy lunes…” (Firma Gombeet).

“…Las víctimas del combate. Entre las sensibles bajas registradas ayer en el combate librado en Melilla, figuran las del teniente coronel de Infantería Sr. Ceballos; el comandante de Artillería Sr. Royo, y el oficial de la misma Arma señor Guiloche, muertos gloriosamente.

El teniente coronel D. Feliciano Ceballos Isasi era un jefe pundonoroso y estimado, que estaba en posesión de su empleo desde Septiembre de 1907. El comandante de Artillería d. José Royo y Diego ingresó en el servicio en Junio del año 1879. Contaba con efectividad en el empleo desde Diciembre de 1905. figuraba en el escalafón con el número 148.
El oficial D. enrique Guiloche Bonet ingresó en la Academia de Artillería el año 1892. Cuenta de efectividad en el Cuerpo , como primer teniente desde el año 1906. En los telegramas de Melilla se dice era capitán…”

Sobre el comportamiento heroico del comandante D. José Royo de Diego y del capitán D. Enrique Guiloche Bonet, recogía el periódico “La Correspondencia” los siguientes detalles (textual):

“…Ambos perecieron por la noche, cuando los moros atacaron por segunda vez el campamento. A eso de las ocho y media varios grupos de moros que se había acercado valiéndose de la oscuridad, rompieron las alambradas y entraron en el campamento.

Nuestros soldados les contuvieron haciendo descargas cerradas. Mientras otros moros atacaban al arma blanca la batería de cañones de 9 centímetros, que mandaba el capitán Guiloche. Alrededor de las piezas trabose una lucha horrible. Los moros avanzaban con salvaje fanatismo, despreciando a la muerte.

Nuestros artilleros cargaban y disparaban sus piezas con asombrosa serenidad. Unos cincuenta moros se precipitaron sobre uno de los cañones, que se encontraba emplazado en una posición saliente. El capitán Guiloche acudió para animar a los artilleros. Asióse a una de las ruedas, y disparando su revólver logró que los moros que se adelantaban retrocedieran para escapar a la muerte. Por su propia mano mató a varios de ellos. Los sirvientes de la pieza, enardecidos por el valor de su jefe, rechazaron a tiros y culatazos a los salvajes asaltantes. De pronto el capitán Guiloche desplomóse moribundo. Con un último esfuerzo abrazóse a la pieza, que tan bravamente había defendido, y expiró sin exhalar un grito. Había recibido una bala en el pecho.

Momentos después llegó corriendo el comandante Royo. Disparaba su revólver contra los moros que replegados a alguna distancia, hacían fuego nutridisimo , y con la voz y el gesto enardecía a los artilleros.

Hubo un momento de respiro, pero de pronto sonó una nueva descarga. El comandante Royo desplomóse moribundo, con el cuello atravesado por un balazo. A los pocos momentos expiró.

Fuerzas de Infantería avanzaron entonces haciendo fuego por descargas, y los moros se retiraron sin dejar de disparar. Los cadáveres de Guiloche y Royo fueron recogidos calientes todavía…”
El periódico “La Correspondencia de España”, bajo el titulo (textual) “El combate del Atalayón. Relato de un testigo presencial.-Nuevos e interesantes detalles.-Repartiendo el rancho.-Como murió el capitán Guiloche.-El comandante Royo trata de auxiliarle y muere también.-auxilio de López Ochoa.-Se reorganizan las fuerzas y rechazan la agresión.-Los moros auxiliares desertan, llevándose los mulos y las armas.-“ de fecha 24 de julio, describía el heroico comportamiento del comandante Royo y del capitán Guiloche, de la siguiente forma:

“…La casualidad ha hecho llegar hasta nosotros la versión de lo ocurrido en el sangriento empeño del Atalayón. ¿Para que darnos importancia sobre la importancia de esta información, si es más debida al azar más que a nuestros esfuerzos ni a nuestros méritos?. Este saber que es exactísima y verídica, como hecha por un testigo presencial de los sucesos, al cual ni la vanidad le ciega en el relato, pues que su nombre no figura en él, ni ningún otro sentimiento le impone trabas para relatar la verdad de los sucedido, que fue lo siguiente:

Después del avance de nuestras tropas a consecuencia de los sucesos del día 9, y establecido un destacamento en el Atalayón, el general Marina, conociendo a los moros y comprendiendo que atacarían probablemente de noche, se apresuró a colocar los cañones en los sitios que consideró más oportunos, pues aunque carecían de reflectores, procuró con el emplazamiento sacar el mejor partido de la posición, emplazándolos hacia los sitios donde el enemigo podía avanzar más racionalmente, a fin de que, aunque disparados en la oscuridad los tiros, lograsen el mejor resultado posible.

Preparadas a todo evento estaban las fuerzas cuando acaeció el suceso sangriento que relatamos.

Había llegado la hora del rancho. Habían quedado en sus puestos los oficiales y soldados que estaban de servicio. El resto de la fuerza se hallaba, los oficiales en la cantina, los soldados en el reparto de su modesta comida.
El capitán Guiloche, que tenía a su familia en Melilla, había recibido la comida de su casa, llevada por su asistente, y atento al cumplimiento de su deber, no se separó de la pieza que servía; junto a ella se dispuso a comer, por no faltar un momento a su obligación de militar pundonoroso y aguerrido.

En esto, los moros, que, sin duda, espiaban escondidos entre los accidentes del terreno, todos los movimientos de nuestras tropas, aprovecharon el momento en que habían quedado solos los que reglamentariamente debía de ocupar los puestos, y se lanzaron como una avalancha sobre nuestros soldados.

El momento fue terrible. El ataque impetuoso, verdaderamente salvaje. El valor y ardimientos de nuestras tropas, heroicos sobre toda ponderación. No hay palabras para describirlo con todos sus verdaderos colores.

Al oír los primeros tiros y los alaridos de la morisma, oficiales y soldados, todos cuantos se hallaban un poco alejados de las posiciones avanzadas, comprendieron el riesgo en el que se hallaban sus compañeros, y corriendo, mejor dicho volando, se lanzaron en su socorro.

El primero que acudió fue el comandante Royo, el cual comprendiendo rápidamente lo que pasaba exclamó: “¡El capitán Guiloche está perdido!” y se lanzó como una flecha en socorro de su desdichado compañero.

Era tarde, no obstante. El heroico capitán Guiloche, después de defenderse como un león (no es frase retórica, como un león) había muerto de un golpe de gumía que le cercenó el cuello.
Pocos momentos después perdía la vida, también luchando heroicamente contra infinitos enemigos, el noble y pundonoroso comandante Royo.

Entretanto nuestras fuerzas se habían rehecho, habían llegado todos los soldados, se habían ordenado con rapidez maravillosa, y lograr tenerlos a distancia en respeto al enemigo.

La llegada de los refuerzos del señor López Ochoa, que hizo verdaderos prodigios de valor y serenidad, salvó la situación. Ordenó las descargas a la voz de mando de modo que no se perdiera un tiro, haciendo retroceder al enemigo con enormes pérdidas. La acción estaba ganada y vengados nuestros hermanos por el momento.

Un detalle importantísimo conviene hacer constar para conocimiento de lo presente y enseñanza para el porvenir.
Como es sabido los moros se llevaron 13 mulas, un caballo, una tienda y algunas armas; pero todo esto no se lo llevaron por la fuerza de los asaltantes; se lo llevaron los individuos de la Policía mora, los marroquíes que pelean al lado de España, de los cuales, a los primeros tiros desertaron más de la mitad, llevándose cuanto pudieron, y que es así, lo prueba el hecho de que las alambradas no fueron cortadas de fuera a dentro por los asaltantes, sino de dentro a afuera, por los que al abrigo de ellas se hallaban.

Esto es lo ocurrido en el terrible encuentro del Atalayón, donde no se sabe que admirar más, si el valor y la serenidad de los jefes y oficiales, o el entusiasmo y la disciplina de los soldados.
¡Acompáñeles la fortuna en proporción de su constancia y de su patriotismo!...”

La muerte del comandante D. José Royo de Diego, tuvo incluso alcance político ya que según se publicaba en el periódico “La Correspondencia de España”, de fecha 6 de agosto de 1909, que:

“…Alcance Político. Se indica para el gobernador de Barcelona al de La Coruña, Sr. Crespo de Lara. Cuando supo el fallecimiento de su camarada el comandante de Artillería Sr. Royo, pidió al gobierno la vacante (frente al enemigo) y el gobierno contestó que había diversas maneras de servir a la Patria, siendo una de ellas gobernando una provincia…”

Al parecer, según se publicaba también en prensa y calificándolo como hecho heroico, los moros intentaron llevarse los cadáveres del comandante Royo y el capitán Guiloche, hecho que impidió un pelotón de artilleros, capitaneados por los capitanes de Artillería Sr. Pastorfido, Sr.Trujillo y Sr. Barbeta y los tenientes Sr.Judel, Sr. Espinosa y Sr. Zabaleta, los cuales consiguieron rescatarlos abriéndose paso revólveres en mano y trasladándolos a la tienda que ocuparon en vida. Este episodio de nuestra historia, y en el que participó la compañía de López Ochoa, destacábalo el periódico “La Correspondencia de España”, de fecha 26 de julio de 1909, como nota saliente del día.

La Cruz Laureada de San Fernando.

A ambos militares, y a propuesta del general Marina, se les propuso por su heroico comportamiento para que les fuera concedida la Cruz Laureada de San Fernando, quedando tal propuesta recogida en el periódico “La Correspondencia de España”, anunciada de tal manera:

“…Según ha manifestado el general Marina, ha dispuesto que se abra juicio contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada al comandante Royo y al capitán Guiloche, por su heroico comportamiento en el combate que les costó la vida…”



En las noticias oficiales, procedente de Melilla, en fecha 19 de julio de 1909, a las 8:45 horas de la noche, el general segundo jefe, ordenaba vía telegrama, la apertura de juicios contradictorios para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al comandante Royo y al capitán Guiloche, por el comportamiento observado en la defensa de sus piezas durante el ataque a la posición de Sidi-Ahmed-el-Hach, publicándose en “El Imparcial”, en fecha 21 del mismo mes.

De hecho y al respecto en un banquete ofrecido en Madrid con motivo de la marcha del 2º Regimiento de Artillería de Montaña, cuyas baterías procedentes de Vitoria y que marchaba a Málaga para embarcar hacia Melilla por pertenecer a la primera Brigada Mixta, a los postres, se levantó el general Fernández Grande recordando en bellísimas frases al parecer, que se habían iniciado los dos primeros juicios contradictorios para conceder al comandante Royo y al capitán Guiloche, la Cruz Laureada de San Fernando.

En fecha 12 de agosto de 1909, el rotativo madrileño “La Época” publicaba que por méritos contraídos en los combates de los días 9, 18, 20, 22, 23 y 27 de julio y, 1º y 3º del actual (agosto), los jefes y oficiales eran ascendidos al inmediato empleo superior, entre otros, el comandante D. José Royo de Diego (teniente coronel) y al capitán D. Enrique Guiloche Bonet (comandante).

El 25 de octubre de 1910, se presentaba en el Senado una proposición de Ley mediante la cual el senador Sr. Maestre, solicitaba al Senado se sirviera declarar que el comandante Royo y al capitán Guiloche, ambos del Arma de Artillería, muertos heroicamente la noche del 18 de julio de 1909, defendiendo sus piezas de artillería y no abandonarlas en Sidi-Ahmed-el-Hach, eran merecedores de la Cruz Laureada de San Fernando ya que habían dado su vida por España. El acta en la que figuraba dicha proposición, fue aprobada a la mañana siguiente 26 de octubre.

Les fue concedida a ambos, la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase el 22 de abril de 1910.

Entierro del comandante Royo y del capitán Guiloche.

El 19 de julio de 1909, los cuerpos del comandante Royo y del Capitán Guiloche, fueron trasladados junto al del teniente coronel Ceballos y los de los soldados muertos a Melilla, donde quedaron depositados en el Hospital Militar de dicha Plaza, verificándose el entierro de los militares el mismo día 19 de julio a las cinco de la tarde, previéndose la asistencia de toda la población civil de Melilla, oficiales francos de servicio y Comisiones de los Cuerpos. Las fuerzas de Infantería y Artillería, les rindieron honores. La viuda del comandante Royo, desembarcó en Málaga el 25 de julio de 1909, proviniendo de Melilla y habiendo hecho la travesía en el vapor “Menorquín”. Ambos, recibieron cristiana sepultura en Melilla con todos los honores.

Por Hans Nicolás Hungerbuhler



- Fuentes. “La Correspondencia de España”, núm.18.787, pág. 2, de fecha martes, 20 de julio de 1909.
- Fuentes. “Wikipedia, enciclopedia libre en Internet”.
- Fuentes. “Web del pueblo de Mentrida (Toledo)”.
- Fuentes. “Web de historia en Internet, El Gran Capitán”.
- Fuentes: “La Correspondencia de España”,Madrid, núm.18.788, pág 1, de fecha miércoles, 21 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Correspondencia de España”,Madrid núm. 18.789, pág. 2 de fecha jueves, 22 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Correspondencia de España”, Madrid, núm. 18.790, pág. 2 de fecha viernes, 23 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Correspondencia de España”,Madrid, núm. 18.791, pág. 2 de fecha sábado, 24 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Correspondencia de España”, Madrid, núm. 18.793, pág. 3, de fecha lunes 26 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Correspondencia de España”, Madrid, núm. 18.804, pág.6 de fecha, viernes 6 de agosto de 1909.
- Fuentes. “La Época”,Madrid, núm 21.096, pág. 2, de fecha lunes 19 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Época”,Madrid, núm. 21.097, pág. 2, de fecha martes 20 de julio de 1909.
- Fuentes. “La Época” Madrid, núm.21.120, pág,2 de fecha jueves 12 de agosto de 1909.
- Fuentes. “El Imparcial” Madrid, núm. 15.220, pág 2, de fecha domingo de 25 de julio de 1909.
- Fuentes. “El Imparcial” Madrid núm.15.218, pág 2, de fecha viernes 23 de julio de 1909.
- Fuentes. “El Imparcial” Madrid, núm. 15.216, pág 2, de fecha miércoles21 de julio de 1909.
- Fuente. “La Vanguardia” Barcelona, pág. 7, de fecha martes y miércoles 25 y 26 de octubre de 1910


Cubierta y página del fascículo núm. 1 de España en sus Héroes. Madrid, 1969