ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

martes, 17 de marzo de 2009

Ibáñez Marín
















Teniente Coronel del Batallón de Cazadores de Figueras núm. 6, D. José Ibáñez Marín, muerto en acción de guerra, durante los combates del 22 de julio de 1909

El Teniente Coronel D. José Ibáñez Marín.

Militar, escritor e historiador, nacido en Enguera (Valencia), el 8 de marzo de 1868, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo a los 12 años en 1880, lugar de donde saldría con su promoción, el 10 de julio de 1883 con el empleo de Alférez de Infantería. Sus notas de concepto, que mantuvo en su honor a lo largo de su carrera, le acreditaron desde las aulas, el valor como gran prenda de un soldado aunque no la única, mucha aplicación y capacidad, intachable en puntualidad y conducta, salud robusta y una instrucción fundamental siempre creciente en la ordenanza que es el Credo del Soldado, en táctica y procedimientos militares, detall, contabilidad, teoría y práctica del tiro y arte militar. A finales de agosto de 1.884, ingresa en la Academia General Militar, para ampliar allí sus estudios técnicos, de donde sale con el empleo de teniente el 17 de agosto de 1.887. Destacó por su aplicación e instrucción, alcanzando a saber italiano, francés y alemán. Al año siguiente en 1.888, estaba destinado como teniente, en las Secciones de Ordenanzas del Ministerio de La Guerra en Madrid, de guarnición en Madrid.

En 1890, auxilia en los trabajos de la Junta encargada de redactar el proyecto de la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, de la que por Real Orden de 4 de octubre de dicho año, se le encargó la Secretaría, cosa que hizo y que compaginaba con la enseñanza dado que impartía clases en la Academia de Infantería de Toledo.

En colaboración con el comandante D. Pedro A. Berenguer, imprimió el “Folleto Ruíz de Mendoza, héroe de la independencia nacional” (Madrid. Imp.y litgr. De Julián Palacios), siendo premiado por este trabajo con la Cruz al Mérito Militar de primera clase, con distintivo blanco y la Orden de Carlos III, la cual fue otorgada por Real Orden de 22 de junio de 1.891, influyendo en la concesión de esta última, los trabajos históricos y militares, efectuados en la “Revista Técnica”.

Siendo uno de los mayores colaboradores de la “Revista Técnica de Infantería y Caballería, contrajo matrimonio con Carmen Gallardo y Martínez Gamero hija del fundador de “Revista Técnica”, teniente coronel D. Mariano Gallardo Moreno y, emparentada con el erudito, bibliófilo y hombre de letras, D. Bartolomé José Gallardo. De ella, se dijo y cito textualmente, “…lejos de desviar la eficacia de su acción por estas circunstancias, halló en ella misma el estímulo de su mayor aplicación; pues Ibáñez Marín había tenido el gusto y el acierto de elegir para compañera de su vida, una dama de una instrucción excepcional, impulso, y no rémora, de todas las operaciones intelectuales de su marido, en muchas cosas su colaboradora más eficaz, y cuyo ingenio y talento hubieran bastado para perfeccionar el balance de sus facultades, siendo en todos sus sentimientos la perfecta regularidad y la perfecta moderación…”. Entre 1908 y 1909, ascendió a comandante.

Este mismo año de 1892, recibe una nueva mención honorífica, por una nueva publicación, “Rusia militar y guerra europea”

Por Real Orden de 5 de noviembre de 1.892, se le confirió una comisión para viajar al extranjero, concretamente a Francia, Bélgica, Italia, Austria, Alemania y Rusia, iniciándose el 10 de noviembre de ese año y finalizando el 28 de febrero de 1893, siendo el motivo de este viaje una memoria de la cual, debería de efectuar al final del mismo, la cual era relativa “Organización del Arma de Infantería, vestuario, calzado y equipo y reglamentación de la misma en cada uno de estos países, y finalmente una noticia detallada de la manera de cómo estaban constituídos los casinos, círculos militares y cualesquiera otros centros de instrucción o recreo de sus ejércitos”, la cual no fue publicada y al parecer está inédita. Este viaje, de mero estudio, fue también su viaje de novios.

En 1898, fue nombrado director de “La Revista Técnica de Infantería y Caballería”. Ese año de 1898, participa en la Guerra de Cuba, lugar donde escribirá una biografía sobre el “general Martínez Campos”.

Escribió numerosas obras técnicas e históricas sobre el ejército español, colaborando en muchas publicaciones de la época. Fue socio del Ateneo de Madrid, impartiendo en el mismo, la Cátedra de Ciencias aplicadas al Arte Militar. Fue el fundador y primer presidente de la Sociedad Militar de Excursiones.

Otras obras del teniente coronel Ibáñez Marín fueron:

- 1893, Madrid “Recuerdos de Toledo”.
- “1899, “La educación militar"
- 1900, “Estudios militares y políticos”.
- 1901, “La guerra en el África del Sur”
- 1902, “Columna Volante (primera ración de artículos)”
- 1902, “Lusitania y su primer Coronel, Marqués de la Mina”
- “Un estudio sobre el militar Jaime Miguel de Guzmán Dávalos Spínola, *Sevilla1689, +Barcelona 1767”
- 1905, “Don Quijote y las armas”, en el Ateneo de Madrid en el III Centenario.
- 1906, “La guerra moderna: Campaña de Prusia de 1806”.
- 1908, “Bibliografía de la Guerra de la Independencia.
- 1909, “El Mariscal Soult en Portugal: campaña de 1809.”
- Póstuma, “Educadores de nuestro ejército”.

El teniente coronel jefe del batallón de Cazadores de Figueras número 6, falleció en los combates del Atalayón, (Melilla).

Unidades y regimientos que tomaron parte en los combates del 22 de julio de 1.909.

- Brigada Disciplinaria.
- Regimiento de África.
- Regimiento de Melilla.
- Batallón de Cazadores de Figueras , recién desembarcado en Melilla.
- Batallón de Cazadores de Barbastro, recién desembarcado en Melilla.
- Batallón de Cazadores AlfonsoXII.
- Batallón de Cazadores de Barcelona.
- Artillería.

Los combates.

Bajo el título “Episodios de un sangriento combate”, el periódico madrileño del 25 de julio de 1909, “La Correspondencia de España”, daba la noticia de lo acaecido en aquellas jornadas en la lucha habida entre el ejército español y los kabileños, en las cercanías de Melilla. Los sucesos, fueron los siguientes y cito textualmente la noticia, la cual era dada a conocer a la opinión pública bajo los titulares que se citan:

“…La audacia mora y el heroísmo español. Episodios de un sangriento combate. Más detalles del combate. Ampliación de noticias.- Una confidencia. Contra el parque de aprovisionamiento.-Ataque a los de Mezquita, amigos de España.-Álvarez Cabrera y Aizpuru y Baños.-Distribución de las baterías.-Desarrollo de las operaciones.-Cañoneo.-Ataque del batallón disciplinario.-En el momento crítico, faltan municiones.-Disparos certeros.-Cajas de los moros.-Momento horrible.-Cuerpo a cuerpo.-Salvando un cañón.-Actos de heroísmo.-Como murieron Álvarez Cabrera, Cuevas y otros jefes y oficiales.-Han combatido 16.000 moros.-Otras noticias.-Heroico comportamiento de los vecinos de Melilla.

Melilla (Sábado mañana). Ampliando las noticias que envié respecto del combate del día 22 remito los siguientes detalles:

Próximamente a las nueve de la noche se recibió la última confidencia haciendo saber que la harka enemiga, en mayor número que en los días anteriores, preparaba un golpe de audacia, del cual no se la hubiera creído capaz, contra el parque de aprovisionamientos militares establecido en los almacenes de la segunda caseta, porque es de una necesidad y una importancia extraordinarias para nuestro ejército.
Intentaba a la vez atacar a parte de la kábila de Mezquita, que es amiga de España y que está a cuatro kilómetros de la plaza.
En vista de semejantes noticias se tomaron todas las medidas necesarias para rechazar el ataque.

Antes de las cuatro de la mañana, 2 compañías de la brigada disciplinaria, que manda el teniente coronel Aizpurua (Aizpuru), dirigidas por dicho jefe se dirigieron rápidamente a tomar las alturas de Mezquita, mientras el bizarro coronel Álvarez Cabrera, al frente de las compañías de África y Cazadores recién llegados, se dirigió a Sidi Musa, con objeto de proteger la posición de la segunda caseta, en combinación con el teniente coronel Baños, que con antelación se hallaba posicionado en Sidi Musa.


Habíase dado con premura la colocación de la artillería, que fue distribuida en esta forma:

- Una batería completa en el fuerte de Sidi Guariach.
- Otra en el fuerte Camellos.
- Otra en el Hipódromo.
- Otra en las posiciones del teniente coronel Baños.
- Otra en las posiciones del general Imaz.Vease como se desarrollaron las operaciones:

El batallón disciplinario, avanzó cautelosamente, en silencio, con verdadero misterio, procurando sorprender al enemigo, que se hallaba oculto entre las piedras y las chumberas pero no pudo encontrarle en este primer avance.
En cambio, desde la posición en que se encontraba el general Imaz se veía a los moros perfectamente, por lo cual, enfilando hacia ellos la batería, se empezó a hacer fuego, castigándoles duramente.
Lo mismo aconteció desde la posición del teniente coronel Baños, obligando a los moros, en vista de las grandes pérdidas que sufrían, a correrse hacia el barranco de Mezquita. Entonces fue cuando el batallón disciplinario encontró a los moros, y hostilizado por estos, rompió un fuego nutrido.

A las seis de la mañana dio comienzo el combate, que se sostuvo con una rudeza extraordinaria. El batallón disciplinario se bate con un heroísmo admirable. En el momento más culminante le faltaron las municiones a los soldados. La situación era crítica en extremo. El enemigo redoblaba su empuje con una tenacidad formidable. Los nuestros conservaron su serenidad.
Avanzó la Artillería, disparando los cañones con notable precisión. Las bajas que nuestros disparos hacían en los rifeños eran enormes.
Sin embargo los moros, movidos, como siempre por un fanatismo delirante, daban tremendos alaridos y no había fuerza humana que les hiciera retroceder. El combate en aquellos momentos alcanzó proporciones de leyenda. Españoles y rifeños habían llegado a estar cuerpo a cuerpo y luchaban encarnizadamente.

Nuestros soldados, ante el temor inminente de verse obligados a perder terreno, organizaron con rapidez increíble una carga a la bayoneta, que contuvo por el momento al enemigo y consiguió hacer en el campo rifeño muchísimas bajas.

La audacia de los moros era tan grande que consiguieron apoderarse de uno de nuestros cañones; pero nuestros soldados enardeciéronse entonces más que nunca, y sembrando la muerte entre los que se habían atrevido a tanto recobraron la pieza.
Los que realizaron este acto heroíco de recuperar el cañón fueron el abanderado del disciplinario Sr. Carrasco; el oficial Sr. Astal y cuatro soldados, entre ellos un artillero llamado Privato Martínez, que fue el primero en aproximarse al cañón, con gravísimo peligro de morir y apoderarse de él.
Martínez se abalanzó al enemigo con un ímpetu loco, gritando furiosamente:- “Esta pieza es mía y nunca me separaré de ella”-.

El batallón disciplinario ha tenido, como puede suponerse por el relato anterior, gran número de bajas. El coronel Álvarez Cabrera que alentando a sus soldados, al frente de su columna, avanzó bajo un fuego terrible de los kabileños, murió heroicamente al frente de sus tropas. Con no menos bravura perdieron la vida el capitán D. Fernando Cuevas y otros dos oficiales. Hay otros oficiales y soldados heridos.

Desde nuestras posiciones del Hipódromo y de Sidi-Guariach se hizo nutrido fuego de metralla sobre el harka. Los moros, sin embargo, viendo estoicamente caer a sus compañeros en verdaderos racimos de muertos, avanzaban con fiereza, cada vez mayor, centuplicándose, sus gritos, sus saltos, sus acometidas furiosas.
Desde la plaza se les veía avanzar por las lomas sin temor al diluvio de proyectiles que sobre ellos caía. Se calcula que los combatientes moros ascendían a 16.000.

Todos los batallones de Cazadores han entrado en fuego. Combatían en nuestras filas los Regimientos de África, de Melilla, el Disciplinario, un escuadrón de cazadores y artillería.

Es imposible saber con exactitud el número de bajas de nuestras tropas. Se cree sin embargo, que hay más de 150 heridos.
Entre los heridos figura el capitán del disciplinario Sr. Gil. También están heridos el teniente Molina y el capitán Borrero. Ambos pertenecen al batallón de Figueras, que entró en fuego cuando apenas hacía una hora que había desembarcado, y, a pesar de su natural fatiga, se batió con una actividad y un brío dignos de las mayores ponderaciones.
De la guerrilla Cuevas sólo han quedado un teniente y el ordenanza del coronel Álvarez Cabrera.

El enemigo ha tenido un número grandísimo de bajas. La cifra es incalculable ; pero se supone que ha de ser enorme.

Tengo absoluta imposibilidad de dar detalles concretos todavía acerca de los muertos y heridos en el combate, porque estos momentos son de tal confusión y circulan tan diversos rumores, que toda hipótesis no podría de menos que ser aventurada y expuesta a error.

Los paisanos se han hecho notar también por su admirable comportamiento. Su amor al Ejército se ha puesto de manifiesto una vez más. Salían los paisanos de Melilla, hasta los puestos de mayor peligro de nuestras avanzadas, para auxiliar a los oficiales y soldados heridos con toda la mayor rapidez posible. Llevaban los habitantes de Melilla toda clase de vehículos para recoger a los heridos. Las gentes se disputaban por ser los primeros en poner al servicio de tan noble empresa los coches y caballos de su propiedad. Muchos melillenses avanzaban con grave riesgo de su vida para ayudar a llevar municiones al campo.
Uno de los paisanos referidos, el señor Egea, fue víctima de su valor, y cayó herido por una bala de los rifeños.
Las camillas recogían a los heridos, y eran tantas, que formaban una procesión imponente.

El general Marina y el general Real estuvieron constantemente en las líneas de fuego, haciendo alarde de valor y estimulando con su noble ejemplo –aunque, en verdad, no necesitaban nuestros soldados de estímulo alguno, porque su ímpetu no decayó un instante- el ardimiento de las tropas españolas.

Cuando desembarcaron los batallones de Figueras y de Barbastro, fueron acogidos en Melilla con un entusiasmo que tocaba en el delirio. Por do quiera resonaban estruendosos vivas a España, cantos e himnos de guerra. Una hora después , según manifesté antes los de Figueras y Barbastro entraban en fuego. El espíritu de las tropas es admirable.

Después de ocho horas de combate rudísimo , el enemigo se retiró a las alturas del Gurugú.

Ha sido herido un médico que curaba a los heridos en la línea de fuego.

El combate ha terminado a las nueve de la noche, ocupando nuestras tropas posiciones en los límites de los campamentos, con tan heroico esfuerzo ensanchados.

Según el parte oficial, han muerto un coronel, un teniente coronel y cinco oficiales, y hay 17 jefes y oficiales heridos. El número de soldados muertos y heridos el parte oficial no lo determina, ciñéndose a hacer constar que hubo sensibles bajas. Telegrafiaré nuevos detalles con toda urgencia, si la censura me lo permite…”

¿Cómo murió el teniente coronel Jefe del Batallón de Cazadores de Figueras número 6, D. José Ibáñez Marín?.

El batallón de Cazadores de Figueras número 6, fue uno de los que desembarcó en Melilla el día 22 de julio de 1909. Al frente del mismo, iba el teniente coronel, D. José Ibáñez Marín, militar muy notorio dada su amplísima formación académica y su tan activa participación en la vida cultural de España y en la historia militar. Dicho militar junto a su batallón, después de recibir una calurosa bienvenida en Melilla, no tardó más de una hora en entrar en combate. Según recogía el periódico madrileño “La Época” del 25 de julio de 1909, la muerte del citado jefe, acaeció de la siguiente forma (textual):

“…Puedo ampliar algún detalle de la muerte del heroico teniente coronel Ibáñez Marín, ocurrida cinco horas después de haber desembarcado.

Se había dado orden por el general Marina de replegarse de las posiciones conquistadas en un avance de dos kilómetros, al enemigo, haciéndose la operación con tal orden y precisión, que más que ejecutado en el campo de batalla, parecía efectuarse en un campo de maniobras.
Al replegarse, cada compañía cantaba su número, y otra quedaba escalonada, haciendo fuego al enemigo.

Ibáñez Marín dio orden de hacer alto para proporcionar un pequeño descanso a sus Cazadores de Figueras; pero los rifeños aprovecharon aquellos instantes, y avanzaron sobre los soldados, haciendo un fuego horrible. Dos balazos en la cabeza cortaron la vida del ilustre jefe. En el bolsillo interior de su guerrera se encontraron 575 pesetas…”

La muerte del teniente coronel D. José Ibáñez Marín, se dio a conocer a la opinión pública en la siguiente noticia. Sentir de los periodistas, (textual):

“…Después del combate, por Ibáñez Marín. (Melilla) (sábado noche). Dolíame anoche amargamente de las tristes circunstancias que habían rodeado la muerte trágica del coronel de Infantería D. Venancio Álvarez Cabrera.

La fatalidad, obligada acompañante de las desdichas de la guerra nos preparaba para muy pronto otro tremendo golpe: la muerte de D. José Ibáñez Marín, teniente coronel del batallón de Cazadores de Figueras, número 6. Era suficientemente conocido en Madrid y estaba de sobra reconocida su alta reputación científica y literaria para que yo me dedique ahora por cable a trazar la silueta de quien acaba de morir gloriosamente. He de limitarme, pues, a reflejar la honda impresión aquí causada por su muerte.

En términos generales, por las circunstancias en que ha ocurrido.-Acabado de desembarcar, fue con su batallón en apoyo de las posiciones atacadas. Los proyectiles enemigos no tardaron en cortar para siempre su vida gloriosa.

Y en círculo más estrecho, más personal, huelga decir la pena que había de embargarnos a quienes pertenecemos a la familia periodística, de la que formó parte D. José Ibáñez Marín, formando en ella, por su brillantez, en las avanzadas formó en el preciso instante de morir por la patria.
Justo era que los escritores y periodistas que aquí nos encontramos contribuyésemos a honrar al ilustre muerto.
Una corona con dedicatoria sentida nos ha servido para exteriorizar, de modo tangible el dolor.
A ella he contribuido , en nombre de “LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA” teniendo el triste consuelo de acompañar el cadáver, que trasladado al cementerio recibió sepultura, mientras el batallón que tuvo a su mando rendía los honores, reflejándose en las caras de todos los presentes la honda pena generalmente, sentida…”




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