ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

domingo, 10 de mayo de 2009

El combatiente rifeño (2/3)
















El alma rifeña



En el fascículo núm. 5de la colección editada en 1969, titulada “España en sus héroes”, en artículo titulado “El alma del rifeño” y firmado por las iniciales L.S.G, (Luís Saez de Govantes), se define al rifeño como admirador de la inteligencia del cristiano. En dicha publicación, queda recogida una anécdota protagonizada por el Roghi que había mandado a Uixán a buscar a Tebib Arrumi para que curase en Zeluán al caíd Buchaid.
Al ver que el Tebib vestía como un europeo pero tocado con el clásico fez, el Roghi le dijo:
“…¿Por qué llevar tu traje español y sombrero moro?. Yo no quiero eso; yo quiero verte vestido de moro y con sombrero cristiano. Yo quiero tu cuerpo, tu corazón, de rifeño; tu cabeza de español…”
Sobre el rifeño, se continuaban en dicho artículo, citando sus características y forma de comportarse, las cuales eran (textualmente):
“…El rifeño ama el dinero sobre todas las cosas. El dinero tiene valor en todas partes y se puede decir que en todos los tiempos. Pero en el Rif posee además un mágico poder. Más que Alá, el dinero es el dios, y la codicia el principal sentimiento. No hay que hablar pues de religiosidad o fanatismo, de guerra santa y de odio al cristiano. El dinero, sólo el dinero, está ppor encima de Dios y de la ley escrita del Profeta. Aunque eso no impide que tenga conocimientos rudimentarios del Corán y sea tolerante con todas las creencias. Cumple con las plegarias, las abstinencias del Ramadán, el respeto a los muertos, la negación a ingerir y tomar bebidas alcohólicas y carnes prohibidas…
No suele entablar polémicas religiosas ni con cristianos ni con hebreos. Para los rifeños, la religión se lleva en el corazón sin necesidad de que tenga que salir a los labios.
Es el rifeño un agudo observador y sabe controlar perfectamente sus ímpetus lo mismo que disfraza sus pensamientos. Da rodeos al hablar, sin exponer jamás con claridad sus ideas. Prefiere qu el interlocutor se gaste, se desnude psicológicamente, sin que él entregue ni descubra nada de su forma de ser. Explota las necesidades ajenas en su propio beneficio, y si es tenaz en pedir es más terco en negar. Es recelosos por naturaleza. Y como teme ser engañado, procura engañar antes. Ama el fusil, ama el caballo y ama la rapacidad, que es ley de vida. Su instinto de robo y pillaje, es algo natural y necesario para subsistir. Por vivir así, con ese signo de violencia, actúa como un guerrillero nato, aficionado a las emboscadas, a los ataques solapados, a los golpes de fuerza, a las incursiones rápidas, a las venganzas… De ahí los “razzias” o ataques por sorpresa. Es bravo, es duro, es austero, es paciente y posee una nobleza especial y ruda, ya que no olvida nunca el bien o el mal recibido. La consecuencia es agradecimiento o venganza. También lleva en sus entrañas un fuerte sentimiento de orgullo . Por ser de esta forma, no soporta el desprecio ni la desconsideración.
Buen guerrero, porque reúne las condiciones ideales para la lucha: serenidad, valor, paciencia y aguante físico. De larga andadura y largas esperas, el rifeño no se deja arrastrar por el torrente de los nervios. Acomete con fiereza, con velocidad, con empuje, porque sabe que debe ser así y porque no teme a la muerte. El combate lo lleva en la sangre. Y para combatir, para embriagarse con la galopada y la pólvora, es capaz de aguantar escondido horas tras un palmito o una roca. Pero con su fusil amorosamente cogido entre sus manos, con la mirada atenta, con todos sus sentidos despiertos. Se adapta al terreno bien y casi puede decirse que forma parte de él, de esa jara dura que lo define. Si es buen infante, es mejor jinete. De cualquier forma, el rifeño sabe guerrear, a su manera pero sabe.
No tiene recato en huir si las cosas vienen mal dadas. No tiene escrúpulos de conciencia cuando corre hacia atrás, lo mismo que va ciego hacia adelante, hacia la muerte tal vez. Para él, combatir no sólo es luchar cara a cara, sino ganar como sea, conseguir un objetivo como mejor pueda lograrse.
La huída de hoy puede ser una fase de mala suerte para el triunfo de mañana; un procedimiento, un amago o una fatalidad. Si retrocede lo hace sin remordimientos. Otra jornada será la que traiga el fin propuesto de victoria. Su táctica de guerrilla, a veces con grandes masas, está basada en el terreno y en un estilo que la vida le ha impuesto. El rifeño combate así porque así son sus circusntancias, las de su existencia dura, las de su idiosincrasia.
L.S.G…”
Físico rifeño.
Según una descripción dada de Ismaar, uno de los hijos de El Chaldy, el verdadero tipo rifeño era el de una persona enjuta, fuerte y de tez amarillenta. Por otro lado, los europeos cuando visitaron el Rif, se encontraron que una gran proporción de ellos, eran individuos de piel clara, con ojos azules, grises y verdes, con pelo rubio y pelirrojo.




Censura
Impresiones de campaña.
“…Melilla 23. Si el lector se hubiese hallado alguna vez en el mismo caso en el que se encuentran los corresponsales de los periódicos de Madrid y de provincias que han venido a Melilla para informar de los sangrientos acaecimientos que se desarrollan en esta parte del Riff, perdonaría las inevitables omisiones en los detalles y la natural confusión que se observa en el relato de los combates, confusión que es muchas veces reflejo de la misma en que acaecen.
Como hemos convenido señalar como signo de buen Gobierno la decisión adoptada por el que nos rige de que la opinión no conozca sino una parte de lo que más le interesa, aunque la verdad a medias sea mil veces más perniciosa y de más funestas consecuencias que la mentira, la censura ha encontrado excelente campo de acción en los relatos telegráficos que se envían desde Melilla a los periódicos españoles, y el lápiz rojo tacha sin piedad líneas y líneas, infinitos grupos de palabras, que algunas veces expresan lo más interesante, aunque sea lo más doloroso, quizás la noticia sensacional que costó al periodista salir hasta las avanzadas, exponiéndose en ocasiones a que una bala del enemigo acabase de una vez y para siempre con la información y el informador.



Pero como todo esto parece ser inevitable, hay que aceptarlo, creyendo firmemente que la contrariedad es sufrida en igual proporción por todos los periodistas, que, por serlo pasan amargas horas de inquietud y de vigilia, se dan caminatas fatigosas a través de estos incultos campos y obligan a sus periódicos a hacer enormes gastos, inútiles muchas veces.
La verdad de la actual campaña, la que no puede dejarse deslizar siquiera por el cable, ni envuelto en el laconismo del estilo telegráfico; la dolorosa verdad que debe conocer España, es que en cada nuevo combate que nuestras tropas sostienen contra los moros, la harka enemiga aumenta de un modo aterrador y que las kábilas de la parte oriental del Rif se verán pronto auxiliadas con la colaboración guerrera de todo el centro rifeño.
El contingente de adversarios que hoy reúnen las fracciones de Guelaia llamadas Beni-Buifrur, Beni-Sidol y Beni-Flakan, y las de Beni-Bu-Iahi, Tafersit, Beni-Ul-lirec y algunas de Tamensan y de Beni-Uriael, es respetable por el número, por el armamento y por el empuje que demuestran en la acometida. Después del combate del día 18, en que cayeron en poder del enemigo algunas mulas de nuestras tropas, que fueron paseadas como trofeo y botín de guerra en algunos zocos de las kábilas próximas, las predicaciones de los jefes rifeños rebeldes han producido nuevos guerreros, que por todas partes encuentran voluntarios para la guerra santa y leales adictos a Si Mohamed Mesian, de Zgangan, a Hach Omar M’Falsi y al Chadly, actuales caudillos de las huestes rifeñas que pelean contra España.
Mañana, como digo más arriba, a estas kábilas y fracciones de kábila se unirán todas las del Rif central, y entonces seguirán su ejemplo las del valle de Iuaun y las del Garb-el-Isar, gracias a las excitaciones del cherif Ajamrix, más venerado y de más fuerza religiosa y política que los actuales caudillos, el cual parece no esperar más que una ocasión favorable para servir a su fanatismo para pelear contra los cristianos.
De los zocos del interior, en donde la noticia de los últimos sucesos ha causado extraordinario ardimiento, llegan a la plaza de Melilla noticias que demuestran el espíritu guerrero que alienta los traidores corazones rifeños. Cada uno de los moradores de estas kábilas vende sus ganados, sus granos, todos sus bienes, en suma, para adquirir armamento y municiones, viéndose en manos de nuestros enemigos fusiles máuser de los últimos modelos, con cartuchería de 1907.
Si los de Guelaia no son excelentes guerreros, si no se hacen temer por su bravura, en cambio, los de Beni Bu-Iahi y los de M’talsa, que unidos disponen de unos 20.000 fusiles, son terribles luchadores, que combaten con imponderable arrojo. Algunas fracciones de estos últimos son los que han tomado parte en los combates de los días 18 y 20 del actual, los que llegaron a romper las alambradas del campamento del cuartel general, los que, colocados detrás de las chumberas y de las piedras, esperan horas y horas la ocasión de dar la acometida decisiva, sin cuidarse para nada de las segura muerte que les espera en la boca de nuestros cañones.
Los de Beni Said y los de Beni Ul-lixec, que disponen de cerca de siete mil fusiles, no son, en general tan bravos como los M’talsa y los Beni Bu-Iahi. Sin embargo algunas fracciones, tales como las de Uardana y Taielut, pueden competir en empuje y en desprecio de la vida con las más feroces de todo el Rif.



Se puede, pues, asegurar que, reunidas todas las fracciones de las kábilas que pelean hoy contra España, no sumarán más de siete mil fusiles; pero el día en que el ejército español avance hacia Nador y Zeluán, todas las kábilas citadas podrán oponerse al paso de nuestros soldados con más de treinta y cinco mil fusiles y unos mil doscientos cincuenta caballos, sin olvidar tampoco que entre todas las kábilas del Rif poseen más de treinta mil fusiles modernos.
Pero ese enemigo formidable será y es, aún más temible que por el número y por su empuje, por la singularísima y traidora táctica que emplea en la lucha. No son enemigos francos y leales que pelean pecho a pecho y frente a frente; sopn traidores que se reúnen a favor de las chumberas, de los brezales y de los accidentes del terreno, marchando uno a uno, arrastrándose por el suelo, tomando caminos distintos para llegar a un punto determinado.
Uno, oculto entre las piedras, hostiliza a las tropas españolas ; estas contestan con una descarga de fusilería, dirigida al sitio de donde partió la agresión, y en aquel momento treinta o cuarenta fusiles enemigos, emboscados a cien metros del lugar del primer disparo, hacen fuego contra nuestros valientes soldados, que no sospechaban siquiera tal agresión. Contestan las armas españolas; pero ya el enemigo ha desparecido, cuando una nueva descarga, que parte de otra maleza lejana, les advierte que están rodeados de enemigos.
Los moros no pelean todos con armas. Cada uno de los tiradores suele llevar a su lado a otro, que sin fusil ni arma de fuego de ninguna clase, le acompaña, blandiendo en la amano derecha un largo varal, en cuya extremidad anterior está sujeto un gancho curvo de afilada punta. El fanatismo de los moros no les permite dejar en poder del enemigo los cadáveres de los que mueren en la lucha, y el acompañante de cada guerrero tiene por misión el enganchar con el extremo del váral los muertos, llegando si es preciso hasta las trincheras enemigas para conseguirlo.
De igual modo intentan apoderarse de sus adversarios, y si lo logran sacian con ellos sus sanguinarios instintos.
Un caso he presenciado, que aún me hace cerrar los ojos de terror al recordarlo. Un muchacho , casi un niño, cabo del batallón de cazadores de Mérida, cayó herido de un balazo en la cabeza, hallándose en las avanzadas. Cuando llegó al cementerio de Melilla se veían en su guerrera grandes desgarrones. El infeliz había sido enganchado por uno de los moros que usan ese instrumento de guerra, apoderándose del cuerpo del valiente soldado; con un golpe de gumia casi le separó la cabeza del tronco, y si un grupo de cazadores no logra rescatar el cuerpo de su desventurado compañero, el cruel enemigo le hubiera hecho víctima de salvajes mutilaciones.
Es inútil seguir detallando actos inhumanos que indignan y crispan los nervios.
La importancia de esta campaña, aún no comprendida en España todavía, está reflejada débilmente en los combates de los días 9, 18 y 20 del actual, en cuya relación no insisto porque en estos momentos se está librando uno terrible y doloroso por las bajas que ha causado en nuestro valiente Ejército.
La precipitación con las que escribo estas líneas, después de haber sido testigo de gloriosos hechos y de tristes acaecimientos, no me permite detallar como merece el combate que desde las cinco de la madrugada de hoy 23 de julio sostienen nuestras tropas contra más de 16.000 moros de casi todas las kábilas fronterizas, y de algunas , como las de Beni Burriagel, lejanas…”



El armamento
El Rif era una de las regiones mejor armadas de Marruecos y de las más difíciles de conquistar dado lo accidentado del terreno. El armamento que en dicha región se podía hallar, iba desde el “Winchester” de 16 tiros hasta la espingarda.
La espingarda, era el arma insustituible del marroquí en el interior del Rif. Se decía que ofrecía hasta cierto punto (según narración de Rittwagen), mayores ventajas que un fusil moderno ya que el funcionamiento de este, era complicado para el moro y no era entendido del todo por el tirador. El fusil moderno, requería cartuchos los cuales, no siempre podían ser conseguidos por el contrabando, cierta era la comparación que hacía Guillermo Rittwagen del fusil con el bastón ya que el primero, sin cartuchos y munición, no dejaba de ser y usarse como el segundo. La espingarda, podía ser cargada incluso por piedras y, dada la orografía del Rif tampoco era necesario el disponer de armas de largo alcance, motivo por el cual la espingarda bastaba.
Las armas con las que los rifeños combatían a los españoles, provenían en su mayoría del contrabando, cierto es que cualquier arma de fuego, desde la espingarda de un solo tiro a los “Remington” hasta los “máuseres” robados a los españoles heridos o muertos en el campo de batalla sin olvidar, los que pudieran ser comprados provinentes del contrabando, así como las gumias, piedras y palos, cualquier objeto susceptible de ser usado en un ataque, era hecho servir por el combatiente rifeño, pobre de por sí y dependiendo de su poder adquisitivo, podía comprar más o menos cartuchos sin olvidar tampoco, los procedentes de la rapiña en el campo de batalla, de ahí, la importancia del botín. En la siguiente noticia aparecida en el periódico madrileño, “La Correspondencia de España”, del 26 de julio de 1909, bajo el título “El contrabando”, deja constancia de lo mismo, incluso, se atisba, la sospecha de asesoramiento militar.
“Melilla. (Domingo madrugada). Preocupa seriamente al general Marina y a cuantos siguen con atención el estado del campo enemigo un fenómeno digno de ser anotado.
Los moros han debido de recibir importantes provisiones de armamento y de cartuchería, porque han quemado un número enorme de cartuchos, a gran distancia, cosa que ellos no hacen cuando los cartuchos escasean o van caros, porqué el moro es pobre, y sólo tira cuando sabe que va a hacer blanco.
Muchos de los máuseres y remingtons cogidos en el campo junto a los muertos, o abandonados por los heridos, son nuevos, con las culatas flamantes y las correas aún con la grasa de la fábrica, y el pelillo en su dorso, característico de ser nuevas.
Los cartuchos recogidos son casi todos nuevos y llevan en su mayoría la manteca que les da carácter de recién extraídos de los paquetes. Y como los moros los llevan siempre a granel en sus carteras, y por el roce pierden grasa, se deduce que han sido desembalados y distribuidos hace poco tiempo.



Las alzas
Otro detalle interesante es el de haber recogido varios fusiles de moros con las alzas levantadas para 500 metros; caso digno de ser meditado, pues los moros no usan nunca el alza, y tiran sólo con la mira, por lo cual sus tiros a larga distancia quedan siempre cortos y bajos.
La abundancia de fusiles nuevos y el consumo enorme de cartuchos que han hecho los moros, confirma los recelos que el general Marina tenía acerca de grandes contrabandos de armas, preparados desde hace tiempo y anunciados por los confidentes, por noticias que en los zocos circulaban.
Esos contrabandos no han podido haber sido hechos por mar, porque los cruceros y cañoneros vigilan sin cesar, y se teme que hayan sido realizados por tierra, burlando la vigilancia de nuestros buenos amigos y vecinos los franceses, los cuales sería bueno redoblasen su vigilancia por el Kiss.
El uso de las alzas y en la forma que combatían anteayer son también cosas que conviene no perder de vista, por indicar que entre ellos hay alguien que no ignora el uso del alza, el cálculo de distancias y el empleo de los modernos procedimientos de combate.
Los moros sólo han atacado en masa por la noche, o al amanece, al amparo de la neblina. De día cuando nuestros soldados llevan la ventaja de conocer bien el arma, del cañón y de la disciplina, se presentan desplegados en guerrilla, y solamente cuando se emboscan se les ve reunidos…



El tirador rifeño
El rifeño de por sí, era buen tirador, de hecho, Rittwagen, lo definía así, en su artículo sobre el Rif, publicado en la revista de la época, “La Ilustración Española y Americana” del 15 de julio de 1909 (textual):
“…Los rifeños son en general buenos tiradores, pero solamente con sus espingardas logran hacer buenos tiros, porque desconocen el mecanismo y la práctica del alza de los fusiles modernos, y cuantas explicaciones se les den son inútiles, porque siendo cristianos quienes se las dan, creen ser engañados.
Así como los árabes forman cofradías de carácter exclusivamente religioso, los bereberes todos, y muy en especial los rifeños, se afilian a sociedades de tiro, cuya misión no es más que adiestrarlos en el manejo de las armas.
La sede principal de esta cofradía o asociación de tiradores radica precisamente en el corazón del Rif, y el patrón no fue un santo varón, ningún asceta, como los fundadores de las cofradías religiosas musulmanas, sino un tirador extraordinario que se llamaba Ali-Ben-Nacer, que al igual que Guillermo Tell, derribaba cuantas naranjas se pusiera cualquiera sobre su cabeza y a cualquier distancia.



Hans Nicolás i Hungerbühle



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