ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

domingo, 10 de mayo de 2009

El combatiente rifeño (1/3)








El Rif y los rifeños
Así lo vió la Prensa española en 1909



“…Hubimos de luchar contra cuatro enemigos: el moro, el cólera, la lluvia tempestuosa que anegaba las tiendas de campaña, el hambre…”
José Martínez Ruíz “Azorín”.
(Guerra de África de 1859)


Así definió la campaña de África de 1859 el alicantino Azorín. En 1909, poco o nada había cambiado, pero en las guerras, el factor humano es fundamental, en el combatiente. Esta vez, le ha tocado al moro del que intentaré efectuar un esbozo sobre él.


Ubicación del Rif
Era la zona de influencia de España, reconocida primeramente en tratados particulares efectuados con Francia e Inglaterra y confirmados más tarde, en la Conferencia de Algeciras, al establecerse que los problemas, cuestiones y otros, que pudieran surgir entre España y Marruecos, relativas a las posesiones en la costa Mediterránea, que los primeros pudiesen tener con los segundos, serían una cuestión particular la solución de los cuales les concernía a ellos, sin intervención de terceros.
Se pensaba de forma errónea, que el Rif, era toda la costa de Marruecos, bañada por el mar Mediterráneo, cuando realmente, el nombre de Rif, era dado por los marroquíes a la región que comenzaba en la kábila de Beni-Bu-Frah, ubicada frente al Peñón de Vélez de la Gomera y que terminaba en Melilla, con la kábila de los Kalaias (Kelayas).
Es una zona geográficamente muy extensa, ya que arriba hasta Tetuán desde las montañas que rodean Melilla. Existe diferencia entre el Rif geográfico y el cultural, ya que las montañas cercanas a Tetuán y Chauén, reciben actualmente el nombre de Yebala y sus habitantes conocidos como “yeblis” o “yebala” (montañeses), quienes étnicamente son bereberes pero de lengua árabe. Los rifeños, residen en las zonas alrededor de Nador y Alhucemas en pueblos poco o nada alterados por la presencia colonizadora de España y Francia.


Organización de las tribus rifeñas
De organización primitiva, los lazos de unión entre sus miembros, son religiosos y étnicos, los cuales entrañan unas costumbres, iguales, dimanantes del mismo ambiente en el que viven. Era muy sencilla y al frente de cada tribu, había un KAID, persona y autoridad de cargo electo dentro de la misma tribu, escogido con ausencia de la intervención del sultán, cuya soberanía solía ser desconocida. El kaid, era una autoridad más bien nominal que efectiva. El nombramiento del kaid, era efectuado por la misma tribu reunida en Yema.
La YAMA, era la asamblea constituida por los integrantes del grupo humano que formaba la tribu y donde cada fusil, era un voto. Institución primitiva y de origen muy antiguo, donde eran tratados los asuntos que podían afectar a la tribu. Ordinariamente, era hecha en los zocos, lugares destinados a las transacciones y que marcaban un período de paz, pasando, al estado anárquico en que vivían las kábilas bereberes.


Sobre las Yemas y Asambleas, “La Ilustración Española y Americana” del 15 de julio de 1909, recogía lo siguiente, en un artículo concerniente al Rif y firmado por Guillermo Rittwagen:
“…Las yamas son instituciones primitivas, los orígenes prehistóricos del régimen parlamentario quizás, y se reúnen cuando se trata de asuntos importantes que afectan a toda la tribu. Ordinariamente lo hacen en los zocos, que son los lugares destinados a las transacciones, y que marcan un período de paz al estado de perpetua anarquía en que viven las kábilas bereberes. En las asambleas tribales se forman partidos tal y como en las cámaras, pero con la diferencia de que si también la mayoría pesa mucho, puede la minoría deshacer a tiros la asamblea, sin que haya presidente, ni campanillas que pongan orden, sino cuando yacen por el suelo algunos hombres…”
La yama, ejercía con los marabuts (MARABÚES, santos locales), la acción moderadora entre los rifeños, proponiendo arreglos pecuniarios para toda clase de litigios entre ellos antes de recurrir a la fuerza. Para la policía de los zocos, tenían establecida una tarifa de multas para todos aquellos que disparasen sus fusiles durante su celebración, llegando al grado más severo del fusilamiento. El rifeño, cuando salía de casa, lo hacía armado “hasta los dientes” y escoltado por servidores.


Zoco (Mercado)
Se celebraba una vez por semana, y por kábila , en lugares estipulados tradicionalmente. Sí el territorio de la kábila era muy grande, podían celebrarse dos o más, cosa no obstante no muy frecuente. Los zocos, se efectuaban cada 7 días, es decir cada 7 kábilas, en las cuales, no se repetía hasta pasado ese tiempo (una semana). Los viernes (domingos musulmanes), se celebraban numerosos mercados.
En los zocos, se vendía y compraba productos del país y los que procedían de Europa, traídos por los caravaneros desde Melilla mayormente, los cuales por eso, estaban reducidos a pocos artículos como podían ser el azúcar, el té, las velas, las cerillas, la sémola para elaborar el “cuscus”, plato nacional de todo Marruecos.
Solían terminar los zocos a tiros, sin que la reglamentación de la Yama lograra intimidar a los “merodeadores”, deseosos de sacar “ganancia de río revuelto”. Explicaba Rittwagen que “…Las exhortaciones de los santones y jeques de las tribus no logran poner paz, y a veces ni ellos mismos son respetados, cayendo atravesados por algún balazo, aún a pesar de sus respetables barbas blancas…”
Era por ese motivo, que en algunos zocos, estaba prohibido llevar armas de ninguna especie, en otros, sólo podían asistir las mujeres como en la de Beni-Uriaguel, delante del Peñón de Alhucemas


El rifeño y su carácter belicoso
Sobre dicho rasgo, Guillermo Rittwagen, explicaba en su artículo sobre el Rif (textual):
“…Pero con todas estas aficiones guerreras, los rifeños no son tan temibles como pareciera, aún a tener la ventaja sobre cualquier invasor, de conocer palmo a palmo el terreno. Porque faltándoles repuesto suficiente de municiones para sostener una larga lucha, y viviendo exclusivamente de los escasos productos del suelo, carecerían inmediatamente de recursos para sostener una prolongada contienda, aún a pesar de su excesiva sobriedad.
Entre ellos, sin embargo, las luchas no cesan; solamente en las épocas de la recolección se marca en el Rif un compás de tregua que sólo sirve para que la lucha recomience con nuevo vigor. Combaten unas tribus con otras, cuyas enemistades son seculares, o familias dentro de una misma tribu, por vendetta. Y como la vendetta no tiene nunca fin, resulta que hay familias enemistadas hace siglos por una cuestión baladí que sobrevino entre alguno de sus antepasados.
En caso de guerra contra los cristianos, se hace inmediatamente en cada tribu la estadística de las armas y municiones, que se distribuyen equitativamente entre todos los hombres útiles de ir a la guerra…”
¿Qué pasaba si un miembro de la tribu, rehusaba ir a la guerra?. Era enviado a prisión de forma inmediata, sus bienes y los de su familia, confiscados y no podía recobrar la libertad sino donaba a la tribu una cantidad de dinero por su propio rescate, la cual, iba en consonancia con su riqueza. Aún así,era expulsado de la tribu como hombre sin dignidad ni honor. Si quería permanecer en la tribu, debía de volver a pagar otra cantidad pecuniaria a la Yama.

La religión
Los rifeños, todo y que eran musulmanes, su mahometanismo, era muy relativo. Profesaban el Islam a su manera, Rittwagen, lo explicaba a sus lectores de la forma siguiente (textual):
“…A pesar de ser nominalmente musulmanes, el mahometismo de los rifeños es muy relativo. Profesan un Islam muy particular que difiere por completo de la interpretación convencional que a las doctrinas de Mahoma dan las tribus árabes. En efecto: muchas kábilas rifeñas comen jabalíes que cazan en los espesos bosques que coronan sus sierras, y no observan tampoco muy fervientemente el ayuno del ramadán. Y la contravención de estas dos esenciales disposiciones de la religión musulmana son decisivas para considerar como fuera de la comunión mahometana a sus contraventores.
Muchas tribus bereberes profesaban antiguamente el cristianismo, en los buenos tiempos de la iglesia en África, que llegó a contar, según los historiadores, nada menos que doscientas y pico iglesias episcopales. Los autores árabes han tenido también buen cuidado de decir cuanto tuvieron que luchar los primeros apóstoles mahometanos que llegaron a Marruecos, por convertir a ciertas tribus bereberes, que si se convirtieron nominalmente al islamismo, fue debido sin duda, a que los árabes tuvieron el buen acuerdo de asociar a los bereberes a sus conquistas, abonándoles el botín. Bereberes marroquíes fueron los que iniciaron la invasión de España, bajo dirección de los árabes…”


Independencia política de los rifeños con el Sultán
Continuando con la narración de Rittwagen, (textual).
“…Esta primera alianza entre bereberes y árabes no fue muy duradera, cuando estos se erigieron a su vez en independientes de Oriente, fundando Muley Dris la monarquía marroquí. De entonces data ya el antagonismo secular que separa a los bereberes autóctonos de las árabes invasores, y esa dualidad persiste, se manifiesta aún hoy día por esas luchas sempiternas entre las kabilas, casi todas de origen bereber, y el poder central del Sultán, del Majzen, descendientes de los árabes invasores, que ejercen la hegemonía política del país. Y si algunas tribus bereberes como las de los Sanhayas, Masmodas y Zanetas, han llegado también a las alturas del poder, no han variado de norma de conducta respecto a las demás kábilas bereberes, porque al llegar al mando se adquieren los mismos vicios. Ello ha dado lugar a que muchas tribus bereberes se arabicen, adoptando las costumbres e idioma árabe, pero subsistiendo siempre esa dualidad entre los elementos directores que se disputan el poder, y la masa autóctona del país.
El Rif ha sido una de las regiones marroquíes donde más libres se han visto de las conmociones políticas. Los rifeños han sido siempre independientes de la autoridad central, y ningún sultán, ni aún en los tiempos de Muley Hassan, el padre de Muley Hafid, Sultán guerrero por excelencia, que sometió las más indómitas tribus del Atlas, pudieron ser dominadas las indómitas tribus del Rif, defendidas mejor que por sus armas, por lo abrupto del terreno que habitan…”


¿Quiénes eran los rifeños?
¿Quiénes eran los rifeños?, ¿moros?, ¿bereber?, ¿habitante del Rif?. Inicialmente, toda la masa humana que habitaba en aquella zona, eran bereberes, toda la masa kabileña que poblaba todo el norte marroquí y entre los cuales, no existían ninguna diferencia étnica y, social, existían entre un yebala de Gomara, un rifeño de Temsaman y un zeneta de Kebdana (Quebdana), según el articulo sobre el Rif, publicado el 15 de julio de 1909 en la revista “La Ilustración Española y Americana”, el cual iba firmado por Guillermo Rittwagen.
En La Vanguardia del 26 de julio de 1909, se les definía bajo el título “Datos para la guerra”, “Los Rifeños”, se intentaba dar una pincelada sobre estas gentes, su organización, las funciones de cada uno, la forma de escoger a los kaides, las fracciones de cada tribu. Tribus compuestas por labradores en su mayoría y sedentarios debido a la práctica de la agricultura como “modus vivendi”. La influencia de la religión, sus poca formación académica, se reducía a un pequeño conocimiento de versículos del Corán, en contraposición otra tribu, los yebala que se jactaban de que todos los hombres sabían leer, y otras como se verá en la noticia citada, que si tenían formación académica en teología y derecho, la organización religiosa, de ahí, la importancia de los santones entre las filas rifeñas de las tribus más levantiscas contra España. La economía rifeña, basada en la agricultura y en las manufacturas. Otro factor importante del que vivía el rifeño, era de la caza. El corresponsal de La Vanguardia, lo explicaba así (textual):
“…Los rifeños se dicen independientes del Sultán; pero, en realidad, la mayor parte del Rif reconoce, en circunstancias normales, la soberanía de éste. Esas circunstancias son raras y duran poco, a lo que se añade que la soberanía del Mahjzen nunca es completa y efectiva; allí como en las montañas del Atlas, el Sultán es dueño del país mientras le ocupa su majala (mehalla). La expedición contra los Bocoyas y los sucesos de Melilla humillaron un tanto la independencia rifeña.


En el Rif las tribus eligen su kiad (Kaid). Las más dóciles (Quebdana y Guelaia por ejemplo), someten la elección al beneplácito del Sultán. Otras como las de Senhayda y Taryist, no se cuidan de solicitarle. Algunas no nombran kiad, y no tienen más gobierno que el anfaliz (yemaa en árabe) o concejo, formado por los cabeza de familia. Asi lo hacen los de Gsennaia. El kaid sirve de mediador entre el Sultán y la tribu; ejerce además, la policía, y es árbitro en las contiendas que surgen en su jurisdicción. Interviene también en los conflictos con las tribus vecinas, y capitanea a los hombres de la suya en escaramuzas y peleas que con ellas suele haber. Si la campaña es importante, se nombra para el mando de la hueste un amrar o un jip-errebea, es decir capitán de la tribu.
Cada tribu comprende varias fracciones (rboa), compuestas de uno o más poblados, y cada poblado se divide en barrios (of), gobernados por otros tantos concejos.
Los rifeños son labradores, y, por consiguiente, sedentarios. Tienen pocos caballos. Sólo una tribu, Lemtalsa, dispone de considerable número de jinetes. Es también la que posee más extenso territorio. Después viene Gnsennain. La más pequeña es Tafersit. La más poderosa y poblada y la mejor armada la de Bocoya , donde los soldados del Sultán lo han destruido todo.
Los rifeños son fanáticos porque son bárbaros, pero pasan por medianos creyentes, y su actitud en las mezquitas, así como su manera de vivir, poco conforme con la ley del profeta, acreditan de justa la acusación de tibieza sobre ellos. La gente del pueblo es ignorantísima. Su saber se reduce a algunos versículos del Corán y goza de las preeminencias que acompañan al título de taleb (plural tolba), las cuales consisten en el derecho de vivir errantes, del solo oficio de pedir limosna, y sin que nadie pueda maltratarles ni perseguirles. Los estudios se reducen a comentarios del libro santo hechos en comunidad. Los imanes y marabús rifeños no forman verdadero clero, pues difícilmente se puede advertir en ellos vislumbres de jerarquía religiosa. A veces los eligen los fieles. Otros heredan el cargo. Pero ni en aquel caso ni en éste gozan de sueldo ni emolumentos fijos de ninguna especie. El marabú rifeño vive de las ofrendas de los devotos.


No hay poblado sin su santo, sus maragús (marabús) y sus chorfa (plural de cherif). La sepultura del santo local puede ser humilde , sin techumbre que la cubra (mzara), o hallarse en un bonito templo. El viandante no debe pasar ante el edificio sin añadir una piedra al montón (hauita) que allí existe, o sin besar la puerta. Al mismo tiempo ha de invocar al santo que en aquel seid o kabba se venera, llevando las manos juntas a la frente, a la boca y al pecho.
Los Derkaua y los Taibia tienen muchos afiliados en el Rif. A pesar de las doctrinas radicalmente monoteístas de estas asociaciones, los rifeños conservan las tradiciones politeístas de los tiempos preislámicos. La influencia de los chorfa de Uazzán es considerable en todo el Rif, y muy antigua.
El país es independiente: bled-es-siba, que dicen los marroquíes. En él no hay más kiad o funcionarios del Maizén (Mahjzen) que los del Tsul, Branés, Senhadya y Hiaina. La ciudad de Tánger es cabeza de la de Tetuán. La región comprendida entre Tánger, la frontera del Rif y Fez, quebradísima, desconocida y habitada por gente indómita, es la más impenetrable de Marruecos. De aquí que el valor de Ceuta como cabeza de una línea de invasión deba considerarse nulo. La inseguridad de la comarca es tal, que nadie se atreve a viajar por ella, ni siquiera los mismos naturales. No hay zetat que dé suficientes garantías . Conviene advertir que se llama zetat a un guía, quien al propio tiempo que hace de tal, garantiza la seguridad del viajero a quién acompaña. El zetat es siempre pariente o criado de una familia poderosa, capaz de tomar pronto venganza de cualquier desmán cometido contra aquel a quien concedió su protección y salvoconducto.


En cambio los yebalas pasan por gente culta. Alábanse algunas tribus de que todos los hombres a ellas pertenecientes saben leer. Hay muchas zauias muy concurridas, y dícese que los tolbas que a ellas asisten reciben muy buena instrucción y muy completa.
Las principales son las de Xexauán, Tetuán, Beni Arús (Beni Aros), Rzaua, y Fichtala, a las que acuden desde muy lejos gran número de jóvenes, deseosos de estudiar teología y derecho con maestros de gran reputación. Aún tienen los yebalas más santos y más ermitas que los rifeños. Los Beni Arús y los Beni Zerual se dicen todos descendientes del profeta, lo que significa que todos son chorfa. Aunque berberiscos de raza, hablan árabe y pretenden venir de Koreich, pariente próximo de Mahoma. Son por este motivo, grandes fabricantes de genealogías falsas.
La principal causa de guerra entre las tribus, los pueblos y los barrios es el mérito del respectivo santo patrono. Las romerías que tantas veces acaban en batalla, según he dicho, son muy sangrientas en el país yebala. Pero el sobrado número de santos y chorfa parece haberlos despreciado, y son muchos los yebalas que, sin dejar de salir con furia a la defensa del patrono de su pueblo o tribu, se ríen de los marabús y de los chorfa. Los de Uazzán no puedn ir a Beni-Mesara, sin peligro a que les falten al respeto, y aún de que les roben. Segonzac habla del asesinato de dos chorfa por la gente de Slés.


Los rifeños, aunque rudos, no carecen de industria. De la lana, la pita y el lino hacen groseras telas; del esparto esteras, cuerdas y alpargatas, y de la leña de sus bosques cárabos, puertas y tabiques para las casas, y mil diversos objetos de uso doméstico. Algunos más ingeniosos, son pasamaneros y trabajan el oro. Los pobres y los esclavos son alfareros y hacen gran variedad de vasijas, tales como jarras, teteras, cazuelas, pucheros, etcétera, etc., sirviéndose de los mismos hornos en que cuecen el pan. La caza es muy abundante y el rifeño buen cazador. Hay cantidad grandísima de jabalíes, venados, etc.,y de cuando en cuando se encuentra algún lobo o alguna pantera. Los moros ponen lazos, o acechan a los animales, escondidos tras las chumberas; sólo cuando dan batidas a las fieras, se reúnen muchos y van bien provistos de municiones.
(Todos estos datos están tomados del interesante libro de Reparaz: La política de España en África)…”
Hans Nicolás i Hungerbühler

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