ÉRASE UNA VEZ MELILLA

ÉRASE UNA VEZ MELILLA
GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

martes, 29 de septiembre de 2009

EL TENIENTE X, SUPERVIVIENTE DEL BARRANCO DEL LOBO




“El teniente X” : 2º teniente D. Mariano Barbasán Cacho,


“un superviviente del Barranco del Lobo”

De él, escribiría el periodista de ABC, la víspera de cumplirse 55 años de los hechos del “Barranco del Lobo”, el 26 de julio de 1964, un recuerdo de los hechos vividos por un entonces joven segundo teniente, D. Mariano Barbasán Cacho y en la fecha coronel del Cuerpo de Inválidos, D. Antonio G. Cavada. Escribía, entre otras cosas, lo siguiente (textual): (0).

“…El protagonista de este relato es hoy el coronel de Inválidos, don Mariano Barbasán Cacho, y seguramente de los oficiales de aquella Brigada de Cazadores podríamos afirmar que es el último del Barranco del Lobo.

La gravísima herida de entonces le valió el ascenso a capitán por los méritos contraídos- dice la orden publicada en el Diario Oficial del Ministerio del Ejército- el 27 de julio de 1909 en el combate librado en el territorio de Melilla, en el que recibió la grave herida que posteriormente ha motivado su ingreso en el Cuerpo de Inválidos.

No más tarde que al año siguiente, después de múltiples intervenciones quirúrgicas, el coronel Barbasán era recibido en audiencia, acompañado por su padre, dignísimo jefe del Ejército también por el Soberano español Don Alfonso XIII, que le retuvo en la Cámara largo rato para que le explicara los episodios del famoso combate del Barranco del Lobo.

Este soldado excepcional –el teniente X- todavía está en manos de médicos especialistas y expertos cirujanos y aún conserva trozos de metralla en su mejilla derecha. Igualmente conserva su espíritu y su amor a la patria. Ni que decir tiene que su devoción al Ejército. Entró en la vida militar con entusiasmo ejemplar y cumplió su obligación con fervor incomparable. Ahora vive las horas de paz entre su familia y sus médicos, con igual entusiasmo pero cargado de recuerdos y de añoranzas.

Antonio. G. Cavada…”

D. Mariano Barbasán Cacho
Hijo de militar, D. Mariano Barbasán Cacho, alcanzó el empleo de 2º teniente, sobre el 15 de julio de 1907, tras haber superado con éxito, el plan de estudios de la Academía de Infantería de Toledo. (1).

Fue destinado sobre el 20 de julio de 1907, al Batallón de Cazadores de Madrid núm,. 2, siendo este, su primer destino, hasta que una vez herido muy gravemente en 1909, lo fue al Cuerpo de Inválidos. Con este Batallón, tomó parte en las operaciones del Barranco del Lobo el 27 de julio de 1909. (2).

Será en el Batallón de Cazadores de Madrid en el que otros jefes y oficiales, participará en la suscripción iniciada por el rotativo, “La Correspondencía Militar”, en la que entre los discípulos, amigos y admiradores del ilustre general D. Federico de Madariaga, colaboraron en el regalo de la faja correspondiente al rango de dicho general, sobre el 14 de enero de 1908. (3).

Marchó, con su Batallón a Melilla, llegando sobre el 24 de julio, en el vapor “Cataluña”, procedente de Málaga, para tomar parte en las operaciones desencadenadas con motivo del ataque de los rifeños, a los obreros del ferrocarril, el 9 de julio de 1909, y, tan pronto como llegó a dicha plaza, se vio aquejado por un ataque, al parecer de apendicitis, cosa, que le mantuvo alejado de sus compañeros por un tiempo, hasta el 27 de julio de 1909. Recluido en el hotel donde se alojaba, creyó adivinar que su Batallón y sus compañeros, entrarían pronto en acción, así que sin dudarlo dos veces, vistió su uniforme y marchó hacia el campamento del Hipódromo y de ahí, tras presentarse al teniente coronel jefe de su batallón, se dirigió a la posición de Los Lavaderos, donde se encontraba de guarnición su batallón.

Hasta el Hipódromo le acompañó don Luís López Ballesteros, director de “El Imparcial” que le había conocido días antes, aunque ignoraba su nombre y que escribió una crónica titulada “El teniente X”, en la que describe como al despedirse de él, cerca de la Posada del Cabo Moreno, “tiritaba” de frío en plena noche estival.

A pesar de ello Barbasán, al frente de su sección, avanzó hacia los Farallones en la vanguardia de los Cazadores de Madrid, y su actuación, dirigiendo y animando a sus hombres en la subida por las faldas del Gurugú fue ejemplar. Pero apenas una hora y media después de iniciado el fuego, en un momento en que se dirigía a sus soldados para indicar que persiguieran a un grupo de rifeños, una bala le atravesó la cara de mejilla a mejilla, lesionándole además la lengua.

Teniente X
De estos hechos, dejó latente testigo el entonces director del rotativo madrileño “El Imparcia”, tal y como ya se ha citado anteriormente, D. Luís López Ballesteros, en el artículo que lleva por título, “…El Teniente X…”, por desconocer el citado periodista, el nombre del oficial que aquella noche, había acompañado al campamento del Hipódromo y, había asistido físicamente, a la presentación ante su jefe, de aquel joven oficial, el cual, se hallaba enfermo, pero que no había podido resistirse, a la llamada de se deber. Dicho artículo, publicado en el diario madrileño “El Imparcial”, tiempo después, decía lo siguiente textualmente: (5).

“…Encuentro en ejemplos como este una secreta atracción. Y no es el único. Ahora mismo estimulada mi memoria por las virtudes militares de Fernández Blanco, recuerdo el caso de un joven oficial cuyo nombre nadie ha citado ni conoce. Yo mismo lo ignoro. Este jovencillo ha pasado rápidamente por el escenario de la guerra como un comparsa humilde que se desnuda de su atavío después de recitar un papel de una línea. Cierto anochecer encontré en la sala de visitas del hotel a un oficial que vestía el uniforme de cazadores de Infantería. Estaba encogido, en una butaca, y era tal la extrema palidez de su rostro que me llamó vivamente la atención. Todos los días, durante una semana entera, le hallaba en el mismo sitio. Al fin, hablamos. Con una voz muy débil, de enfermo, me dijo que desde que había llegado a Melilla se le habían declarado pertinaces calenturas que le iban robando traidoramente las fuerzas. Y era, sobretodo, causa de su desesperación, no poder incorporarse a sus cazadores y prestar servicio. Le consolé como pude, haciéndole observar que nadie puede luchar con lo imposible.

Una tarde le encontré con la espada ceñida y vestidos todos los arreos de campaña. Se había acicalado y afeitado como un hombre en completo estado de salud, pero estaba más pálido que nunca. Al darme la mano, observé que ardía.- ¿Pero dónde va usted?-le dije – Voy a incorporame a mi batallón.- ¿Asó con fiebre?. – Apenas tengo calentura..- me replicó vivamente,- estoy casi limpio.

Yo mismo le acompañé hasta el campamento del Hipódromo, donde el creía que estaban las fuerzas de su batallón. Asistí a su presentación oficial al teniente coronel, su jefe. El pobre enfermo ni siquiera pudo disfrutar la tranquilidad relativa del campamento establecido en el Hipódromo. Su compañía estaba destacada en las alturas de Lavaderos, la posición militar, por entonces más peligrosa y desamparada. ¿Sabeis en qué día se incorporaba este infortunado calenturiento que debía velar en la trinchera apenas empezada? Era la víspera del terrible 27. Acompañé un trecho más al enfermo, porque me causaba remordimiento dejarle sólo. Cerca de la posición del Cabo Moreno, me despedí de él. Tiritaba de frío en plena noche estival.

El teniente, cuyo nombre ignoro, no pudo asistir al memorable combate del 27. Aquella misma noche, a las dos o tres horas de haberse incorporado a su compañía, recibió un terrible balazo que le deshizo la cara, la boca y media lengua.

…Hace tres o cuatro días le he vuelto a ver por primera vez. Estaba yo sentado a la puerta del Casino cuando vi pasar, cogido del brazo de un soldado sanitario, a un oficial muy joven, pálido como la cera y con la cara entrapajada. Era el teniente de la fonda. Al pasar debió reconocerme; vi que su mano se levantaba para saludarme y que sus ojos me miraban con afecto.

-Probablemente- pensé- el ejemplo de energía y de virtud d este oficial que de tal modo entra en la vida militar, no tendrá ni siquiera una pluma que lo relate.

Y así ha sucedido en efecto, porque yo, que por azar soy su cronista, ni siquiera puedo señalar su nombre. Ya he dicho que lo ignoro.

Luís López Ballesteros…”

El teniente X: Su identidad
Tiempo después, el director de “El Imparcial”, tenía conocimiento de la identidad de dicho oficial. Era el 2º teniente de Infantería, D. Mariano Barbasán Cacho, destinado en el Batallón de Cazadores de Madrid núm. 2. De dicho conocimiento de identidad, escribiría el periodista D. Luís López Ballesteros (textualmente) (6):

“…Lector: el teniente… X de mi crónica anterior, tiene ya nombre. He experimentado una verdadera alegría al leer, esta noche, una carta del pundonoroso oficial cuyas virtudes militares me inspiraron un vehemente elogio. Aquel teniente a quien yo acompañé, al campamento del Hipódromo, enfermo, calenturiento y que poco después caían con una herida que no ha sido mortal de milagro, se llama D. Mariano Barbasán, y es segundo teniente de cazadores de Madrid.

No me escribe para que publique su nombre, pero hallándome convaleciendo en la corte y habiedo leído EL IMPARCIAL, me significa sentidamente su gratitud y declina con modestia el elogio.

-Yo soy-me dice- el oficial a quien usted en efecto, acompañó en coche al Hipódromo (y por cierto no consintió usted que pagara el carruaje) viéndole luego alejarse sostenido por la misma fiebre hasta la posición de los Lavaderos, que ocupaba su batallón. Gracias por el recuerdo, pero en mi conducta nada hay que admirar. Es cierto- como usted dice en su artículo-. Que pasé rápidamente por el escenario de la guerra pero algo más despacio de lo que usted supone, pues, sin duda, por la confusión de sucesos en aquellos memorables días, escribe usted que fui herido en Lavaderos aquella misma noche. No fue así. Pero es casi igual. Me cupo la honra de tomar parte en el combate del 27, aunque a la hora de comenzado caí gravemente herido, como usted recuerda, atravesada la cara, la boca y la lengua. Hoy me encuentro curándome en Madrid-.

Violentando la voluntad del pundonoroso oficial doy a la imprenta los anteriores renglones de su carta y celebro haber tenido ocasión de que tan bello ejemplo no quede anónimo. Seguramente a Barbasán le bastará la satisfacción del deber cumplido, pero a nosotros, los que disponemos de los medios de publicidad, nos corresponde señalar al público aplauso, acciones y sacrificios de tan alto y puro valor.

Luís López Ballesteros…”




Después de las graves heridas
Evacuado a Melilla, fue dejado por insalvable envuelto en unas mantas sobre el suelo del Hospital; Barbasán había recobrado el conocimiento y pudo garrapatear unas líneas para el coronel Larrea, íntimo amigo de su padre, gran militar y escritor, y la familia del jefe del Estado Mayor le llevó a su casa, donde permaneció casi un mes, salvándose milagrosamente.

En recompensa a sus méritos fue ascendido a capitán, con antigüedad del día en que fue herido mientras escalaba los riscos del Gurugú, pasando a formar parte del Cuerpo de Inválidos. Años más tarde contrajo matrimonio con doña Elvira Larrea Rodríguez, hija de su gran amigo y protector, a quien conocía desde niño. (4).

De dicha unión, nacerían al menos dos hijos, doña Maruja Barbasán Larrea. (7) y, don Mariano Barbasán Larrea, nacido sobre 1918, fallecido en Rusia mientras combatía encuadrado en las filas de la División Azul, como soldado esquiador. Había inciado estudios universitarios como ingeniero aeronáutico. (14).

En julio de 1911, era destinado, a la Sección de Ordenanzas del Ministerio de la Guerra, como primer teniente. (8). En mayo de 1912, continuaba en este destino. (9). Idem, el 6 de junio de este último año. (10). 31 de julio, ídem.

En 1913, fue declarado apto para el ascenso a capitán, en cuanto por antigüedad le correspondiera, al primer teniente D. Mariano Barbasán Cacho. (11).

Pasó a situación de reemplazo por enfermo y al cuadro de eventualidades del servicio en Ceuta. (12), (13), (un mes de licencia por asuntos propios (16)). Sobre el 30 de abril de 1915, pasaba como agregado a la “sección de inútiles”, del Cuerpo de Inválidos, el capitán de Infantería D. mariano barbasán Cacho. (15).

Ascendió a general de Brigada, (honorífico), según anunció la publicación en el Boletín Oficial del Estado del 25 de agosto de 1974. (17).

Condecoraciones

Entre otras, poseía:

- La Gran Cruz de María Cristina.
- Placa de San Hermenegildo.
- Medalla de Sufrimientos por la Patria.

Jefes y oficiales del Batallón de Cazadores de Madrid núm. 2. (19)

Formado el cuadro de mando el 6 de julio de 1909, por:

Teniente coronel honorario, S.A.R. El Infante D. Alfonso duque de Oporto.
Teniente coronel efectivo D. Enrique López Sanz.
Comandante sr. Sanz.
Comandante sr. Capapé.
Capitán sr. Ormaechea.
Capitán sr. Pujol.
Capitán sr. Saro.
Capitán sr. Lavaron.
Capitán sr.Izarduy.
Capitán sr. González García.
Capitán sr. Losada.
Capitán sr. La Cierva.
Primer teniente sr. Ibáñez .
Primer teniente sr. Pastor.
Primer teniente sr. Torres.
Primer teniente sr. González Simeoni..
Primer teniente sr. Cuerda.
Primer teniente sr. Palazón.
Primer teniente sr. Esteban.
Segundo teniente sr. Torres.
Segundo teniente sr. Larrumbre.
Segundo teniente D. Mariano Barbasán Cacho.
Segundo teniente sr. Reus.
Segundo teniente sr. Monet.
Segundo teniente sr. Cayuela.
Segundo teniente sr. Semprún.
Segundo teniente sr. Ortega.


Fallecimiento
Falleció en Madrid el 19 de abril de 1975. Entre otras condecoraciones, poseía la Gran Cruz de María Cristina, la Placa de San Hermenegildo y la Medalla de Sufrimientos por la Patria. Tuvo una hija, Maruja y alcanzó el empelo de General de Brigada. Sus funerales fueron oficiados el 23 de abril de 1975, en la Iglesia del Buen Suceso de Madrid, en la calle Martín de las Heras núm. 68. (18).

Hans Nicolás y Hungerbühler


Fuentes:

(0). “ABC”, Madrid pág. 43 26 de julio de 1964.
(1). “La Correspondencia militar”, Madrid núm. 9.010, pág.2, lunes 15 de julio de 1907.
Fotografía del 2º teniente D. Mariano Barbasán Cacho, “España en sus héroes”, fascículo núm. 3, “Un capellán en el Barranco del Lobo”, pág. 84, Madrid 1969.
(2). “La Correspondencia Militar”, Madrid núm. 9015, pág. 2, sábado 20 de julio de 1907.
(3). “La Correspondencia Militar, Madrid, núm. 9.167, pág. 1, martes 14 de enero de 1908.
(4). “España en sus héroes”, fascículo núm. 3, “Un capellán en el Barranco del Lobo”, pág.84, Madrid 1969.
(5). “El Imparcial”, Diario liberal. Madrid núm. 15.274, pág. 1, viernes 17 de septiembre de 1909.
(6). “El Imparcial”, Diario liberal. Madrid núm.15.275, pág. 1, sábado 18 de septiembre de 1909.
(7). “ABC”, Madrid, pág. 100, esquelas, de 22 de abril de 1975.
(8). “La Correspondencia Militar”, Madrid núm.10.249, pág. 3, de 7 de julio de 1911.
(9).”La Correspondencia Militar”, Madrid núm. 10.528, pág.3, de 29 de mayo de 1912.
(10). “La Correspondencia Militar”, Madrid núm. 10.541, pág. 3, de 6 de junio de 1912.
(11). “La Correspondencia Militar”, Madrid núm. 10.733, pág. 2, de 25 de enero de 1913.
(12). “La Correspondencia Militar”, Madrid núm. 11.250, pág. 3, de 25 de septiembre de 1914.
(13). “La Correspondencia Militar”, Madrid núm. 11.251, pág. 3, de 26 de septiembre de 1914.
(14). “ABC”, Madrid pág. 12, de 19 de febrero de 1942.
(15). “ABC”, Madrid, pág. 20 de 30 de abril de 1915.
(16). “El Globo” Segunda edición, Madrid núm. 13.369, pág. 2 de 1º de agosto de 1914.
(17). “ABC”, Madrid, pág. 21 de fecha 25 de agosto de 1975
(18). “ABC”, Madrid, pág. 100, de fecha 22 de abril de 1975.
(19). “El Heraldo de Madrid”, Madrid núm. 6.794, pág. 4, de martes 6 de julio de 1909.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada