ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

domingo, 24 de enero de 2010

Cantinera Dolores Llompart







Dolores Llompart, cantinera del Bon. de Alfonso XII





Introducción y recopilación: Juan Díez Sánchez
( de la Asociación de Estudios Melillenses )

Uno de los componentes más romántico de la Campaña de 1909 en Melilla lo constituyeron las cantineras con su animosa presencia en los campamentos, calles de la ciudad e incluso línea de combate. Por ello no es difícil encontrar en los diarios, revistas y libros que plasmaron el devenir de estos graves sucesos, semblanzas acerca de estas damas.
Fueron las cantineras habituales en los ejércitos españoles desde al menos el siglo XV, recogiéndose incluso en algunas normas disposiciones acerca de sus obligaciones y privilegios.




En el transcurso de la Campaña de Margallo en el año 1893, ya hicieron acto de presencia en Melilla las cantineras, pero pasaron desapercibidas para los cronistas de guerra. No ocurriendo lo mismo en los denominados graves sucesos del campo fronterizo a Melilla de 1909, cuando algunas de ellas alcanzaron gran protagonismo por diversas causas. Una de éstas sería Dolores Llompart, o Llopar, como también se menciona su primer apellido, que acompañaba al Batallón expedicionario del Regimiento de Cazadores Alfonso XII de guarnición en la provincia de Barcelona. Que en un arranque de instinto maternal besó en la frente a un soldado recién caído. Esta noticia fue muy comentada en casi todos los periódicos y revistas nacionales e incluso de otros países, ocupando su imagen y la de otras cantineras numerosas portadas.




A continuación ofrecemos testimonios directos, tomados de un libro y la prensa, del patriótico acto protagonizado por la decidida cantinera Dolores Llompart. Hecho que si no hubiera tenido lugar posiblemente hubiera vuelto a dejar casi en el anonimato la festiva presencia de las cantineras en la Melilla de 1909.
Uno de estos comentarios sobre las cantineras se lo debemos al escritor y periodista Enrique López Alarcón, quien luego de publicarlo en el periódico “El Mundo Militar”, formó parte del libro “Melilla, 1909. Diario de la guerra, escrito durante las operaciones militares en el Rif”. Interesante obra de la que conocemos dos ediciones.
Apareciendo el epígrafe al que nos referimos en las páginas 278 – 280 de una de estas ediciones.
Texto escrito antes del famoso acto de caridad de la sublime Dolores Llompart, y donde con cierto desden se trata a las cantineras, para a continuación aportar los textos que aparecieron en el diario El Telegrama del Rif en diversas fechas, incluyendo un par de cartas ensalzadoras de la labor de la célebre cantinera enviadas desde Madrid y Segovia.
Por su servil y mal considerado trabajo, a las cantineras se las conocía por el Batallón al que servían, y no por su nombre y apellidos. Siendo por ello difícil encontrar el nombre y apellidos de éstas.
Para finalmente ofrecer los postreros y sencillos reconocimientos recibido en Melilla de la mano del Comandante General José Marina, poco antes de embarcar rumbo a Barcelona, así como a su llegada a esta capital catalana de parte de una Junta de Damas.

“LA CANTINERA
El regimiento del Príncipe, número 3 de la división Sotomayor, ha traído consigo su cantinera de España. Perdonadme si al hablaros de ella menoscabo y debilito un poco la leyenda de “las hijas del batallón” y el prestigio universal, poético y folletinesco de las cantineras.
Yo vi por primera vez a esta intrépida mujer en la calle del General nacías, junto a la Puerta del Campo. La dama era el eje de un grupo de soldados del regimiento del Príncipe. Hablaron animadamente un momento y luego se separaron, partiendo los soldados hacía el camino de Rostrogordo y la cantinera hacia el muelle de desembarco, donde debía de reclamar tres o cuatro fardos, que era la impedimenta y la existencia de la cantina.
La cantinera andaba delante de mí con mucha marcialidad, la cabeza alta, un poco retrepada de la cintura, moviendo los brazos como péndulos. Caminaba de prisa e iba a cuerpo gentil. Llevaba el vuelo trasero de la falda sujeto y prendido entre la cinturilla del vestido. Este ardid la dejaba libre de la enfadosa traba de tener que recogerse las faldas al andar por la calle y daba al aire unas alpargatas iguales que las de la tropa y unas medias a rayas rojas de mucha bizarría; eran unos bajos de obrera trabajadora y limpia.
Tiene la cantinera la nariz corta, los ojos chicos y la boca grande. Pero su cara indica simpatía y franqueza, y es más picaresca que hermosa. Si os digo, por fin, que representa unos treinta años, queda completo el retrato de esta mujer atrevida, desenfadada y simpática.
La cantinera del Príncipe vivía de su cantina en Gijón, donde esta fuerza tenía un destacamento. Al concentrarse las compañías del Príncipe, la cantinera se movilizó con las tropas a que ella se adscribía, y vino a Melilla.
Viste, para estar en la guerra, falda de cretona gris, tenuamente rameada de negro y una guerrera azul de topa con el número 3 en el cuello. Un verdadero traje de campaña.
Yo la vi luego en el muelle, al día siguiente de llegar el regimiento, reclamando los fardos que había traído consigo; después contrató su carromatillo a un hebreo que andaba de cabeza ante la verbosidad y la decisión de aquella mujer privilegiada, y partió, llevando ella, con su despejo y ánimo al carromato, al macho y al judío.
Con el carro hizo como una huída presurosa hacia las alturas de su campamento. Yo la dejé que se marchara tranquila, sin preguntarle su nombre ni otros detalles. ¿ Para qué poner al remate de estas líneas un nombre vulgar que nos acabe de destruir el prestigio de su dueña? Para mi y para mis lectores y para el pueblo entusiasta y pintoresco, estas mujeres se llaman todas los mismo; todas se llaman Madame Sans-Gene.

El Telegrama del Rif. Melilla,22 de agosto de 1909 ( publicado en segunda página )
“Los sucesos del campo
Un beso y una peseta
La cantinera del Batallón de Alfonso XII, tiene también su corazoncito como toda persona bien nacida.
Días pasados fueron conducidos al Hipódromo un muerto y un herido, el primero para darle cristiana sepultura en el Cementerio del Carmen y el herido para ser trasladado al Hospital.
Advertida la cantinera de la llegada de las víctimas, corrió apresuradamente hacía donde se encontraban, y estrechando el cadáver visiblemente emocionada, lo besó en la frente con la misma pasión que las madres besan a los hijos.
Después marchó en busca del herido, a quien prodigó frases de consuelo, y al marchar le entregó una peseta.
La noble conducta de la cantinera de Alfonso XII ha sido muy elogiada”.


El Telegrama del Rif. Melilla, jueves 9 de septiembre de 1909 ( publicado en primera página )
“Crónicas de la guerra
BESOS SAGRADOS
En los periódicos de días pasados me enteré de un dramático episodio acaecido en Melilla y del cual fue protagonista la cantinera del heroico Batallón de Alfonso XII.
Advertida por esta mujer sublime la llegada al campamento del Hipódromo de los cadáveres de dos infelices soldados víctimas de la traición rifeña al conducir un convoy, se apresuró a levantar las mantas que cubrían las camillas en que venían depositados los restos, y cubrió de besos las frentes de aquellos mártires del deber, pronunciando ante ellos una hermosa frase de trágica filosofía, cuya lectura produjo en mí ánimo emoción profundísima, al par que un terrible escalofrío serpenteaba por mi columna vertebral, haciendo oscilar…
Héla aquí: Ya que vuestras madres no os puede besar por última vez, lo haré yo en nombre de ellas, hijos míos.
Luego, la noble cantinera socorrió con dos pesetas a cada uno de los soldados heridos, que eran ocho.
Tal afinidad de piadosos sentimientos nacidos tan sólo en el alma de la mujer española y condensados en forma tan elocuente, habrá hecho latir con violencia muchos corazones, por los que circulaba la sangre española.
Nada más digno de admiración que este acto sin igual de trasmisión espontánea, de los últimos cariños de dos madres: la una tal vez en la aldea, presintiendo apenada en su rincón la trágica escena que allende el Mare Nostrum se desarrollaba, y la otra bendiciendo desde el cielo a la santa heroína que al posar sus labios y su aliento en los rostros de aquellos pedazos de su alma haríales sin duda estremecer al contacto de aquel calor maternal, jamás concebido en aquellas tierras ingratas, en las que la Naturaleza puso a la vez que sus tumbas, un sello imborrable de aborrecimiento y maldición.
Este rasgo de caridad sin límites, que bastaría por sí solo para crear de nuevo la virtud en una desenfrenada conducta y purificar un alma femenina por muy pregonada que estuviese su deshonra, nacida en el corazón de una humilde cantinera limpia de toda mancha de conciencia, hace que sea mayor el nimbo de la gloria que hoy la rodea, y muchos de aquellos hombres que presenciamos con lágrimas la piadosa despedida y sintieron vibrar en sus órganos auditivos, semiatrofiados por el ruído del cañón, el chasquido de aquellos ósculos sagrados, acaso vieran un símbolo de grandeza en aquel débil ser, que dignificaba altamente su sexo, cumpliendo generosa ante la muerte el ajeno y terrible deber de cerrar por vez postrera unos ojos juveniles, y pensaran que sí, en efecto, la mujer es a veces el escollo donde se estrellan las ilusiones del hombre, llevándolo a la más cruel derrota, también sabe vivir en el mundo para mitigar las penas y encauzar conciencias, presentándose en los actos de verdadero patriotismo tal como en realidad debe ser: toda abnegación, toda sentimiento, toda poesía…
por Federico Blasco Cuenca
Madrid, 4 septiembre 1909”

El Telegrama del Rif. Melilla,18 de septiembre de 1909 ( publicado en primera página )
“Los sucesos del campo
La cantinera de Alfonso XII
Esta simpática y caritativa mujer continua recibiendo cartas de felicitación por su noble conducta.
Entre las últimamente llegadas a su poder figura la de una niña de 7 años, Pepita Santos, concebida en estos términos:
Es tanto el entusiasmo que me invade cuando oigo leer a mi mamá tus heroicos hechos, tu corazón grande y generoso, que no puedo por menos de felicitarte y darte como española gracias por lo buena que eres.
Te envío cinco pesetas para que de de beber a los pobrecitos soldados que tienen sed. No puedo mandarte más, lo que me causa pena, porque quisiera obsequiar a todos los que ahí pelean por España.
Si alguna vez viene por Segovia, no dejes de visitarme, que tengo deseo de abrazarte y también mis padres. Cuando podamos, te enviaré más dinero para esos valientes soldados españoles.
Te abraza Pepita.
Dolores nos ruega (El Telegrama del Rif) distribuyamos las cinco pesetas, pero creemos que debe darles el destino que indica la generosa donante. En su consecuencia puede retirarlas de la Administración, donde las ha depositado”.

El Telegrama del Rif. Melilla, 22 de diciembre de 1909 ( publicado en primera página )
Los sucesos del campo
La cantinera de Alfonso XII
Ayer embarcó para Barcelona la popular cantinera del Batallón de Cazadores de Alfonso XII, de cuyos solicitados cuidados para con los soldados heridos y enfermos, nos hemos ocupado en distintas ocasiones.
Esta simpática y valerosa mujer, vestía el clásico traje de las cantineras, cubriendo su cabeza con el cómodo y útil shalacof. Su presencia no pasó desapercibida para el general Marina, quien la hizo llamar, dándole la mano y felicitándola por sus cariñosos desvelos con los soldados del batallón.
El Comandante en Jefe quiso conocer el nombre de esta bondadosa mujer, deseo que fue satisfecho por el teniente coronel de Alfonso XII.
Nosotros deseamos a la popular cantinera tantas venturas como desgracias ha procurado remediar”.

Epílogo
Dolores Llompart Lleveria abandonó Melilla pocas fechas antes de la Navidad del año 1909, acompañada por sus hijos los bravos soldados del Batallón expedicionario del Regimiento de Cazadores de Alfonso XII y a bordo del magnífico trasatlántico “Alfonso XII”, junto con fuerzas repatriadas de otro batallón, el Estella. También perteneciente a la Brigada de Cataluña.
El buque zarpó a las cinco y media de la tarde del 21 de diciembre de la rada de Melilla, con buena mar, para alcanzar tras un viaje feliz el puerto de Barcelona dos jornadas más tarde, el 23. Mostrando los soldados tal enorme alegría que por unos instantes olvidaron las muchas penalidades y peligros pasados en las tierras africanas. Una alegría que también experimentó el pueblo de Barcelona y familiares de la tropa, que en masa acudió al puerto de la Ciudad Condal. Magna efemérides que mereció ser inmortalizada por el diario ABC en su edición de Sevilla del dia 24. Recogiendo los detalles del recibimiento en su página 9 : “ En el muelle aguardaban las autoridades, mucho público, familias de los soldados, comisiones de los ayuntamientos de Vich y Olot, donde estaban de guarnición dichos batallones ( Alfonso XII y Estella )…
Los soldados, después de comer un rancho a bordo, recibieron de la Junta de Señoras los obsequios de Navidad, iguales a los recibidos por las demás fuerzas.
Después se dirigieron las tropas a los cuarteles, siendo aclamadas a su paso calurosamente por el público.
Ambos batallones marcharon a los puntos que antes guarnecían: Alfonso XII y Estella a Olot, en donde se les prepara un buen recibimiento.
Los soldados de Estella y Alfonso XII después de llegar a los cuarteles ( Barcelona capital ), fueron autorizados por los jefes para ir a ver a sus familias.
Los alrededores de los cuarteles estaban llenos de gente, en su mayoría familias de soldados.
La cantinera de Alfonso XII, Dolores Llopart, arrogante muchacha, tostada por el sol de Melilla, fue obsequiada por las señoras de la Junta e interrogada acerca de sus impresiones de la campaña.
Los soldados recorren las calles en uso de licencia, y ambos batallones no saldrán para Olot y Vich hasta el domingo próximo”
Con esta información el Batallón de Cazadores Alfonso XII, número 15 cerraba una de las páginas de su largo historial. Página de su participación de la Campaña de Melilla de 1909, y que luego de partir su Batallón expedicionario entre los días 16 y 17 de julio del mismo 1909 del puerto de Barcelona, en los campos fronteros a nuestra ciudad se batió en los combates de Sidi Musa, Ait Aisa y mítico Barranco del Lobo. Dejando derramada su sangre así como los cuerpos inertes de tres oficiales, un suboficial y diez soldados entre los que seguro se encontraba el de aquel pobre joven que caído por la Patria frente al adversario sintió sobre su fría frente los siempre calurosos besos de ultima despedida de UNA HUMILDE MADRE ESPAÑOLA.

Fuentes:
- Diario “El Telegrama del Rif”. Melilla, 1909. Biblioteca Pública Ciudad Autónoma de Melilla.
- López Alarcón, Enrique. “Melilla, 1909. Diario de la guerra, escrito durante las operaciones militares en el Rif”, Imprenta de los Hijos de R. Álvarez. Madrid
- Riera, Augusto. Cubierta del fascículo número 5 de “España en Marruecos”. Rasgo de
una cantinera. Editorial Maucci, Barcelona. Dibujo de Navarrete.
- Migallón Aguilar, Isabel y Sar Quintas, Eduardo. “Nombres para la Historia Militar de España. Campaña de Melilla 1919 – 2009. Comandancia General de Melilla, 1909.

Imágenes:
- Cubierta fascículo núm. 5 de “España en Marruecos”.
- Cantinera Dolores Llompar por el centro de Melilla.
- Cromo que recoge el recibimiento en Barcelona de las tropas expedicionarias procedentes de Melilla, diciembre de 1909.






Artículo publicado en "La Gaceta", suplemento dominical del diario "El Telegrama de Melilla", el 24 de enero de 2010.


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