ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

sábado, 16 de mayo de 2009

El capitán Fernando Fdez. de Cuevas 2/4








Bautismo de fuego, del Regimiento de Infantería de África núm. 68. Combates del 9 de julio de 1909

El Regimiento de África núm. 68, fue uno de los que desde Melilla, partió el 9 de julio de 1909 hacia la zona de Sidi Musa, en compañía de otras tropas, formando parte del contingente militar formado después de tener noticia de la agresión sufrida por los obreros que trabajaban en la construcción del ferrocarril minero. De hecho, las primeras compañías en partir desde el campamento del Hipódromo, fueron 2 de dicho Regimiento que sin demora y al mando del teniente coronel D. Enrique Baños Pérez,. Dichas compañías, fueron la 1ª bajo el mando del capitán D. Avelino Martínez Gregori y los tenientes D. Nicanor Soria Ossorio y D. Enrique Gómez y la 3ª, bajo el mando de los tenientes D. José Valera Golpe y D. Ángel Soria.

De dicho Regimiento, también partieron las cuatro compañías que se hallaban disponibles en esos momentos en su acuartelamiento de la plaza. Esas, acudieron junto con:

- Dos compañías de la Brigada Disciplinaria.
- Dos secciones del escuadrón de Caballería, estos dando protección y escolta a los convoyes.
- La Batería de Montaña.

Esta fuerza, partió rápidamente desde Melilla al campamento del Hipódromo, ubicado a un Kilómetro y medio de la plaza. Habían salido sin impedimenta. En este campamento, se hallaba el general Del Real, el cual preparaba un convoy de agua, avituallamiento y munición y, ante las fuerzas que acudían a dicho punto, organizó las fuerzas que llegaban.

Los primeros en partir, fueron 2 compañías del Regimiento de Melilla núm. 59, la Batería Montada, la sección de Plasencia de Montaña, una batería de Artillería de la plaza, una sección de Ingenieros, una sección de Administración Militar y, la ambulancia sanitaria a lomo.

Al llegar a su destino, las compañías, desplegaron entre la 1ª y 2ª casetas del ferrocarril minero, puntos en los que comenzaron las hostilidades y recibiendo el Regimiento de África núm. 68, su “bautismo de fuego”.

Una vez desplegados, se dio orden de avance. A la derecha, la 4ª compañía del 2º batallón, mandada por el capitán D. José de Celis, a la izquierda, la 3ª compañía del mismo batallón, bajo las órdenes del capitán Sr. López de Haro, a continuación la 3ª compañía del 1r batallón al mando de los tenientes Sr. Valera y D. Ángel Soria y la 1ª compañía del 1r batallón, al mando del capitán D. Avelino Martín.

Las tropas, con sus mandos al frente, fueron recibidas con nutrido fuego por parte de los kabileños, apostados en las agrestes alturas que defendían su casi inaccesible posición que todo y que el fuego de las tropas españolas era certero, hubo necesidad de conquistarla a la bayoneta, desalojando a los moros que la ocupaban. El avance español, fue protegido por fuego artillero.

Al coronarse la posición, se observó gran cantidad de moros muertos y por lo visto, se habían retirado muchos más, siendo protegida para este fin la morisma por la orografía del terreno, cosa que indujo a pensar que el enemigo, había sufrido muchísimas bajas. Tomada esta primera posición, se continuó avanzando a una segunda ubicada en la misma loma, llamada Egmarcet, en el Gurugú, las compañías del 2º batallón hasta una meseta en que se pasó noche.

Las compañías que habían quedado en reserva, avanzaron por orden del general D. José Marina Vega, hasta el lugar donde se hallaba este y se lanzaron hacía la posición en las alturas de Sidi-Iriquag-Anquarah, tomándola a la bayoneta. Estas compañías, la 3ª y la 4ª del 3r batallón del Regimiento de Infantería de África núm. 68, iban mandadas por los capitanes Sres. Maquieira y López Ochoa respectivamente.

Sobre el comportamiento de estas fuerzas durante el combate, tanto de los soldados, como del servicio médico y, incluso el gesto humanitario del 1r teniente Sr. Fernández Toscano, escribiría N. Rodríguez de Celis en “La Correspondencia de España”, de 24 de julio de 1909, lo siguiente (textual):

Los soldados

“…El ejemplo de disciplina en el fuego dado por las fuerzas del Regimiento de África es superior a todo encomio, y merece singularísima alabanza, por ser el combate del día 9 su bautismo de sangre. Los soldados que lo constituyen, a pesar de llevar muy poco tiempo en filas, llegaron a sus respectivas posiciones sin disparar más que cuando sus oficiales se lo mandaban, trepando por los riscos y saltando por entre los breñales con el fusil en el seguro bajo el vivísimo fuego de la fusilería rifeña, que no quitaba la serenidad ni el ánimo a nuestros infantes.

La excelente dirección de los fuegos lo demuestra el número de muertos encontrados sobre el terreno, ascendiendo a 20 en la primera posición tomada, sin que ene esta cifra esté incluida la que representan los que los enemigos retiraron en su huída.

Entre los muertos se encontró al encarnizado enemigo de España, rebelde que ha ejecutado muchos actos criminales contra nuestros compatriotas, Mohatar Ben Alfar, cabo de Beni Bu Ifrur, que tenía cinco balazos en el pecho y dos en la cara, todos de máuser…”

Los servicios médicos

“…El servicio sanitario de la línea de fuego, a cargo del médico Sr. Serret, se llevó a cabo con tanto orden y celo tan recomendable, que cuantos heridos cayeron en los combates , eran recogidos y enviados inmediatamente, trasladándoles después al puesto de socorro.

Una mora que bajaba por una de las laderas andaba fatigosa. Venía herida, y fue puesta a cubierto todo lo posible del fuego enemigo por el coronel Axó y el Ayudante Cantorné, siendo curada por el médico Serret, al cual, la infeliz mujer, daba las gracias con invocaciones a Allah por el bien que recibía de unas manos que ella creía antes poco generosas para los moros.

El médico procedió al reconocimiento e identificación de cadáveres, acompañado por algunos indígenas. Fueron identificados los siguientes: Mezzián El Gomari y Mohamed Hamed de Mazzuza; El Gitano de Beni Bu Ifrur, Mohataf Ben Alfar, de la misma kábila; Mohamed Ben Amar, de Barraca, Mohamed Ben Arabi, de Settut, y otros varios de menos importancia.

Por la noche vivaqueó la fuerza en las proximidades de la cresta del Gurugú, sin haber bebido agua ni comido sino fiambre desde la hora en que salió de la plaza…”

Un rasgo humanitario

“Un incidente muy interesante acaeció el día 10 en la posición ocupada por la compañía que manda el capitán D. José de Celis. El 1r teniente Sr. Fernández Toscano se hallaba haciendo un reconocimiento. De improviso oye unos gemidos que parecen salir de entre unas peñas, se acerca, busca y al cabo encuentra acurrucadito entre ellas a un niño de unos cuatro años, que cubre sus carnes con una camisa moruna llena de jirones.

El teniente Fernández Toscano toma en sus brazos al niño abandonado y lo lleva al vivac donde es recibido con alegría.
La infeliz criaturita se vio sorprendida por el encarnizado combate en el lugar en que fue hallada, y medio muerta de terror se cobijó en el asilo natural que le ofrecían las piedras; entre ellas pasó todo el día y toda la noche, y si el simpático oficial no acierta a encontrarlo, quizás hubiera perecido de hambre y de miedo.

El hallazgo cae muy bien entre los bravos, que por serlo tienen corazón sencillo y generoso, se e atiende, ,se le acaricia, se le da de comer, y el niño sonríe y simpatiza con los militares.

A las pocas horas llega una mora del aduar cercano, que ha pasado el día y la noche en busca de su hijo. En cuanto le vé, corre a tomarle en sus brazos; pero el chiquillo al verse separado de sus protectores, rompe a llorar como protestando de que le hayan abandonar a la fuerza tan noble y generosa compañía.

La madre, conmovida en aquel momento da las gracias y se aleja con su hijo en busca del misérrimo hogar, de la desmantelada choza, en donde tal vez el rencor y la traición hagan olvidar la nobilísima conducta de los soldados españoles.

Poco antes e había presentado en la posición el teniente de Ingenieros Sr. Carcaño, con una sección de zapadores, fuerza que, después de haber tomado parte muy activa en la fortificación del cerro El Muley Mohamed, donde se halla el campamento del general Marina, procedió a fortificar esta, auxiliada por los soldados de Infantería. A media tarde quedaron cubiertos los fuertes más importantes de la posición, pues se temía por confidencias, ser atacados por los kabileños de Beni Sidel.

Este ha sido pues, el glorioso bautismo de sangre del Regimiento de Africa . núm. 68, en el que figuran jefes y oficiales que en otras campañas han dado gallardas muestras de valor y de sacrificio…N. Rodríguez de Celis.

Relato del combate del día 23 de julio en el que murió el capitán de Infantería D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón

Bajo el título, “Relato interesante”, (Por correo), “Los últimos combates.-Saludos al Rey.-Una carta del Roghi.-Los moros confidentes.”, se daba a conocer el combate del 23 de julio de 1909, ocurrido en los alrededores de Sidi Musa y que costó la vida entre otros al capitán Fernández Cuevas, el cual alentaba ya herido, a sus soldados de palabra, revólver en la mano. Mientras, su hermano D. Teodoro Fernández de Cuevas y de Ramón, luchaba en los mismo combates en las filas del regimiento de Infantería de Melilla. Dicho relato, narrado por el periodista de “La Correspondencia de España”, Rodríguez de Celis, decía (textual):

“…Esta noche hemos tenido una sorpresa. A las doce ha caído la luna y el enemigo no la ha despedido, como de costumbre, disparando sus fusiles contra nuestras tropas.

Ibase haciendo ya un hábito entre los que nos hallamos en Melilla el oír descargas de fusilería durante toda la noche, hostilizando el enemigo a nuestros soldados con irritante tenacidad, sin que una sola vez se presente cara a cara y pecho a pecho. Con su cobarde e infame táctica, deslizándose como reptiles a favor de las sombras de la noche, arrastrando sus cuerpos por entre chumberas, matorrales y breñas, llegan hasta nuestras avanzadas y disparan aleves contra la confiada tropa española, que gusta luchar siempre cara a cara, sin calcular nunca ni el número ni el empuje de los adversarios.

Se pueden citar muchos episodios de esta índole en los pocos días que llevamos de campaña. El día 20 un solo rifeño hizo 14 bajas en una compañía del regimiento de África, que hacia la descubierta. Nuestros soldados avanzaban, y a cada diez metros un disparo tumbaba a un hombre, sin que durante media hora pudieran ver, ni menos acometer a quien los hacía. Una casualidad proporcionó ocasión a nuestros infantes de dar con el morito habilidoso y traidor, encontrándole materialmente envuelto entre piedras. Reconocido minuciosamente el terreno, pudo tenerse la certidumbre de que sólo era él quien de modo tan villano asesinaba a la fuerza que hacía el servicio de descubierta.
En las últimas jornadas, el ardimiento y el sacrificio de nuestras tropas ha sido extraordinario; sin dormir y sin comer apenas, los simpáticos combatientes han demostrado que no les arredran ni las privaciones ni el salvaje acometimiento del enemigo.

El Regimiento de África, con su valiente y caballeroso coronel D. Ignacio Axó, ha tomado brillante participación en las operaciones, demostrando que la selecta oficialidad y los animosos soldados que la constituyen son dignos subordinados de su bizarro jefe, que no descansa un momento desde que comenzaron los combates.

Las compañías de los capitanes Ariza, de Celis, Otegui y la del heroico Fernando Cuevas han realizado actos de imponderables valor y sacrificio.

El ayudante García Cantorne escoltando convoyes, al mando de sus soldados, ha demostrado igualmente su valor y serenidad.
Del regimiento de Melilla sólo puede hablarse con alabanza. En las jornadas del 18, 20 y 23, sus oficiales realizaron con verdadero heroísmo hechos que serán páginas gloriosas en la historia del brillante conjunto. Los capitanes López Ochoa, Marina, que ha demostrado ser hijo de su bizarro padre en valor y serenidad; Miaja, Infante, Teodoro Fernández Cuevas, en el que la claridad de entendimiento se hermana con el indomable arrojo del soldado, han enaltecido una vez más el nombre de la Infantería española.

El bravo capitán Gil, herido gravemente tres veces durante el combate del día 23, sin que se preocupase para nada de su estado ante el peligro que corrían sus soldados, es un ejemplo más de heroísmo. Fernando Fernández de Cuevas pertenecía también a este bizarro regimiento.

El valiente coronel Álvarez Cabrera había dado una alta prueba de desprecio a las balas enemigas, y Cuevas le seguía hasta donde su bizarro jefe hubiera llegado. Una bala dejó sin caudillo a aquel puñado de valientes y el capitán Cuevas, como poseído del vértigo del avance, gritaba a sus soldados: -¡Adelante muchachos!-.

El enemigo diez veces superior en número a aquella fuerza, hacía fuego por descargas. Un cabo se acerca al capitán Cuevas y le dice: -¡Han matado al coronel!-. El héroe contesta: -Nos han mandado avanzar y debemos obedecerle ahora como le obedecíamos antes. ¡Adelante muchachos!-.

Del barranco salía una oleada de fuego, envolviendo una lluvia de balas, que parecían dibujar el contorno del heroico capitán. De improviso se siente herido, un soldado se le acerca para auxiliarle; pero Cuevas con el revólver en la mano derecha, avanza haciendo fuego, mientras grita con entusiasmo: -¡Adelante, siempre adelante!-. Otro balazo, y no se detiene hasta que un tercero casi a quemarropa, le hace caer pesadamente en brazos de sus soldados.

Los tenientes Labrador, Alberto Molina, herido también en el combate del día 9, y otros muchos, han ofrecido y dado la vida por la patria sin vacilar un punto, siguiendo el lema de su regimiento: -¡Siempre Adelante!-

El Disciplinario. ¿Quién habrá de los valientes jefes y oficiales de la brigada disciplinaria sin entusiasmo, sin caluroso elogio?. El bizarro Aizpuru, todos sus capitanes y oficiales han guiado a los del disciplinario que en todo momento pelean con ardimiento y heroísmo incomparables.

El día 23, a las cinco de la mañana, las compañías mandadas por los capitanes Nieto y Serena, rompen el fuego contra numerosos y nutridos grupos de moros, que ocupan unas lomas que nuestros bravos deben tomar. El enemigo no cesa de hacer fuego. A las siete de la mañana a consecuencia del fuego constante que se viene haciendo, escasean las municiones.
Aizpuru manda al teniente Carranco que marche al Hipódromo, en donde se provee de ellas.

El enemigo se percata de la terrible situación de las compañías disciplinarias, abandona las trincheras y acomete con terrible coraje a los bravos soldados, que resisten con serenidad y heroísmo, sufriendo muchas bajas. Entonces es cuando el capitán Gil, de Melilla, acude en auxilio de sus compañeros, avanzando con denuedo. Al llegar el teniente Carranco, nuestras fuerzas se ven obligadas a replegarse, constantemente batidas por el nutrido fuego de los kabileños. Aizpuru con energía suprema, reorganiza a los disciplinarios y manda cargar a la bayoneta, coronando las alturas.

En esta acción recibieron heridas gravísimas el capitán Gil, el teniente Alberto Molina, y el médico Moreno, que se portó valerosamente. Igualmente el teniente Sánchez Prats, el sargento Blanquer y el cabo Martínez son bajas en las filas, víctimas de graves heridas de bala.

Del escuadrón de Caballería que manda el valiente teniente coronel D. Daniel Morcillo debo hablar con el elogio que merecen los hechos de armas en que ha tenido valiosa participación. Cien veces cruzaron las guerrillas bajo un fuego mortífero el comandante Fajardo, capitanes Cabanellas y Sánchez Lacorte y los tenientes Ibarreta, Tous, Morales, Angosto, Villarino y del Río. Las secciones no descansaron un momento, siempre dispuestas, a toda hora en disposición de contener a los rifeños, sin que el cansancio ni el fuego pusiera en los animosos jefes, oficiales y soldados el menor asomo de contrariedad, trabajando de día y de noche; este modelo de escuadrones es admirable por su resistencia y por su heroísmo. El capitán Lacorte, no obstante hallarse herido, continua en su puesto de honor.

La Artillería no ha cesado de prestar su eficacísima colaboración en las operaciones. Los tiros precisos y contínuos detuvieron en muchas ocasiones el avance del enemigo.

El Cuerpo de Administración Militar y el de Sanidad, sólo alabanzas justísimas merecen. Centuplicándose, siempre en los sitios de peligro, merecen que la Patria tenga en cuenta sus servicios valiosísimos…”
Hans Nicolás i Hungerbühler

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