ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

sábado, 16 de mayo de 2009

El capitán Fernando Fdez. de Cuevas 4/4









Una reliquia para el museo de Infantería de Toledo

El enviado de “La Correspondencia de España”, Sr. Rodríguez de Celis, explicaba en una de sus notas y mediante telegrama, a su redacción en Madrid, que con motivo del fallecimiento en acción de guerra y en homenaje al capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón, el Director del Museo de Infantería de Toledo, pidió por escrito, mediante una carta dirigida a D. Teodoro Fernández de Cuevas y de Ramón, hermano del fallecido capitán, que le enviase a título de “reliquia gloriosa” alguno de los objetos de uso militar que pertenecieron al malogrado Fernando. La reliquia que se mandó, fue el revólver de Fernández de Cuevas, el cual, se hallaba destrozado y estaba manchado por la sangre del capitán.

Capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón. El estudioso y escritor

D. Fernando Fernández de Cuevas, ya en la Academia Militar de Toledo, dada su afición al estudio, destacó en el escalafón, por encima de su hermano Teodoro. Tiempo más tarde aunque por los motivos ya indicados al principio, dejó la Escuela Superior de Guerra para partir hacia las Filipinas. Su propia madre, comentó al ingresar su hijo a dicho Centro de Estudios, la juventud de su hijo.
Sus escritos, iban orientados hacia la milicia, de hecho, era autor de himnos patrióticos destinados a ensalzar el ánimo de los soldados.
Era autor, entre otros, del Himno de su propio regimiento, el Regimiento de Infantería de África núm. 68. Dicho himno, llevaba por letra:

AFRICA 68
Himno del Regimiento.
Contraseña…,por mi Patria quiero morir.

A mi Patria, fiel, defenderla siempre juré;
a ella con placer, todo lo sacrificaré;
de su historia un hecho glorioso, deseo escribir:
que mi dicha es vivir,
para siempre pensar,
por la bandera luchar
hasta morir.

A mi Patria, fiel, defenderla siempre juré;
a ella con placer, todo lo sacrificaré;
la sagrada emblema, concentra todo mi amor;
ella me da valor
para siempre pensar
que por ella he de luchar
y por su honor.

De España a tanta gloria,
África quiere contribuir;
viviendo en la memoria
del que su historia
inmaculada, llegue a oir.

De nuestro Regimiento
es la consigna siempre avanzar;
y en la alta cima al viento
nuestra bandera contemplar.

A la cima correr
a la cima llegar,
Por la Patria luchar
Para vencer.


Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón.



“No olvidéis si al campo vais
do se disputa el honor
que es de la sangre el color
del banderín que llevais;
no olvidar que os obligais
a defenderlo con saña,
tiene el color de la entraña
que el valor da corazón,
y lo ostenta el pabellón
más noble, el de nuestra España”

Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón.
Fue autor también de una memoria, corregida por él mismo en la cual, en la tapa impreso se podía leer:

“…Regimiento de Infantería África Número 68. Memoria. Suscrita y leída por el Capitán D. Fernando F. de Cuevas, con motivo de la Revista de Inspección pasada a este Cuerpo según R.O. de 15 de marzo de 1907…” De su puño y letra, figuraba la anotación “Corregida”.

Dicha memoria, se describía al rifeño, señalando que las apariencias engañaban y que sus características, eran determinadas, citaba el tipo de armamento del que disponía el enemigo y que tipo de infantería y caballería usaba, la táctica rifeña y otras consideraciones. Aconsejaba como debía de ser el equipo del soldado en combate, haciendo especial hincapié en el vestido y la capacidad que este pudiera tener de confundirse con el tipo de terreno en la zona (la importancia del enmascaramiento), el rifeño al parecer lo tenía con sus vestiduras y se confundía más fácilmente con el terreno que el español, aconsejaba como tenía que ser el equipo del soldado,. En este punto, hablaba de un morral para llevar lo imprescindible y una dotación de 200 cartuchos, ¿sería este el antecedente de la mochila de combate actual (muda, agua, dotación de seguridad y ropa de repuesto entre otras cosas). Manifestaba que aprovechando la ventaja que en el ejército suponen la instrucción, la organización y la disciplina, se podía combatir como el moro pero teniendo en cuenta lo anterior y, sin olvidar la importancia del avituallamiento de la fuerza, el congraciar con la población de la zona es un factor importante de cara al mismo pero sin caer en la debilidad, la política en territorio ocupado, debía de servir el referente francés. Se cita también a la columna española como unidad volante y la composición de la misma, pertrechos y la exclusión de Administración Militar en estas columnas de combate, por no ser útiles en el combate. Cita como enfrentarse al enemigo, el uso de la ametralladora y que no se puede establecer en la forma de ataque al enemigo, regla fija por ser cada ataque de forma distinta, la importancia del despliegue y vuelve a hacer una vez más mención, al aprovechamiento del terreno, etc… Esta memoria.,decía lo siguiente (textual).

“…Especialidad de la guerra en Marruecos teniendo en cuenta las condiciones del ejército enemigo.
Nadie como el filósofo Tomás Hobbes, nos definió más clara y terminantemente lo que la raza berberisca es, y a nadie mejor que a nuestros más próximos vecinos, puede aplicárseles ésta definición sin temor a equivocarse. “El hombre vive en un estado semejante a las bestias; cada cual puede hacer lo que quiera, nada es bueno ni es malo, nada puede decirse que es justo ni injusto, porque nadie tiene derecho. Solo hay fuerza luchando unos contra otros”. Claro está que el resultado es la plena anarquía. Esto realmente nos pinta el rifeño de cuerpo entero, pero no era necesaria esta opinión para formarnos idea de su modo de ser, basta con que no hubiéramos fijado en los que a diario se presentan a nuestra vista, los vemos corpulentos, de un aspec o de robustez que asombra, musculatura desarrollada y sus ojos llenos de vida denotan un estado de fortaleza digna de mejor empleo; las apariencias engañan, el rifeño es inactivo, sus alardes de fuerza y gallardía sucumben a la primera intimación formal, son fanfarrones y su hipócrita manera de ser los caracteriza de tal modo que no es difícil conocerles desde los primeros instantes. Son audaces, pero su audacia la emplean cuando el peligro no se presenta claro ante sus ojos, en este caso, procuran aprovechar las ocasiones de huir de él. Un fanatismo especial les hace desconocer la realidad de los hechos y entonces solamente ponen a consumo su audacia o aracterística (estas dos últimas palabras, parecen tachadas y se ha añadido a mano encima reconocida audacia) reconocida audacia. Están dotados de un espíritu avariento; el dinero es su ídolo, por él sacrifican hasta la familia; la sagacidad, la avaricia y la hipocresía son sus características.

Escasos y muy deficientes son os medios de guerra que pudieran utilizarse si a ella llegásemos, su instrucción es nula; carecen de dirección y en cuanto a armas combatientes solo en realidad disponen de Infantería y Caballería; o por mejor decir, de Infantería y de Infantería montada. El armamento en su mayor parte no es moderno, es casi todo de antiguo sistema, si bien es en verdad que en la actualidad y aumentando de día en día, lo poseen de los sistemas Mauser, Winchester, Lebel y Krotpascheck; abunda el Remington.

Su táctica aunque algo, ha adelantado poco desde los tiempos antiguos. Suelen presentarse en extensa línea, desbordando los flancos para arrollar los del contrario, son codiciosos en la persecución, fieros y sanguinarios, pero si son rechazados, debido a su carencia de solidez y cohesión abandonan el campo precipitadamente, reuniéndose de nuevo, bien para emboscarse, bien para aprovechar el desorden del enemigo en su avance y cargarles con ímpetu sobre sus flancos o retaguardia; pero mal aprovechado este sistema de guerra, debido a su defecto de constitución, resulta esta una táctica desordenada de guerrilla y no solo por lo expuesto dejan de dar el valor que debieran a sus posiciones adquiridas, si que también por su desconocimiento del arte de la guerra. Para sus defensas han adelantado algo, aún que poco también, en la cuestión de atrincheramiento, pero no prácticos en el modo de aprovechar el terreno, no es fácil que eliigeran posiciones tales que nos fuera excesivamente difícil el ataque y ocupación; de aquí que adolezcan de gravísimos defectos y que el valor de ellos sea solo relativo; bien es verdad que hemos dicho que no suelen demostrar gran interés en su conservación.

Terminadas las consideraciones sobre el Ejército enemigo y antes de entrar de lleno en la esencia de este tema, algo hemos de decir con relación al equipo y vestuario de nuestros soldados. Dado que el clima de este país es a veces excesivamente caluroso y enervante, y teniendo en cuenta las condiciones de visualidad, debe procurarse que el soldado lleve dentro de lo necesario, la menor cantidad posible de peso pues además hay que tener en cuenta la fatiga que produce operar en terrenos tan accidentados. El traje debe procurarse sea gris oscuro o parecido al kaki llevando cubre-cabeza y polainas el mismo color, aprovechando de este modo el ejemplo que por intuición ellos nos dán con el color de sus vestidos y chilabas, que se asemejan y confunden con los terrenos calizos y arcillosos, prototipos de los de esta tierra.
Las prendas del equipo que debieran llevarse son: el correage cubano que aún existe en nuestro Regimiento y que por su gran capacidades muy conveniente, pero conservando su color avellana; un morral pequeño en el que se colocara lo extrictamente necesario de ropay de este modo se conseguiría llevar entre ambas prendas un total de dotación de doscientos cartuchos; podría llevarse un par de alpargatas de repuesto y es muy de tener en cuenta que el máximun de peso que debiera de soportar cada individuo seria de quince a veinte kilos.

Por las condiciones y modo de guerrear de nuestro enemigo, por la dificultad de luchar en terreno extraño que tenemos que conquistar palmo a palmo y dado que nuestro supuesto, constituiría una guerra útil-comercial, sacamos en consecuencia, que el sistema que debemos empelar es el suyo perfeccionado, aprovechando las ventajas que nos da la organización, la superioridad física y moral, el armamento y la disciplina del Ejército, así como los medios de aprovisionamiento que si seria dificultoso para nosotros no había de serlo menos para ellos, dado lo expuesto anteriormente; y buen ejemplo de ello tenemos a la vista con lucha que en la actualidad sostienen; pasando dos ejércitos días y días sin avanzar uno ni otro, debido a la escasez de vituallas, que casi exclusivamente adquieren por vía marítima; no debe sin embargo dejar de tenerse en cuenta por esto, lo que puede aprovecharse del terreno que se conquiste, así como tampoco, que es de grandísima importancia en este caso atraer al enemigo, que residente en el país adquirido es más tenaz y más fuerte que el que con la armas lucha; la atracción por medio del buen trato, y el buen sentido del Jefe director, harán mucho más en pro de nuestros propósitos que nuestras armas pudieran hacer, así que si no conseguíamos el completo abastecimiento de nuestro ejército, al menos lo lograríamos en parte, y muy particularmente en lo que a la adquisición de reses se refiere; asunto de verdadera importancia en todo caso, pero de mucha más en la que tratamos.

Aprovechando en lo que a organización de nuestro ejército se refiere, lo que del suyo nos puede ser útil, entendemos que aquel debe operar en columnas compuestas en general de una batallón de cuatro o seis compañías como máximo, una sección de caballería compuesta por treinta o treinta y cinco caballos, dos piezas de artillería (para cuyos transportes seria como dijimos muy útil emplear el camello) ocho o diez individuos del cuerpo de sanidad militar y cuatro hombres del cuerpo de ingenieros con el material necesario de telégrafos. Aparte el servicio de las acémilas necesarias para estas unidades yendo con dos o tres cargas de municiones, una por compañía, y una con útiles de campaña. La administración militar, juzgamos que no debe acompañar, por innecesaria, a estas clases de columnas; el soldado, ya incluído en el total de peso que ha de resistir, llevará raciones para dos días, y medios de condimentación.

En los ataques de su caballería, la serenidad nos hará destrozársela, utilizando para conseguirlo el fuego a discreción primero y más tarde contra las grandes masas el fuego por descargas; de este modo haremos poco fructífero el empelo de este arma, por su parte, en el combate. Es de notar que en este caso pudieran utilizarse con gran ventaja las ametralladoras, acompañando para ello una a cada columna volante. En nuestro ataque el objetivo será siempre el centro como punto más débil, sin que nos obstinemos rutinariamente en este sistema, dando lugar con ello a que pudieran envolvernos; esto es solo una advertencia de carácter general, pues como en todo caso no puede darse regla fija y constante; para cada uno, el problema a resolver será distinto , el terreno, el número y cuantos factores entran en el combate determinaran el medio más adecuado en cada caso.

La tropa debe estar perfectamente instruída especialmente en los despliegues que en muchas ocasiones serán momentáneos que no dará lugar a utilizar la desfilada; irán a la guerrilla desde todas las formaciones y deben estar acostumbradas a desplegar directamente sobre su frente, utilizando un medio parecido al que nos enseñaba la anterior táctica, sirviendo como ejes los hombres centrales o los colcados al costado opuesto a áquel en que deba efectuarse el despliegue. Los intervalos han de ser grandes y aunque parezca un absurdo que estando amenazados constantemente con la presencia de la caballería enemiga, pueda existir tan poca cohesión en la primera línea, hay que tener en cuenta la estructura general del terreno, además de que las reservas han de estar prontas a acudir al centro y a las alas en cualquier instante y para ello próximas, cubiertas y a retaguardia de dichos centro y extremos. Para las marchas la guerrilla las efectuará, bien individualmente a lo que deben acostumbrarse los soldados, cubriéndose con todos los accidentes del terreno, bien en desfilada por ser más descubierto convenga así efectuarlo, pero procurando siempre utilizar el primer sistema. Las reservas irán por secciones; y por el flanco, prefiriendo la formación de a dos a la de a cuatro, que nos ofrece la ventaja, de que además de presentar menos blanco al enemigo y ser más rápido el despliegue se adapta más al sistema de marcha en terrenos muy quebrados sin dejar de ser una formación de orden cerrado.

La Artillería obrará con relativa independencia , y para ello exceptuando el caso de un paso obligado en que las circunstancias harán que la mayor parte de las veces tenga que descubrirse; deberán colocarse en baterías a cubierto, haciendo fuego solamente sobre las grandes masas y en los casos que estas se presenten, hasta que una vez conocida su posición por ele enemigo se retirará eligiendo otras desde donde pueda batirlos; para ello el jefe le dará una autonomía especial, marcándole solo en los casos que juzgue procedentes, la fuerza que deba sufrir su fuego, y tan solo instrucciones generales.

Respecto a la Caballería, dado su escaso número, su servicio será exclusivamente el de exploración y enlace, en el que tendrá especial cuidado por ser de grandísima importancia en ésta clase de guerra; harto conocidas son las reglas para esta clase de servicio. No he de dejar de expresar después de anotados los anteriores conceptos y a fin de que no se confundan las especies, que si bien la política de atracción es importantísima, no debe llevarse al punto que rayemos en una demostración de debilidad que nos sería perniciosa, dando lugar a nuestro desprestigio, por lo que estamos muy lejos de recomendarlo. La justicia debe imperar en nuestros espíritus uniendo los alardes de cariño y afección a los de severidad en caso necesario, y castigando con mano dura todo aquello que pudiese menoscabar nuestro prestigio o reducir en lo más mínimo nuestra relativa seguridad; repito que nuestra política debe aproximarse en lo que sea posible a la de Francia.

Fernando Fernández de Cuevas y de Ramón…”

Epílogo
El 4 de diciembre de 1979 se procedió en el Cementerio Municipal de Melilla a la exhumación y traslado a la Península de los restos mortales del capitán Fernando Fernández de Cuevas.


Fuentes:
“La Correspondencia de España”, Diario político, independiente y de noticias, edición de la mañana, Madrid núm. 16.387, pág. 4, de fecha viernes 19 de diciembre de 1909.
“España en sus héroes”, núm. 2, “Las hogueras del Gurugú”, págs. 44,45, 46, 47, 48, 51, 52 y 64, Madrid 1969.
“El Imparcial”, Madrid, núm. 15.215, pág.2, de fecha martes 20 de julio de 1909.
“La Correspondencia de España” Madrid núm.18.791, pág. 2 de fecha martes 24 de julio de 1909.
“La Correspondencia de España”, Edición de la mañana, Madrid núm.18.792, pág. 1, de fecha domingo 25 de julio de 1909.
“La Correspondencia de España”, Edición de la mañana. Madrid núm. 18.797, pág. 1 de fecha viernes 30 de julio de 1909.
“El Imparcial”, Madrid núm. 15.236, pág. 2, de fecha martes 10 de agosto de 1909.
“La Correspondencia de España”, Edición de la mañana, Madrid núm. 18.811, pág.2 de fecha viernes 13 de agosto de 1909.
Fotografía capitán Fernando Fernández de Cuevas con su hija, “España en sus héroes” núm. 2, “Las hogueras del Gurugú.”
“La Correspondencia de España”, Edición de la mañana, Madrid núm 18.835, pág. 2, de fecha lunes 6 de septiembre de 1909.
“El Imparcial”, Madrid, núm.15.295, pág.2, de fecha 8 de octubre de 1909.
“El Imparcial”, Madrid, núm. 15.301, pág. 1, de fecha 17 de octubre de 1909.
“La Época”, Últimos telegramas y noticias de la tarde, Madrid núm.21.237, pág. 3, de fecha martes 7 de diciembre de 1909.
Fotografía soldado del Regimiento de Infantería África núm. 68, buscador de imágenes de “Google” en Internet.
“La Época”, Últimos telegramas y noticias de la tarde, Madrid, núm.21.395, pág.1 de fecha lunes 16 de mayo de 1910.
“Siglo Futuro”, Diario católico, Madrid núm. 857, pág 4, de fecha lunes 16 de mayo de 1910.
“La Correspondencia de España”, Edición de la mañana, Madrid nú. 19.088, pág. 5, de fecha martes 17 de mayo de 1910.
“Melilla recuerdos de mi estancia 1902 -1906”, de Teodoro Fernández de Cuevas. “impresiones africanas de un capitán de Infantería”,Introducción y Notas de Francisco Saro .Edición de Vicente Moga. 1992, La biblioteca de Melilla.
Fotografía capitán D. Fernando Fernández de Cuevas y demás familia, “España en sus héroes” núm. “Las Hogueras del Gurugú”, Madrid 1969.

Hans Nicolás i Hungerbühler

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