ÉRASE UNA VEZ MELILLA

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GRUPO DE ESCUELAS MIXTAS

EN EL BARRANCO DEL LOBO

domingo, 5 de abril de 2009

PINTOS-5 DESPUES DEL COMBATE








Después del combate del día 27 de julio: Los paisanos

Para hacernos una idea de lo que fue el combate del día 27, citaré otro
artículo aparecido en el mismo periódico citado anteriormente, en el que
Rodríguez de Celis, narra el después del combate.

“…He apartado muchas veces los ojos espantados en presencia de la
tragedia…Otras, no he necesitado que mis párpados me ocultasen el tristísimo
cuadro: una nube de lágrimas ha servido de tupido velo que me impedía ver tantos
horrores. ¿Por qué los periodistas no hemos de narrar siempre fiestas y alegrías?
¿Por qué la pluma ha de correr sobre el papel algunas veces para describir
escenas de desolación, momentos de angustia, horas terribles, de inolvidable,
intenso dolor?.

¡La verdad!. La verdad es que la jornada ha sido dura, tremenda, y que en ella
nuestro ejército , este valiente ejército español, todo heroísmo, lealtad y valor,
ha probado una vez más su temple y su bravura.

En el Hipódromo, el Teatro, la Alcazaba, allí donde pueden ser asistidos los
que han recibido heridas, se instala un hospital…

En el Hipódromo, el cuadro es imponente, tristísimo. Casi hacinados, revueltos
jefes, oficiales y soldados de todos los batallones, por cientos son curados por
los médicos de Sanidad, que no descansan un momento en su triste labor.

¡Los paisanos!. Este admirable vecindario de Melilla, realiza hechos de
humanidad y heroísmo que merecen ser consignados. En la misma línea de fuego
recoge a los heridos trasladándolos al Hipódromo o a los hospitales. Uno de estos
generosos vecinos cae herido de un balazo en la cintura; pero esta desgracia no
produce en sus compañeros otro sentimiento que es el de indignación contra el
enemigo, y la piadosa tarea continua sin interrupción.

Camillas, bancos, sillas, coches, carros, de todo se echa mano para la
conducción de heridos. La jornada ha sido horrorosamente trágica y nuestros
heroicos soldados caen por parejas, por docenas…

Del batallón de Las Navas puede decirse sin hipérbole que ha quedado en cuadro.
Sus dos jefes han muerto; de los cinco capitanes, sólo quedó ileso D. Manuel
Godé; de los trece subalternos, los Sres. Galiana, Pumarola, Ramírez y González…
Soldados han muerto muchos y muchos más han resultado heridos.

¿Para qué citar nombres de jefes y oficiales?, ¿Para que hacer una relación de
los soldados de todos los Cuerpos que han caído bajo el fuego enemigo?. Sería
interminable.
Ni en la guerra carlista, ni en la de Cuba y Filipinas hubo un día de tanto
heroísmo para nuestra Patria, como lo fue el 27 del actual.
De las pruebas de sacrificio y heroísmo dadas por nuestras tropas es ocioso
hablar.

El general Marina, imperturbable, en las guerrillas, dirigía el combate,
rodeado de su Estado Mayor. En un momento, todos los que le acompañaban se
vieron desmontados…El enemigo dirigía sus disparos contra el bravo general, y las
balas herían o mataban los caballos de sus ayudantes. El propio general en jefe
había recibido un balazo que le había traspasado la guerrera de rayadillo.

El escuadrón de Cazadores de Melilla hizo un servicio excelente, siempre bajo
una verdadera lluvia de balas. Su teniente coronel Sr. Morcillo, adjunto al
Cuartel General, lo mismo que sus subalternos, demostraron su valor y sus
cualidades excepcionales para el cumplimiento de la difícil misión que
desempeñaban.

A las ocho y media de la noche cesó el fuego. En los hospitales se vela, en los
hogares se reza y se llora. La ciudad parece tranquila. Cada dos horas, un coche
de la ambulancia de Sanidad Militar va camino del cementerio…
A cada momento se oyen sollozos, que parten de una ventana o de un balcón. Un
transeúnte me detiene y me pregunta: -¿Sabe usted si mi hijo está muerto?-¿Cómo
se llama?- Pero el desgraciado no puede esperar, necesita saber en seguida la
triste noticia, y se dirige a otro para hacerle la misma pregunta.
Las calles están solitarias y tristes a las dos de la madrugada; pero en los
balcones de las casas se ven rostros inquietos, llenos de ansiedad, temiendo
interrogar a los que pasan.


Hoy Melilla ha recibido por centenares españoles que han caído muertos y
heridos por las balas enemigas.
En los momentos de lucha, el vecindario melillense ha acudido con heroísmo a
socorrer a sus hermanos; por la noche, se ha encerrado en sus hogares a dedicar a
sus compatriotas unas lágrimas y una oración…”Rodríguez de Celis.

Hans Nicolás i Hungerbühler.


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